Recién restaurada, la primera sinagoga ashkenazí del país reabre sus puertas para difundir la cultura judía en general, así como la evolución de la comunidad judeo-mexicana.
Por patricia ruvalcaba



esta bimÁ se considera la mÁs elaborada de las
que hay en MÉxico.
En la calle de Justo Sierra, la propiedad que abarca los números 71 y 73 tiene una fachada neocolonial típica, excepto porque las puertas de madera tienen labrada una estrella de David, uno de los símbolos principales del judaísmo.
    Ya en el edificio, se cruza un pasillo y un patio, y aparece otro edificio completamente diferente, blanco y con ventanas enmarcadas por arcos románicos.
    Se trata de la sinagoga Nidjei Israel, la primera edificación realizada exprofeso por y para la comunidad ashkenakí (o ashkenazita) de México. Data de 1941 y luego de haber estado cerrada desde hace más de tres décadas, a partir del 15 de agosto albergará actividades culturales y de difusión sobre la historia de la comunidad judeo-mexicana, que dio sus primeros pasos en el Centro Histórico.
    El proceso de apertura será gradual. Para abrir boca, además de un concierto con música clásica de compositores judíos, se establecerán visitas guiadas por el recinto y por lo que fuera el barrio judío donde se asentaron los primeros inmigrantes.

Un recuerdo de Lituania
Espaciosa y llena de luz, decorada con elementos cuya belleza resulta poco familiar, la sinagoga sorprende desde su planta baja. Allí, en el vestíbulo, el arranque de unas escaleras provoca curiosidad, y un salón de usos múltiples se extiende hacia el fondo.
    El primer piso es más asombroso. Es un recinto vasto y elevado, con espacios para bancas a los costados y una galería en forma de herradura. En el techo, una pintura mural representa símbolos judíos a la manera de las "sinagogas rusas de madera del siglo xviii", de acuerdo con el libro Sinagogas de México (Fundación Activa, 2002), de Mónica Unikel-Fasja.
    "Impresiona la monumentalidad de la bimá (especie de púlpito), sin duda la más elaborada de las existentes en México, colocada al centro a la usanza ashkenazí. Es de madera ricamente trabajada con vidrios tallados que describen instrumentos musicales: tamboril, arpa, cítara y laúd, así como símbolos recurrentes del judaísmo: el talit (chal de uso religioso), la hoja de palma, la cidra y la estrella de David entre rezos sagrados", añade el texto.
    Uno de los elementos más llamativos, el arón hakodesh, área equivalente al ábside de los templos católicos, fue hecho a semejanza de una sinagoga en Chavel, Lituania, con base en una fotografía. Allí se guardaba el libro sagrado, llamado Tora, que usualmente se lee desde la bimá durante las ceremonias religiosas judías.
 


en la sinagoga Nidjei Israel, espacio religioso hasta
mediados de los sesenta.
"Pedacitos del templo"
"No existe una arquitectura judía propiamente dicha", explica en entrevista Unikel-Fasja, quien junto a otras personas encabeza el proyecto de restauración y reutilización de la Sinagoga Histórica.
    "Desde que se destruyó el segundo templo de Jerusalén, en el año 70 D. C., los judíos quedaron exiliados por dos mil años y quedaron dispersos  por el planeta. Entonces las sinagogas surgen como espacios judíos de encuentro e identidad. Yo les llamo 'pequeños pedacitos' del templo destruido".
    "Los judíos copian elementos de los países a los que llegan —por ejemplo, en Venecia las sinagogas parecen catedrales—, pero tienen elementos judíos".
    En el caso mexicano pasó igual. "Los judíos traían algo en su mente, porque se fueron de los países en los que vivían no por gusto, sino por problemas de persecución o pobreza", explica la experta.
    Por eso "las primeras sinagogas eran imitaciones de las que ellos habían dejado. A mí eso me conmueve. No querían innovar, sino traer sus memorias a la nueva patria, para no sentirse tan ajenos a este país donde todo era diferente; llegaron sin recursos, con mucha incertidumbre, aunque con el espíritu del inmigrante, que es bastante emprendedor y valiente".


Ventanas de la sinagoga histÓrica.
A pie
Desde el siglo xvi ha habido judíos en México, se trataba de conversos o criptojudíos en busca de libertad. Sin embargo en la Nueva España sufrieron la persecución de la Inquisición, lo que los obligó a  practicar el judaísmo en secreto.
    En el Porfiriato, tras una invitación extendida por el régimen a los europeos, llegó una cierta cantidad de judíos europeos. Pero los contingentes que formaron la base de las comunidades actuales llegaron en la primera mitad del siglo xx, huyendo de las guerras y el antisemitismo, e invitados también oficialmente.
    Primero llegaron judíos del Imperio Otomano, de Siria principalmente, y más adelante, en los años veinte, arribaron una gran cantidad de judíos ashkenazí es decir, provenientes de Europa oriental —Alemania, Polonia, Rusia, Ucrania, Lituania y Hungría.
    Otros judíos llegaron de países como Turquía y Grecia (vertiente sefardí, de ascendencia española).
    El barrio judío del Centro se formó alrededor de la calle de Jesús María. "Había tiendas de abarrotes judíos, carnicerías, panaderías tradicionales, (lo que) hacía menos dramática la distancia, porque era su comida, sus tradiciones, el recuerdo de su casa, y todo esto se pudo recrear en el barrio cercano al mercado de La Merced, en calles como Jesús María, Academia, Moneda, Soledad, Justo Sierra, Loreto, Corregidora", cuenta Unikel-Fasja.
    La necesidad de lugares para rezar aumentó conforme creció la comunidad.
    "En un inicio, se habilitaron cuartos de vecindades donde vivían los inmigrantes para llevar a cabo los rezos. Esto era sencillo pues para llevar a cabo los servicios judíos lo más importante es contar con un mínimo de 10 judíos adultos y libros de rezos, así que cualquier cuarto podía servir; hubo lugares de estos en el Jardín de la Santísima numero 11 o el Palacio de Mármol de Tacuba 15. Más tarde fue necesario construir sitios exprofeso y fue así como surgieron las primeras sinagogas".
    La primera sinagoga de México, llamada Monte Sinaí, se levantó en 1923 también en Justo Sierra —a unos pasos de la Nidjei Israel— y albergó a toda la comunidad. Agrupaba a todos los judíos de México, pero pronto hubo necesidad de crear diversas agrupaciones dependiendo el lugar de origen.
    "Empezó a haber divisiones, porque la manera de rezar en los países árabes y en Europa es diferente, y había diferencias culturales, y en el idioma", relata Unikel-Fasja.
    En 1931, los judíos sirios crearon la segunda sinagoga, en la colonia Roma.
    La sinagoga Nidjei Israel —tercera en la Ciudad, y la primera fundada por los ashkenazí — abrió sus puertas en 1941.
    La sinagoga funcionó como centro ceremonial, de estudio, de celebraciones y de trabajo comunitario hasta mediados de los años sesenta, informa Unikel-Fasja, quien lleva 15 años conduciendo paseos temáticos por los enclaves judíos del Centro.
    Asimismo, fue escenario del drama de los ashkenazí —los más golpeados por Hitler—, quienes perdieron a "la gran mayoría de sus parientes en las cámaras de gas".
    "Inaugurada en plena Segunda Guerra Mundial, muchos ashkenazí rezaron (allí) con la esperanza de paz y de volver a ver a sus familiares que se encontraban en Europa. En este lugar se celebró con júbilo el inicio del Estado de Israel en 1948 y se creó la organización juvenil Bnei Akiva, de tendencia sionista religiosa", recuerda Unikel-Fasja en su libro.
    Entre la segunda mitad de los años sesenta y los ochenta, la migración judía hacia las colonias Roma, Condesa, Polanco y otras, contribuyó al paulatino abandono de las sinagogas del Centro, dado que los judíos devotos necesitan que su sinagoga les quede a pie.
    Con cada vez menos fieles y menos recursos, la de Justo Sierra 71 fue decayendo. El ambulantaje, disparado en los años ochenta, agudizó el abandono.


La mayoría de los elementos decorativos son los originales.
Conocimiento y remembranza
"Ha habido muchos intentos, desde hace años, de restaurar esta sinagoga, pero no era el momento", señala Unikel-Fasja.
    La recuperación del Centro Histórico por parte de las autoridades, y sobre todo la reubicación de los vendedores ambulantes, fue clave para que la comunidad ashkenazí se abocara a la restauración de la sinagoga. El creciente interés de los jóvenes judíos por saber cómo era la vida de sus abuelos fue una motivación más para llevar a cabo la obra.
    Las obras de restauración se iniciaron en 2008 y concluyeron en diciembre pasado; casi todos los elementos originales pudieron ser rescatados y el recinto luce ahora toda su magnificencia.
Se busca que el recinto, que Unikel-Fasja y sus compañeros de proyecto han empezado a llamar Sinagoga Histórica de Justo Sierra 71, se convierta en "un punto de conocimiento o remembranza" para la comunidad judía.
    Y para el público en general mexicano y extranjero, en un sitio donde puedan saber qué es una sinagoga y cómo los judíos se aclimataron en este país.



programa inaugural de lujo

La primera actividad pública en la Sinagoga Histórica de Justo Sierra 71 será Notas de encuentro. Concierto para un recinto entrañable, a cargo del prestigioso Cuarteto Latinoamericano (violines y viola).
El programa está integrado por obras de compositores  judíos:
Sueños de Sefarad, de David Stock (dedicada al Cuarteto Latinoamericano).
String Quartet in A minor (Cuarteto de cuerdas en A menor), Op. 13, de Felix Mendelssohn.
Lullaby (Canción de cuna), de George Gershwin.
Yiddishbbuk, de Osvaldo Golijov.
Además, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa hará un comentario introductorio.
Domingo 15 de agosto, 12hrs. Visitas guiadas al recinto a partir de las 10hrs.
Donativo: 150 pesos.
Habrá vino de honor.
Informes y boletos: Batia Galpern. Tel. 5540 6343 y
bgalpern@ashkenazi.org.mx



Visitas guiadas por el recinto: domingos, desde septiembre y hasta el segundo de diciembre por la mañana.
Visitas por el antiguo barrio judío, bajo reserva, para grupos.
En noviembre habrá visitas alusivas a los 100 años de la Revolución Mexicana y lo judío en la Ciudad.

Informes sobre tarifas y disponibilidad:www.sinagogajustosierra.com y
sinagogajustosierra@gmail.com

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