Si ser policía no es fácil, ser mujer policía mucho menos. Tráfico a tope, claxonazos, gritos y mentadas, tensión y violencia, jornadas laborales que impiden estar con los seres queridos. De eso da cuenta el libro Mujeres policías en el Centro Histórico, retratos, relatos
y más datos. Esta recopilación testimonial es un proyecto de la organización civil Territorios de Cultura para la Equidad.
Por Sandra Ortega

“Todo empezó un día del año en curso, cuando al parecer todo pintaba muy aburrido. De pronto, como si algo me dijera: ‘Voltea al siguiente crucero’, vi a lo lejos a mi compañera pitarme muy frenéticamente (pipo-pipo). Después me gritó: ‘¡Agárralo, es la rata!’. Yo reaccioné y emprendí la persecución del presunto, el cual corría como alma que lleva el diablo. Al entrar a un callejón de restaurantes lo alcancé, se cayó, se pegó en la cabeza, pero se levantó y siguió corriendo. Yo lo traté de alcanzar aunque iba uno o dos metros atrás. A dos cuadras la gente lo acorraló y lo detuvo; llegué, lo reconocí, lo levanté e inmediatamente pedí apoyo a mis comandantes para que me enviaran una patrulla para trasladar al presunto. (...) Me brindó el apoyo una unidad del perímetro vecino. En el curso del camino al Ministerio Público me puse a pensar si tenía sentido arriesgar mi vida y sin chaleco iniciar una persecución”.
En 2008, Territorios de Cultura para la Equidad, organización civil con larga experiencia en el trabajo con mujeres, desarrolló, con financiamiento del Gobierno del Distrito Federal, un proyecto que culminó con la edición del libro en noviembre de ese mismo año.
Cuarenta mujeres policías recorrieron y disfrutaron algunos recintos culturales del Centro Histórico, como el Templo Mayor o el Convento de San Jerónimo. Muchas de ellas nunca habían entrado allí, aun cuando trabajan en la zona.
Con base en esa experiencia se llevó a cabo un taller de reflexión y creación literaria, del que proceden la mayoría de los textos del libro. Se propuso a las mujeres que se describieran y relataran momentos de su vida y su trabajo. Algunas hicieron poemas a su uniforme, a su maquillaje o al tráfico.
Finalmente, se tomaron fotos: cada participante eligió el lugar, la situación y con quién quería mostrarse.
Colectivamente se decidió omitir la identidad de las autoras de los textos, o de quienes aparecen en las fotos; al final del libro, sus nombres se enlistan en órden alfabético.

Bajo la lluvia
Presentamos a continuación más fragmentos de estos retratos, relatos y más datos.
    “Me gustaría que le gente se dé una idea de cómo es la vida de una mujer policía. Hay que tratar no sólo con una persona, sino con millones, y ya saben que las relaciones humanas son las más difíciles, aunque también las más gratas”.
    “Quisiera que me vieran desempeñando mis labores sobre la zona de Reforma: dando vialidad, tratando de deshacer un nudo en pleno embotellamiento bajo la lluvia, o teniendo que cerrar cuando hay manifestaciones”.
    “(…) A veces me preocupa un poco el peligro que se corre en la calle, no tanto por mí sino por mi hija. No me gustaría regresar un día a mi casa y no volver a verla, ésa es mi mayor preocupación, pero tengo fe en que todo irá bien (…)”.
    “Abandoné mucho a mis hijos y crecieron solos (…). Pero sé que al menos lo indispensable lo tienen. También me decepcioné porque no es como te lo imaginas: hoy en día nadie te respeta ni te valora como policía. Pero aun así me sigue gustando y algún día quisiera llegar a ser comandante de sector”.
    “Cuando tenía tres o cuatro años mi hermana y yo jugábamos a los carritos. Hacíamos con un tabique rojo las carreteras, era nuestro juego favorito. En una ocasión mi mamá nos preguntó qué queríamos ser de grandes y yo le contesté que astronauta porque siempre me ha gustado observar el cielo, sobre todo de noche pues nuestra casa da hacia las montañas, y en una se observa una estrella que cambia de posición y se ve cuando caen las estrellas fugaces; no sé, tal vez cuando veo el cielo a veces siento que es la libertad. Me gusta sentirme libre, por eso de niña pensaba que si era astronauta siempre estaría volando como las aves, hacia la libertad absoluta”.

“Quería un policÍa”
“Cuando entré a la policía y me dijeron: ‘Te tienes que cortar el cabello’, sentí un hueco en el estómago, y pensé: ‘Bueno, hay que hacer un sacrificio’, y lo hice. Ahora, después de seis años que llevo aquí, me siento muy orgullosa del trabajo que realizo (...)”.
    “Soy policía por coraje, por valor y por la necesidad de formar parte de una sociedad que me respete, aunque esto me cueste trabajo”.
    “El pasado lunes que trabajé en la mañana salieron varios chavos de esa vecindad y me dio mucho miedo, ya que yo pensé que me iban a hacer algo, que me iban a asaltar o a pegar, pero sólo me persiguieron. (…) no me pasó nada, pero de verdad me dio mucho miedo. Me sentí como si fuera una persona normal, como un simple ciudadano, sentí lo que la ciudadanía siente con la delincuencia, que hay inseguridad, que cada vez va creciendo más. Tuve tanto miedo que tenía ganas de gritar que quería un policía”.


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