En la Escuela de la Música Mexicana () se puede aprender el amplio abanico de la música popular del país, desde la raíz prehispánica hasta baladas de Armando Manzanero. Sus aulas están abiertas a quienes desean estudiar música formalmente, pero que por su edad o preferencia musical no pueden ingresar a otras instituciones.
Por Patricia Ruvalcaba

en los talleres se puede estudiar son huasteco, jarocho o
mariachi, entre otros
En la esquina de Reforma y Francisco González Bocanegra, en la colonia Morelos, uno podría vendarse los ojos, caminar por esta última calle hacia el Este y dar sin problema con el número 73. ¿Cómo? Guiándose por las notas de La bruja, México lindo o Nereidas.
Desde hace 18 años, allí se ubica la Casa de la Música Mexicana, S. C. Una de sus dependencias es la Escuela de la Música Mexicana, institución con un modelo de enseñaza único, que ha formado a 15 generaciones de maestros y talleristas de música, músicos, así como a numerosos aficionados.
Los estudiantes aprenden a leer e interpretar por nota —solfeo— los géneros populares nacionales —son, jarabe, corrido y balona, entre otros—, así como sus aspectos culturales e históricos. Entre los instrumentos musicales que allí se enseñan están la jarana jarocha y el violín huasteco, el saxofón o la dotación íntegra del mariachi.
"Aquí se enseña México, se enseña cómo es el país" a partir de su geografía musical, dijo a
Km.cero el profesor José Luis Cerón Mireles, subdirector Académico de la Escuela de la Música Mexicana.
Explicó que mientras escuelas como la Nacional de Música y el Conservatorio Nacional de Música "tienen objetivos específicos, como formar atrilistas, es decir, integrantes de conjuntos de cámara, de orquestas sinfónicas, etc., para la práctica de la música académica", la mayoría de las escuelas y centros culturales que enseñan géneros populares carecen de objetivos académicos definidos.
Asimismo, aun cuando la enseñanza empírica —de oído, y de generación a generación— ha sido el modo tradicional de transmisión de la música popular, esta modalidad "tiene sus límites. El solfeo es la única manera seria de enseñar la música", abundó Cerón.

a la escuela asisten desde niños
de 10 aÑos hasta adultos mayores
Con esas observaciones, y con una larga trayectoria como promotor de la música popular, el músico Daniel García Blanco (fallecido apenas el 2 de julio pasado) propuso a fines de los años ochenta una escuela que llenara esos vacíos. La idea fue apoyada por el entonces Departamento del Distrito Federal.
En el desarrollo del modelo se decidió que la escuela fuera "una institución educativa de servicio social", es decir, una opción académica seria, accesible desde el punto de vista económico y abierta a todas las personas, independientemente de su edad, ocupación, nivel educativo, clase social o filiación política.
Es por eso que en la emm los requisitos de ingreso son tener 10 años o más, y disposición para realizar estudios formales de música, cumplir con un horario, tareas y presentar exámenes públicos.
Los aspirantes se someten a una evaluación de aptitudes musicales y dependiendo del resultado, se les coloca en el grupo o actividad mas adecuada.
El modelo da una oportunidad a quienes por edad o preferencia musical no pueden hacer estudios formales en otras instituciones.
dos opciones educativas
El plan de estudios de la emm ofrece la carrera de Promotor técnico en música popular mexicana (duración de tres años; se requiere certificado de secundaria) y el Taller libre de música (un año). En la carrera se llevan las materias de Géneros y estilos de la música popular mexicana, Canto grupal de repertorio nacional e Historia y geografía de la música popular mexicana.
En ambas opciones se estudia solfeo y se pueden llevar hasta dos talleres de entre los siguientes: huasteco, jarocho, guitarra, canto, mandolina, mariachi, violín popular, salterio, contrabajo y bajo eléctrico, trompeta, saxofón y clarinete, marimba, teclados, batería y percusiones, requinto y jaranas jarochas.
El plan cubre "los grandes momentos musicales de nuestro país, desde el periodo prehispánico hasta Armando Manzanero", explicó Cerón. Incluye, por ejemplo, "el cancionero de la Intervención Francesa, que es riquísimo, las canciones de la Independencia, del Porfiriato, los corridos revolucionarios, la época de los Cristeros, la Segunda Guerra Mundial". Al término, los estudiantes deben conocer por lo menos tres canciones de cada estado del país.
Los alumnos avanzados pueden integrarse a los grupos con que la escuela ofrece presentaciones: ensambles de canto coral, orquesta de guitarras, mariachi, conjunto huasteco, banda de música u orquesta típica, entre otros.
Los egresados suelen desempeñarse "muy eficazmente" como maestros en centros comunitarios y casas de la cultura, o como músicos.
Entre las historias de éxito está la de Elizabeth de la Cruz, salterista de la Orquesta Típica de la Ciudad de México, o la de los músicos de mariachi que se han ganado el respeto de sus compañeros por saber solfeo. Algunos egresados han ganado concursos nacionales de canción popular y uno de ellos asumirá la dirección de la nueva casa de la cultura Carmen Salinas, en la colonia Federal.
"Y no es solamente el empleo que van a tener, sino lo que van a ir a enseñar", apunta Cerón. "Los muchachos saben exactamente qué van a enseñar, no son unos improvisados".

alumnos de la emm durante su examen final en julio pasado
"Coexistir en la diversidad"
Al recorrer el patio uno puede toparse, entre los 250 alumnos del plantel, con un policía que siempre quiso aprender a tocar Las mañanitas. Con un taxista, un ama de casa o un maestro jubilado. O con un joven que estuvo a punto de abandonar la escuela para siempre, o un músico de mariachi de Garibaldi que quiere mejorar su técnica. O bien con un egresado de conservatorio que desea conocer la música popular. O a lo mejor con un joven que originalmente quería cantar rock, pero terminó enamorado de los géneros tradicionales.Ese alumnado variopinto es uno de los motivos que hacían brillar de orgullo la mirada de Cerón durante la entrevista.
"En un extremo, están aquellos que en su vida habían pensado que iban a tener contacto con la música. Algunos son a lo mejor gente de 50 o 60 años que por primera vez tuvieron la oportunidad de estudiar música. Ellos no quieren ejercer la profesión de músicos, sino disfrutar la música. En el otro extremo están los que son músicos, viven de la música y asisten con el ánimo de profesionalizar su oficio. En medio de esos dos extremos hay una gran cantidad de expectativas".
Una de las sorpresas es el interés que la música popular puede despertar en los jóvenes.
"Pensamos que los jóvenes todos están en la música moderna, el reggae y el hip-hop, y no es cierto. Aquí, en el taller de requinto y jaranas jarochas, no hay un solo muchacho que sea de Veracruz. ¡Pero les gusta el son jarocho!", apuntó Cerón.
A menudo, a las ocho de la noche —las clases son de 16 a 20 horas—, "hay que sacarlos con humo porque no se quieren ir, quieren seguir tocando y cantando".
Eso sin contar que algunos estudiantes provienen de sitios tan lejanos como Milpa Alta, Chalco o Cuautitlán.
El hecho de tener a veces en una misma aula a niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad —el estudiante de más edad de la emm, Tereso Cadena, tiene 82 años—, entraña ciertas dificultades pedagógicas. ¿Cómo se las arreglan con esa composición?
Se intenta armar los grupos con gente de edades semejantes, lo que no siempre es posible. Sin embargo, el hecho de que cada clase tenga objetivos claros que alcanzar, permite a los maestros contar con una guía para llevar al grupo en una misma dirección. Se establece entonces una dinámica de estudio y de respeto, explicó Cerón. "Hemos aprendido que se puede coexistir en la diversidad".
Balada de los siete pianos
"Cuando empezamos no teníamos nada, relató Cerón. Un día nos hablaron de Yamaha y dijeron: 'Tenemos siete pianos usados. Si los quieren, se los vendemos'. ¿A cómo? 'Siete mil 500 pesos'. ¿Cada uno? 'No, por los siete'. De todos modos no teníamos un clavo, así que hablamos con la doctora Moreno Toscano (actualmente Autoridad del Centro Histórico). 'Agárrenlos', dijo ella, 'mañana tienen el dinero'. Y los compramos. Ya tienen 16 años, es un milagro, porque les damos un uso rudo. No hemos podido hacernos de ni un piano más, y no sabemos qué va a pasar cuando fallen".
La anécdota ilustra la forma en que ha sobrevivido la emm. La Secretaría de Cultura (sc) del gdf le asigna un presupuesto, que en su mayoría se destina a la nómina de los 20 maestros.
Mediante donaciones y "rascándole donde se puede", la Escuela se ha hecho de instrumentos y mobiliario, pero "vivimos al día".
Una de sus estrategias para obtener recursos es ofrecer servicios. Miembros de la planta docente y alumnos avanzados integran ensambles corales y otras formaciones —mariachi, orquesta tropical, etc.— que amenizan toda clase de celebraciones, o bien ofrecen conferencias sobre tópicos de la música popular mexicana, ilustradas con ejemplos.
La propia sc los contrata a menudo. También se presentan en recintos académicos, bodas y fiestas. "Vamos a donde nos inviten", enfatizó el maestro.
Entre las necesidades más apremiantes de la emm están la ampliación de salones de clase y la construcción de una sala de conciertos. Están buscando respaldos de empresas y asociaciones civiles "la gente que nos apoya está convencida de que esto no es un proyecto, sino una institución con 18 años de labor ininterrumpida, con cimientos muy sólidos".
| ¡No se van a arrepentir! |
En julio pasado, Km.cero presenció una tarde de exámenes finales en la emm. Ante familiares, parejas, amigos y colegas, estudiantes vestidos de negro ejecutaron danzones como Teléfono larga distancia, mambos como Norma la de Guadalajara o boleros como El reloj. Otro grupo entonaría rancheras. Nervios y regocijo dominaron las ejecuciones, pero los examinados se fueron relajando conforme recibían aplausos y piropos. Después, Km.cero entrevistó a varios de ellos.
"No voy a dejar esto nunca", dijo, enfático, Salvador Escobar, de 75 años. Alumno de la emm desde hace 5 años, hizo la carrera y luego se quedó. Sus especialidades son guitarra solista, guitarra de acompañamiento para mariachi y solfeo, pero también tiene planes para el saxofón. En la juventud tocó el banjo en su natal Oaxaca, y la diferencia entre aquella experiencia y la actual "es gigantesca, pues aquí aprendo todo lo relacionado con la técnica de la música. En los ranchos era imposible llevar una orquesta, se amenizaba con lo que había a la mano".
A sus 25 años, Alicia Cárdenas, estudiante de la carrera, disfruta del danzón, el mambo y la cumbia. Su instrumento "es el saxofón alto porque el sonido me enamora y porque se me hace práctico. Me gusta mucho el tenor, pero es muy grande". Siempre tuvo la inquietud musical, pero "no había tenido el valor" de probarse. Ahora la música "me llena", asegura.
"¡Por favor, déjenme entrar. La música es mi vida. No se van a arrepentir!". Ése fue el ruego de Yoloxóchitl Flores cuando en 2007, al enterarse de la existencia de la emm, ya se habían cerrado las inscripciones. Estaba segura de lo que quería, pero carecía de recursos económicos. Actualmente, con 21 años, es becaria del Instituto de la Juventud del gdf (en la escuela hay 100 de ellos) y toda una percusionista en formación. Entre sus nuevos instrumentos están la charrasca –quijada de burro— y el pandero tlacotalpeño. Relata que tocó en el reclusorio de Santa Marta. "No sabía que nos iban a pagar. Es una experiencia muy gratificante porque haces lo que te gusta y a veces recibes un pago". Flores llama la atención no sólo porque hay pocas mujeres percusionistas, sino por su aplicación: "Mis profesores me dicen 'tú le pegas bien, le pegas como es'". |
| ContrÁtelos |
Apoye el proyecto educativo y social de la emm, así como a sus dependencias hermanas, la Fonobiblioteca y el Museo de Sitio y de la Música Mexicana. Para su boda o fiesta de XV años; para un congreso, presentación de libro o una conferencia con música; o bien, para sorprender a su familia y a sus cuates, contrate a los alumnos y músicos de la Escuela.
Informes en los teléfonos: 5529 9745, 5529 9725 y 5772 2742.
Correo electrónico: casamusmex@hotmail.com
Francisco González Bocanegra 73, colonia Morelos. Metro Garibaldi. |