Un experimento de “investigación participativa” dio como resultado una muestra de fotos y narraciones sobre cómo ha transcurrido la vida, desde 1905 hasta hoy, en un rincón del Centro.
Por ALONSO FLORES
LA INAGURACION DE ESTA EXPOSICIÓN SE POSPONE HASTA NUEVO AVISO

grupo femenil de la iglesia de la santísima trinidad, 1958
“La exposición
Herencia y práctica cotidiana en torno al templo de la Santísima Trinidad permite apreciar la vida cotidiana, incluso los olores y los sabores, las transformaciones, los problemas de inundación en que ha sufrido a lo largo del tiempo, un intenso comercio, cines abarrotados, el despoblamiento a partir del terremoto del 85, los cambios en el uso de suelo y, al mismo tiempo, una perspectiva histórica: cuándo y quiénes fundaron la Santísima, el discurso de su fachada y cómo se vive la práctica religiosa”, explica la historiadora Natalia Fiorentini, subdirectora de investigación de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (
inah).
“Un aspecto importante fue el trabajo colectivo, en una experiencia que puede calificarse de investigación participativa, en la que los protagonistas son las personas que vivieron estas experiencias en el siglo
xx”, añade Fiorentini.
La muestra al aire libre, ubicada frente al templo de la Santísima Trinidad, en la intersección de las calles de Zapata y Santísima, incluye fotografías antiguas y contemporáneas, así como relatos de los habitantes de este sitio que históricamente ha formado parte del barrio de La Merced. Se inaugurará el 14 de agosto a las 12:30 horas y permanecerá un mes.
Las más de 100 fotografías expuestas son de tres tipos. Hay fotografías antiguas (desde 1905) provenientes de la fototeca Constantino Reyes Valerio de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del
inah; hay imágenes aportadas por los vecinos y, por último, un estudio contemporáneo realizado por el fotógrafo Pablo Cárdenas.
La fototeca Constantino Reyes tiene un acervo de alrededor de un millón de imágenes de todo el país y ahora, “congruentes con la idea de que sociabilizar el patrimonio, es una de las formas de fomentar el respeto, el cuidado y la conservación de los monumentos históricos”, sale a las calles para establecer un diálogo con la comunidad del Centro Histórico de la Ciudad de México, continúa Fiorentini.
Por otro lado, Maite Málaga, miembro de la organización civil Filigrana Puentes Creativos, que promueve proyectos culturales comunitarios como esta exposición, consideró que iniciativas como ésta son “un complemento indispensable para la rehabilitación física del Centro”, pues promueven la participación de la comunidad que vive, trabaja y usa los espacios.

obra de teatro organizada por vecinos de la iglesia, 1963
“Fueron los integrantes de la Archicofradía del Perpetuo Socorro, que tienen entre 70 y 90 años, la mayoría mujeres, nuestro punto de partida. Compartieron sus fotos y nos contaron sus historias, las prácticas asociadas a la comunidad, heredadas de sus padres y de sus madres, que fueron miembros antes que ellos (de la Archicofradía)”. La hermandad ha estado vinculada con la vida del templo y sus tradiciones desde hace 100 años.
La exposición cumple entonces varias funciones: da a conocer este bien patrimonial (el templo es una muestra relevante del barroco churrigueresco mexicano del siglo
xviii), muestra los cambios que fue sufriendo el entorno, así como el significado iconográfico de la fachada del templo.
Pero sobre todo, “se trata de visibilizar prácticas sociales, culturales y económicas en torno a un monumento patrimonial y de qué modo esas prácticas se van reconfigurando con el tiempo. La exposición buscó trabajar sobre ese tema con la comunidad y con la historia misma del inmueble”, dice Cecilia Barraza, también miembro de Filigrana Puentes Creativos.
A la exposición se suma un ciclo de conferencias impartidas por especialistas todos los sábados a las 12 del día durante el mes que dura la exposición.
Así, gracias a la fotografía y a la palabra, la Santísima y quienes habitan en sus alrededores reconstruyen su historia, la comparten e invitan a los transeúntes a detenerse un momento y saber, por ejemplo, cómo don Melchor Alcalá o don Artemio Portela jugaron en esas calles, allá por 1940.