Desde que murió Gabriel Vargas, el pasado mes de mayo, no sólo se quedó huérfana la familia Burrón, sino la mayoría de los chilangos. Y es que a todos nos inventó un poquito. ¿Quién no ha dicho "de volada", "chipocludo" u "oclayos"? ¿Quién no tiene una tía que cree que las puede todas, como Borola? ¿Y quién no se ha topado con un Regino, que desespera a la vez que enternece?
    La vida en las vecindades, la picardía y las costumbres del mexicano fueron los temas centrales de la historieta que Vargas publicó semanalmente por más de 60 años.
Para rendirle homenaje a su creador, los estudiantes de aerografía de La Casa de Oficios Vizcaínas, coordinados por el artista Guillermo Heredia, plasmaron un mural titulado Sueño de una tarde de domingo en el Callejón del Cuajo, una jocosa variante del Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera.
    En el fresco, ubicado en la calle de Regina, entre Isabel La Católica y 5 de Febrero, se congregan todos los personajes del cómic, acompañados por su fiel admirador, Carlos Monsiváis, y el escritor Carlos Montemayor.
    La obra ha causado revuelo entre los paseantes, quienes sin falta se detienen a comentarla y a tomarse la foto junto a sus personajes favoritos: los músicos, junto al ensamble; los señores, al lado de Regino, y las coquetas, frente a Borola. Todos posan como queriendo ser parte del mural. No cabe duda de que la realidad es más "chipocluda" que la ficción. (R. Z.)


                

Desde principios de agosto pasado, la Comisión Federal de Electricidad (cfe) inició un programa de renovación de cableado y transformadores en el Centro Histórico. La inversión es de mil 100 millones de pesos, de acuerdo con la Secretaría de Protección Civil del Gobierno del Distrito Federal.
     El programa incluye el cambio de instalaciones de baja a mediana tensión para los grandes consumidores de energía, como Palacio Nacional, las oficinas del gdf, Liverpool o Plaza Meave. Se han identificado 100 consumidores de ese tipo; 37 ya están en proceso de cambio.
     Las medidas se tomaron debido al aumento de los cortos circuitos, que pasaron de 66 en 2009 a 104 en lo que va de 2010. Los trabajos durarán aproximadamente un año.
     Además de que las instalaciones de energía eléctrica son obsoletas, su funcionamiento se ve afectado por la grasa que algunos establecimientos de comida vierten en las coladeras y en los registros de luz. A finales de julio, 14 de ellos fueron sancionados con la suspensión temporal de actividades, por no contar con las trampas de grasa que establece la Ley de Protección Civil del Distrito Federal.

 

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