
Por Alonso Flores
Ecos de juventud, reino de libros, fantasía y conocimiento, asiento de recintos con fuerte raigambre histórica y política, la calle de Donceles ofrece un viaje en el tiempo y en el espacio.
Extendida desde Eje Central hasta República de Argentina, Donceles es una de las vías más antiguas de la ciudad; adquirió su nombre en la Colonia, hacia 1524, cuando vivían en ella ocho jóvenes —de ahí la sonora palabra donceles— famosos por sus dotes de galanes. Tanto que, ante los reclamos de maridos y padres alarmados, tuvieron que regresar a España.
Pero ya desde la etapa prehispánica la juventud condimentaba esta avenida. En 2007, siete almenas con forma de caracol, de 2.40m cada una, entre otras piezas prehispánicas que datan de 1390, fueron halladas en el predio marcado con el número 97. Son vestigios del Calmecac, lugar donde los hijos de la nobleza azteca, destinados a gobernar, recibían su instrucción.
La aventura de recorrer Donceles continúa al reconocer los nombres que tuvieron ciertos tramos de la calle en otros tiempos, determinados por algunas construcciones o por los oficios que allí se desarrollaban: Chavarría, Montealegre, Canoa, Puerta Falsa de San Andrés o Cordobanes.
Este último, porque ahí se estableció el estanco (local donde se regían las ventas de mercancías controladas por el Estado y donde se establecían sus precios) de las pieles curtidas. Desde 1910, Donceles tiene su actual extensión y nomenclatura uniforme.
Algunos caminantes se extravían por horas al rebuscar entre los libros de segunda mano, que desbordan anaqueles y mesas o se apilan del piso al techo en las quince “librerías de viejo” que salpican de conocimiento, literatura y fantasía esta calle. Fundadas las primeras en los años treinta del siglo xx, sus nombres —El tomo suelto, Los hermanos de la hoja, El laberinto— sugieren cofradías que literalmente fascinan y engullen a quien entra en ellas.
El viaje prosigue por escenarios del poder político. En la esquina con Marconi, el llamado Palacio de Xicoténcatl o Cámara de Senadores; en Allende, la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, que antes fuera Cámara de Diputados.
En el número 36, la arquitectura neoclásica del Teatro de la Ciudad acoge al paseante con sus espectáculos culturales. Inaugurado en 1918 con el nombre de Esperanza Iris —así se llamó hasta 1976— fue destruido por un incendio en 1984 y restaurado en 2002.
Entre Brasil y Argentina, en cambio, luce su estilo barroco el Templo de la Enseñanza, conocido como Nuestra Señora del Pilar, donde en el siglo xviii las monjas escuchaban misa a través de las rejas que hay en el altar mayor. Casi enfrente, esta odisea cobra un matiz esquizofrénico: el humor y lo sacramental conviven en el Museo de la Caricatura, en el histórico inmueble del Real Colegio de Cristo, fundado en 1612 por el filántropo Cristóbal Vargas de Valdés. El edificio, reconstruido en el siglo xviii, resguarda mil 500 caricaturas originales, realizadas de 1826 a la fecha.
A estas alturas, no es extraño encontrar en el número 39, entre Allende y Chile, una espléndida fachada de tezontle y cantera con una hornacina, donde la imagen del Divino Salvador sostiene el globo terráqueo entre sus manos. Y una placa que reza: “Aquí se estableció en 1700 el Hospital del Divino Salvador para mujeres dementes. Fundado en el siglo xvii por el carpintero José Sáyago”.
Así, aunque transcurre en línea recta como una calle cualquiera, Donceles es en realidad un delicioso laberinto en el cual uno puede extraviarse sin timidez.
Fuentes: González Obregón, Luis, Las Calles de México, Porrúa, México, 1995. Enciclopedia temática de la delegación Cuauhtémoc, ddf, México, 1994. Henestrosa, Andrés, Cara y cruz de una ciudad, aldf, México, 2001. Rodríguez, Ana, “Vestigios del Calmecac mexica figuran en la magna exposición del Templo Mayor”, en La Jornada, México, 3 de mayo de 2008.