Por ALONSO FLORES


este aÑo la novedad es el traje para
“el niÑo de la selecciÓn”
De plaza a plaza va la calle de Talavera. De la Alonso García Bravo, en honor al responsable de la primera traza española de la Ciudad de México, a La Aguilita, llamada así porque los lugareños del barrio de La Merced aseguran que fue ahí donde los aztecas encontraron el ahora símbolo patrio.
    El nombre de la calle proviene de una casa construida en el siglo xvii, que perteneció al marqués de Aguayo, en la que se estableció en México la primera fábrica de cerámica mayólica, conocida como talavera. Actualmente, este edificio ubicado en el número 20, es un museo de sitio y centro cultural de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
    El segundo tramo de la calle llevó por nombre Callejón del Consuelo y el tercero, Callejón de la Danza. Cuenta la leyenda que ahí se reunían maleantes que se hacían pasar por brujas y nahuales con el fin de alejar de su guarida no sólo a los curiosos, sino a las fuerzas del orden.
    En Talavera tuvo su casa Melchor de Talamantes, fraile mercedario precursor de la Independencia. De acuerdo con el cronista Artemio del Valle Arizpe, en una de las casas de esta calle, la que estaba en la esquina con Puente Colorado, ahora República de El Salvador, se alojó al primer elefante que arribó a la Nueva España, una hembra de diez años de edad que causó tremendo revuelo.
    Hoy en día, durante el mes de enero, esta calle es el escenario de una verbena popular dedicada a la tradición de vestir a los niños Dios. Desde 1945, los devotos llegan allí en busca de la ropa nueva con que presentarán a su niño Dios el 2 de febrero, día de La Candelaria, ceremonia que cierra el ciclo de las festividades navideñas. Lo que empezó en el mercado de La Merced, continuó en la plaza Alonso García Bravo con cuatro familias de comerciantes dedicadas a esta vestimenta en miniatura, se convirtió luego en un corredor especializado.
    Familias enteras de todo el país caminan por esta calle, transformada en noviembre de 2009 en corredor peatonal. Mujeres y hombres cargan niños Dios de cerámica, resina, cera, madera o pasta, con el mismo cariño y cuidado que lo hacen con los de carne y hueso. Son nuevos o ya viejitos, herencia familiar; casi todos en busca de un vestido para estrenar.
    Entre la romería, cada año aparecen los mismos vendedores de pizza, el árabe que vende telas, los taxistas que piden cooperación para enterrar al compañero “recién” muerto.
    Se venden niños Dios desde 50 a 300 pesos, accesorios —huaraches, calcetines, coronas, sombreros, mamilas y cetros—, canastas y velas; tambien hay servicios de restauración para los niños accidentados.
    La mayor variedad está en los modelos de los vestidos, que representan al Señor de las Uvas, en tonos vino; el del trabajo, en azul, o el de La Soledad, en color blanco con capa roja, de manera que cada advocación se hace presente. Y al ser éste un año de campeonato mundial de futbol, no podía faltar el llamado “niño de la selección”, con su playera verde, el cual es adorado en la parroquia de San Miguel Arcángel, en Tacuba.


Fuentes: Enciclopedia temática de la delegación Cuauhtémoc, ddf, México, 1994; Artemio del Valle Arizpe, Historia, tradiciones y leyendas de las calles de México, Diana, México, 1985; Historia y leyendas de las calles de México, El Libro Español, México, 1951; Dossier la “Águilita”, en Mambo la Merced, Casa Talavera, septiembre/octubre 2005.

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