Cuesta trabajo imaginarlos, pero ahí están. Son diez arcos centenarios distribuidos en dos niveles, que atraviesan el patio de la unidad habitacional.
Por falta de mantenimiento, la arcada y otros muros de más de 300 años de antigüedad, estaban hasta hace muy poco tiempo en riesgo de derrumbarse. Las áreas comunes de la unidad, que cuenta con 87 viviendas construidas después de los sismos de 1985, habían sufrido también un notable deterioro.
A finales de 2008, el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México (FCH), con apoyo financiero federal, llevó a cabo la restauración de los elementos antiguos, así como el mejoramiento parcial de la unidad habitacional; también busca, junto con los vecinos, alternativas para recuperar los vínculos comunitarios.
Ubicado en el número 47 de República de Chile, el predio perteneció al claustro menor del convento de Santo Domingo. Por efecto de las leyes de Reforma, los religiosos fueron exclaustrados en 1867, año en que se inició parte de la demolición del convento y se abrió la calle de Leandro Valle. Entonces, como muchos otros inmuebles que fueron propiedad de la iglesia, pasó a manos de particulares y se convirtió en vecindad.
“Aquí nací, y por lo que me contaban en la familia, éste era el huerto del convento y había una fuente, pero nadie sabe dónde quedó”, dijo Frida Millén, de 60 años. Con la restauración de la arcada, agregó, “tuve la oportunidad de conocer una historia que siempre me llamó la atención”.
Con tezontle, madera, cemento y cantera, se restauraron los arcos; también se consolidaron muros, se colocó piso hidráulico, se limpiaron áreas comunes y se plantaron allí pasto y arrayanes, explicó el arquitecto Luis Antonio Cruz, jefe de obras del fch.
De acuerdo con Cruz, la inversión fue de poco más de tres millones y medio de pesos, de los cuales el gobierno federal, a través del programa Hábitat, aportó 70% (dos millones 651 mil pesos), y el Fideicomiso, el 30% restante (un millón 136 mil pesos).
Para iniciar los trabajos de restauración se llevó a cabo una consulta entre los vecinos, mediante urnas y previa identificación con credencial de elector. De las 60 familias que participaron, 98% aceptó que se realizara la intervención.
Primeros acuerdos: un nicho para San Judas
“Está muy bien todo lo que se hizo”, dijo Elvira Saldívar, de 87 años. “Yo llegué a vivir a este predio con mis hijas, después del terremoto. Por lo peligroso, ellas no se hallaron y se fueron; ahora sólo vivo con mi nieta de 13 años”.
Los peligros a que se refiere Saldívar derivan de la delincuencia, la desintegración familiar y la invasión de áreas comunes que habían echado raíces en esta comunidad.
“Son problemas sociales que estamos atendiendo de forma paralela a la rehabilitación física”, explicó Ernesto Alvarado, del FHC. “En colaboración con otras áreas del gobierno del Distrito Federal en el proceso, para poder ofrecer información y oportunidades de educación, trabajo y recreación, sobre todo a los niños y jóvenes”. Agregó que actualmente se efectúan reuniones para conocer a profundidad las necesidades de los vecinos y poder proponer los programas más adecuados.
Cuando concluya la segunda y última etapa de la intervención constructiva y arquitectónica del proyecto, el interior de la arcada será un espacio para la vida comunitaria, “para realizar actividades sociales que se determinen junto con los vecinos”, mencionó Alvarado.
“Ha sido muy difícil el trabajo para ponernos de acuerdo, pero sabemos que es muy importante la colaboración entre el gobierno y los vecinos para tener un mejor lugar donde vivir y aprovechar nuestros espacios”, reconoció Ana Lilia Hernández, enfermera de 35 años, quien ha vivido siempre en este lugar.
Hernández mostró, orgullosa, uno de los primeros resultados de la intervención: un nicho que se construyó durante la restauración. Por acuerdo de los vecinos, en este lugar privilegiado se reubicará la imagen de San Judas Tadeo, que hoy está en el centro de uno de los patios de la unidad.
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