Por patricia ruvalcaba

Al resguardo del sol
Intensa y bulliciosa de día, silenciosa
y majestuosa de noche, la calle de
Correo Mayor cumple a diario el ciclo que la caracteriza desde hace décadas como “el lugar” para el comercio de corsetería y bonetería, en tanto que sus imponentes edificios coloniales siguen contemplando cómo la gente hace su historia.
Apenas termina sus bostezos matutinos y suben a coro las cortinas metálicas, Correo Mayor se llena de colores, ruido y marchantes. Brotan como hongos las copas de brasieres de todas las medidas y estilos, desde arrebatos franceses hasta recatadas piezas de algodón estilo abuelita. Medias, pantimedias y prendas más íntimas —de la pantaleta a la tanga, y en algunos locales sugestiva lencería— completan el decorado.
Mamelucos colgados en posición coreográfica de película musical suelen adornar las boneterías, que antes vendían ropa de punto y ahora ofrecen ajuares infantiles completos. Junto con los ramos de “novedades y fantasías” (accesorios, regalos, maquillaje) y mercería, ésas fueron las especialidades de la calle desde hace por lo menos 50 años, según varios entrevistados. Luego, cuando el comercio ambulante invadió la calle, la oferta se diversificó con productos como bisutería, sombrillas o aditamentos para
piercing.
La actividad es frenética en esta calle que tomó su nombre de la Oficina Central de Correos, ubicada allí en la etapa colonial temprana y luego nuevamente entre 1852 y 1907, ésta vez en un anexo de la antigua Casa de Moneda, en el costado nororiente del Palacio Nacional.
Correo Mayor es vibrante en todo su recorrido, desde Guatemala hasta San Pablo, pero el cruce con La Soledad concentra sabor popular y señorío colonial. Allí, entre floreros llenos de gladiolos, una representación de San Judas Tadeo, montada en un altar rodante, se protege del sol con una sombrilla. El santo es colocado allí a diario por los negocios circundantes. En medio del tráfago, transeúntes y bici taxistas hacen breves paradas para persignarse y dejar una limosna.
El punto está rodeado por monumentos. La esquina con Moneda, por ejemplo, está enmarcada por los torreones barrocos de las casas del Mayorazgo de Guerrero. De éstas, la emplazada al poniente, que posee una hornacina con la imagen de la Virgen de Guadalupe, albergó a la Escuela Nacional de Música y conserva en su interior murales de Rufino Tamayo. La del lado oriente, cuya hornacina está dedicada a la Virgen del Pilar, albergó en sus accesorias, orientadas hacia la iglesia de Santa Inés, los talleres gráficos del maestro grabador José Guadalupe Posada.
Ese tramo –antes 1ª y 2ª calles de Correo Mayor y 1ª de Del Carmen– se llamó en la Colonia calle del Indio Triste, en memoria de un indio de estirpe noble que, según la leyenda, traicionó a los suyos para granjearse a los conquistadores, sin conseguir tampoco la confianza de éstos. Rezaba al Dios nuevo y los antiguos, y terminó sus días sentado en la calle, melancólico y con la mirada perdida.
Allí mismo, en el número 11 de Correo Mayor, la Casa de la Horga (fines siglo
xvii-principios del
xviii), con su fachada neoclásica, alberga la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del
inah. Y entre Moneda y Corregidora se yergue la antigua Casa de Moneda (siglo
xviii), primer ejemplo del estilo neoclásico aplicado a un edificio civil.
Unas cuadras al sur, en el cruce con República de Uruguay, el antiguo convento de Balvanera muestra su hermosa portada doble con órdenes dóricos renacentistas y su torre, tratada con azulejos. Abierto al culto católico, el lugar es un remanso en medio de la intensa compra-venta de Correo Mayor… hasta las ocho de la noche, cuando la calle apaga sus motores y los edificios coloniales cobran una serena grandiosidad.
Fuentes: Bibliografía: Artemio de Valle Arizpe, Historia, tradiciones y leyendas de calles de México, Ed. Planeta, 1999; Guillermo Tovar y de Teresa, La Ciudad de los Palacios: crónica de un patrimonio Perdido, Fundación Cultural Televisa, 1992; Concepción Amerlink, en revista Boletín de Monumentos Históricos, Conaculta/INAH, No. 3 junio-julio 2004; Lauro Rosell, Iglesias y conventos coloniales de la Ciudad de México, Ed. Patria, 1946; Alfonso de Icaza, Así era aquello... Sesenta años de vida metropolitana, Ed. Botas, 1957.