
Fundado en 1979, este recinto dedicado a las humanidades es un digno heredero de la llamada Décima Musa. Allí se imparten ocho licenciaturas, dos maestrías y más de 40 diplomados, talleres y cursos. También desarrolla una intensa actividad de promoción cultural y vinculación comunitaria.
En el trabajo académico, explica Carmen Beatriz López Portillo Romano, Rectora de la Universidad, se pone especial énfasis en que sus mil 500 alumnos puedan, dentro de la propia institución o a través de ella, poner en práctica los conocimientos que adquieren, como ocurre en el recién inaugurado restaurante Zéfiro.
Se trata de que tengan una buena formación profesional “y que sean críticos, que puedan asombrarse ante la belleza e indignarse ante los horrores que suceden. Que no sólo sean capaces de entender la realidad, sino de decidirse a incidir en ella para cambiarla”.
En materia de investigación, la Universidad cuenta con los programas de Estudios virreinales, Universidad y sociedad, uno que versa sobre Sor Juana, la cátedra Albert Camus, así como el Centro de Estudios sobre la Paz y la Memoria Pier Paolo Pasolini.
Apuesta por el Centro
“La apuesta por el Centro ha sido radical y es parte fundamental de la vocación” del Claustro, afirma la rectora. Ese compromiso aterriza fundamentalmente en dos líneas de trabajo. Por un lado, la gran cantidad de actividades culturales gratuitas (sólo el año pasado se llevaron a cabo 176, que beneficiaron a unas 34 mil personas) y, por otro, los programas comunitarios.
El Claustro, como se le conoce popularmente, abre sus puertas a niños de los barrios vecinos que acuden a tomar talleres como el de máscaras, teatro y video, impartidos por los alumnos de la institución, como parte de su servicio social, durante el ciclo escolar y sobre todo en el verano. Este proyecto atiende a alrededor de 100 niños durante el curso escolar y 50 en vacaciones.
También se ha desarrollado un programa de apoyo psicológico con el cual, “alrededor de 200 niños de primarias y secundarias de la zona, reciben apoyo”.
Maite Alducin, alumna de psicología en trámites de titulación, asegura: “Cuando hice mi servicio social, trabajé con niños en un proyecto en el que se promovió un modelo de prevención de riesgos psicosociales, como drogadicción, alcoholismo, violencia intrafamiliar y sexualidad. Aprendí mucho de ellos. Todo lo que no vi en mis clases, lo vi con ellos”.
“Trabajamos también —explicó la rectora— con cuatro instituciones (de asistencia social). La Casa de la sal, la Casa de los mil colores, la Casa de las mercedes, que atienden a niños y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad y donde los estudiantes contribuyen a aligerar el peso de las experiencias de los menores por medio de la creación literaria. Y con el asilo Concepción Béistegui, acompañando y apoyando a los ancianos”.
Mediante un convenio con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, la Universidad ofrece la oportunidad de realizar o concluir estudios de primaria y secundaria de manera gratuita, y brinda asesorías para cursar la preparatoria abierta.
EducaciÓn continua
El Claustro cuenta además con una amplia oferta de seminarios, cursos, talleres y diplomados, cuyos temas derivan de las licenciaturas. Por ejemplo, en este momento se imparten 16 talleres, 14 diplomados y 9 cursos del programa de gastronomía.
“Alrededor de tres mil 500 personas nos visitan al año para tomar alguno de estos cursos, 75 por ciento de ellos son externos a nuestra comunidad universitaria”, asegura Roberto Arriola Sariñana, vice rector de Educación continua.
Esta vice rectoría ha desarrollado la opción de capacitación extra muros, una especie de trajes a la medida, diseñados para ofrecer educación a empresas o instituciones públicas y privadas in situ. Y en un diálogo más amplio, el programa de educación a distancia utiliza las nuevas tecnologías e Internet.
Nuevas maneras
Otro de los “pilares” de la actividad de la institución es la difusión cultural y para desarrollarla se buscan nuevas maneras. “Entendemos la difusión cultural como un proceso creativo, no sólo de programación. Procuramos que los artistas que participan en exposiciones, conciertos o cualquier otra manifestación artística, puedan tener un intercambio directo con el público y compartan sus experiencias”, explica la directora de Difusión Cultural, Soledad Galdames Cassigoli.
La Universidad ha adecuado espacios para que tanto alumnos como artistas externos tengan la oportunidad de presentar sus propuestas. La galería R38 expone arte emergente o proyectos estudiantiles. La celda contemporánea es un espacio de exposición y reflexión en torno al arte contemporáneo; y en el auditorio Divino Narciso, conocido también como el coro bajo, se llevan a cabo los sábados corales y otros conciertos de música clásica, al igual que conferencias.
Mientras tanto, el Museo de la Indumentaria Mexicana muestra la diversidad de la sociedad mexicana a través de las 600 piezas de su acervo, entre trajes, vestidos, sombreros y huaraches.
En el Patio de los Cipreses se encuentran la biblioteca del Claustro —que cuenta con más de 25 mil volúmenes y está abierta al público en general— y el Centro de Documentación Sor Juana Inés de la Cruz, que resguarda materiales de y sobre la poetisa, una audioteca y diversas fuentes digitales.
El inmueble
En el edificio del Claustro se respira la tranquilidad que imponen sus gruesos muros y arcos coloniales, pero también la vitalidad que le han dado las intervenciones arquitectónicas contemporáneas.
Fundado en 1585 como el primer convento mexicano de monjas jerónimas, el edificio funcionó como tal hasta 1867, año en que las monjas fueron exclaustradas como efecto de las Leyes de Reforma. A partir de entonces, en lo que fueron sus terrenos se establecieron “una panadería, la Casa del Estudiante Nayarita, una lechería, un albergue para campesinos, la sede de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y el famoso salón de baile Smyrna Dancing Club, mismo que desapareció en 1957 para dejar su lugar a un estacionamiento, varias casas de vecindad y pequeños comercios”, según el sitio electrónico de la ucsj.
En 1974, promovido por un grupo de sorjuanistas, el presidente Echeverría emitió un decreto expropiatorio de toda la manzana. Dos años después se iniciaron los trabajos de rescate del conjunto, en los que se encontraron, entre otros vestigios, los sepulcros de Sor Juana y otras monjas.
En 1695, hace 314 años, murió Sor Juana. Su lápida puede verse en el coro bajo, lugar de entierro de las monjas de San Jerónimo, y su espíritu permanece en las tareas que desarrolla la Universidad que lleva su nombre y celebra actualmente 30 años de existencia.