Con la colaboración de más de 100 artistas, escritores, arquitectos, biólogos, Investigadores urbanos y antropólogos, la exposición diseñada por Citámbulos
ofrece en el Museo de Antropología, hasta el 13 de enero de 2010, una mirada
poco común sobre la megalópolis que habitamos.
Es una exposición que traza un retrato multimedia de la Ciudad de México. Con un sistema temático inspirado en la red del metro, la exhibición invita a los visitantes a convertirse en citámbulos y practicar el arte de ser viajeros en su propia urbe.
Con la colaboración de más de 100 artistas, escritores, arquitectos, biólogos, investigadores urbanos y antropólogos, la exposición diseñada por Citámbulos ofrece en el Museo de Antropología, hasta el 13 de enero de 2010, una mirada poco común sobre la megalópolis que habitamos. La componen más de un centenar de fotos, instalaciones, paisajes sonoros, piezas de arte objeto, y otras; cada pieza se acompaña de un texto.Ofrecemos aquí una selección.

ZÓcalo, 2009. Ulrike Stehlik.
monopoly
No hay que olvidar que el Centro Histórico era, hasta mediados del siglo xix, toda la Ciudad de México. Lo demás estaba conformado por pueblos y barrios dispersos en islas, llanos y lomas. Durante el transcurso de siete siglos, se han plasmado en los edificios, calles y plazas del Centro diversas concepciones de lo que debía ser una ciudad. Esto resultó en un área de aproximadamente 10 km
2 donde se concentra la mayor densidad de monumentos históricos de América Latina. Pero además de la difícil tarea de conservar la arquitectura, se impone la obligación de trascender el arreglo de las fachadas y reconstituir su vida interna así como sus usos cotidianos.
santa muerte

Exvotos, 2008. CitÁmbulos.
ImpresiÓn digital sobre aluminio.
Condenables, absurdos o hasta diabólicos es como solemos juzgar los rituales ajenos. En parte porque los desconocemos, pero también porque los mexicanos solemos pensar que debemos hacer, sentir y creer lo mismo. Ciegos ante nuestras múltiples herencias, hemos combatido cultos según la época: politeísmo prehispánico, catolicismo durante la Cristiada, protestantismo indígena y, a últimas fechas, el culto a la Santa Muerte, sin darnos cuenta de que con ello negamos a una parte importante de la población. ¿Cómo concebirnos, entonces, sin estar obligados a creer en lo mismo y sin ser excluyentes?
murmullos
El pasado de un pueblo se estudia en las piedras desenterradas y en los edificios históricos. Sin embargo, también podemos conocer sus transformaciones a partir de sutiles huellas depositadas en la lengua, haciendo una especie de “arqueología”del lenguaje.
Esta ciudad es heredera de muchas lenguas: unas vienen desde lejos en
el tiempo, como las indígenas, y otras, de lejos en el mundo, como el inglés, el coreano o el farsi. Algunas le han prestado palabras a nuestro español. En conjunto, conforman un rico patrimonio sonoro. Habría que guardar silencio y escuchar con atención esos murmullos.
OMBLIGO

El Zócalo es el ombligo de la luna y, como todo ombligo, tiene su pelusa. Siete siglos de valores religiosos y políticos atribuidos a la plaza central del imaginario nacional no han impedido las expresiones más sutiles y efímeras de la vida cotidiana.
Las huellas que los lugareños que habitamos este valle dejamos día con día sobre este gran vacío dan testimonio de que la vida humana no está del todo estatizada, politizada
y partidizada. También tenemos nuestros ratos de ocio para rascarnos el ombligo.
PATRIMONIO
Si las llantas de un camión sirven para trasladarse de un lugar a otro, estas llantas labradas a mano “inspiradas en un sello prehispánico” sirven para recordarnos que al rodar se deja huella, se construye memoria, y que las calles son territorios imprimibles en los que yacen textos firmados por sus habitantes. Nosotros, seres urbanos, hombres y mujeres de trayectos, solemos privilegiar la velocidad por encima de la memoria. Pero esta rueda “intersección del mundo prehispánico y el contemporáneo” avanza sobre nosotros en sentido contrario: nos detiene y nos obliga a preguntarnos
qué huellas, qué tatuajes estamos dejando sobre nuestra ciudad.

De ciertas flores, 2008. Comando Santa LucÍa.
Fotohistorias para mÁquina cuenta
billetes y
mutascopio (Vlady DÍaz y Hector Zubieta).
desierto lacustre
La traza de la ciudad es muchas cosas. Es mapa, es ruta, es referencia, es eje. También es historia. Capas de tiempo unas encima de otras que, como marcas en un viejo rostro, van modificando la expresión de la urbe. Historiadores, arqueólogos y restauradores nos señalan estas marcas: a veces contundentes como los murales de la caja de agua de Tlatelolco; otras veces más sutiles como los nombres de Río Mixcoac o Canal de Miramontes; o casi imperceptibles, como los ahuehuetes, viejos guardianes del agua. Señales que nos invitan a mirar lo que por estar tan cerca de nosotros, ya no vemos, pero que nos ayudaría a reconciliarnos con nuestro entorno.
rascuache
¿Son la creatividad y el sentido del humor parte de nuestro patrimonio? Convertir latas de refresco en flores o botellas de plástico en aspersores para regar el pasto no sólo es reflejo de cómo aprovechamos las cosas para convertirlas en otras. También es testimonio de que en esta ciudad, para sobrevivir y disfrutar de la vida, hay que saber cómo darle la vuelta a las cosas. Así, en múltiples mini-laboratorios de arquitectura y diseño implementados por los habitantes, la creatividad en los materiales empleados y en las soluciones encontradas hace evidente cuán innovadora es la tecnología “rascuache”.
Citámbulos, Ana Álvarez, Fionn Petch, Valentina Rojas Loa y Christian Von Wissel, es un colectivo de investigadores urbanos con sede en el Centro Histórico que, con un enfoque multidisciplinario, explora fenómenos urbanos desde una perspectiva vivencial. En 2007 publicaron Citámbulos. El transcurrir de lo insólito. Guía de asombros de la Ciudad de México. |