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Desde que murió Gabriel Vargas, el pasado mes de mayo, no sólo se quedó huérfana la familia Burrón, sino la mayoría de los chilangos. Y es que a todos nos inventó un poquito. ¿Quién no ha dicho "de volada", "chipocludo" u "oclayos"? ¿Quién no tiene una tía que cree que las puede todas, como Borola? ¿Y quién no se ha topado con un Regino, que desespera a la vez que enternece?
La vida en las vecindades, la picardía y las costumbres del mexicano fueron los temas centrales de la historieta que Vargas publicó semanalmente por más de 60 años.
Para rendirle homenaje a su creador, los estudiantes de aerografía de La Casa de Oficios Vizcaínas, coordinados por el artista Guillermo Heredia, plasmaron un mural titulado Sueño de una tarde de domingo en el Callejón del Cuajo, una jocosa variante del Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera.
En el fresco, ubicado en la calle de Regina, entre Isabel La Católica y 5 de Febrero, se congregan todos los personajes del cómic, acompañados por su fiel admirador, Carlos Monsiváis, y el escritor Carlos Montemayor.
La obra ha causado revuelo entre los paseantes, quienes sin falta se detienen a comentarla y a tomarse la foto junto a sus personajes favoritos: los músicos, junto al ensamble; los señores, al lado de Regino, y las coquetas, frente a Borola. Todos posan como queriendo ser parte del mural. No cabe duda de que la realidad es más "chipocluda" que la ficción. (R. Z.)
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