Así se conoció a Francisco Díaz de León. El sobrenombre refleja su faceta
excéntrica y juguetona; sin embargo, la exposición homónima muestra
a un artista poco conocido que trabajó con multitud de técnicas.
Por Sandra Ortega

Trabajador, (1929). EstÉncil.
Con boina calada a la izquierda y abrigo de lana, las manos sobre un libro apoyado en el regazo. Con un enorme sombrero, camisa y calzón de manta, a la usanza campesina en la época de la Revolución. De pantalón corto, calcetas de rombos y corbatín, la bicicleta a un lado recargada en un árbol. De pie manipulando un gran tórculo, rodeado de matraces y bañado por una luz irreal. Y la mirada: traviesa, inteligente, del que busca, del que juega. El protagonista se divierte disfrazándose y burlándose un poco de sí mismo.
Es un
performer a plenitud, despuntando el siglo
xx. Es el artista Francisco Díaz de León (1897-1975), en una serie de 13 autorretratos incluidos en
El marqués de las polainas, muestra presentada por la Colección Blaisten, en el Centro Cultural Tlatelolco, en la mera frontera del Centro Histórico. Es la primera vez que se exhibe la obra fotográfica de este multifacético artista.
Díaz de León nació en Aguascalientes y llegó a la Ciudad de México en 1917 para inscribirse en la entonces Academia Nacional de Bellas Artes. Fue pintor, ilustrador, fotógrafo, grabador de altos vuelos. También fue maestro y fundador de instituciones como las Escuelas de Pintura al Aire Libre y la Escuela Mexicana de las Artes del Libro.
Pionero del diseño editorial y gráfico, se opuso a las visiones academicistas del arte y fue miembro de grupos con posiciones políticas, como el Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios de México y el Grupo de Pintores 30-30.

New York, (1926). Grabado en madera.
Acuarela, grabado y foto
La muestra arroja luz sobre algunos aspectos de una obra cuyo desarrollo se inició al calor de la lucha armada y luego acompañó la creación de algunas instituciones culturales del México posrevolucionario.
El
marqués… está organizada en siete núcleos temáticos que agrupan más de 150 obras.
El primero integra los autorretratos y una serie de acuarelas humorísticas. El siguiente tiene como tema a las mujeres. Hay fotografías y grabados elaborados con distintas técnicas que retratan a mujeres y niñas campesinas que miran a la cámara en planos cerrados, así como mujeres urbanas, desnudas y plácidas. También hay acuarelas eróticas llenas de simpatía y colorido.
"Asuntos militares" es un núcleo inquietante. Son fotografías sobre la lucha armada desde miradas diferentes: una simbólica, en la que retrata objetos como rifles y sombreros.
Otra, cruda, documental, muestra por ejemplo la tragedia de un hombre muerto. Tendido en el suelo, lo velan una mujer de rebozo y un niño sucio que mira con furia a la cámara.
Un núcleo temático más versa sobre arquitectura y paisaje. Arcos, fuentes y calles fueron captados con un poderoso manejo de la luz.
De la invitaciÓn al libro
El marqués… incluye una muestra de invitaciones y participaciones de actos familiares que Díaz de León diseñó y elaboró.
Sorprende la ilustración de un pájaro violáceo, realizado en esténcil, con la que participó el nacimiento de su hija Graziella.
Hay, además, libros que el artista ilustró, diseñó o escribió: Campanitas de plata, Primer vuelo, El gavilán, Taxco y Oaxaca, estos dos últimos con textos de Manuel Toussaint.
Hace gracia la serie de acuarelas Menús humorísticos ejecutados por F. Díaz de León para regocijo de sus amigos que celebran anualmente una comida en honor de Alfredo Ramos Martínez, en la que parodia el estilo artístico de cada uno de sus colegas.
Y después de tanto ver, se puede escuchar una grabación de la voz de Díaz de León mientras lee Elogio de la fotografía, que como otras reflexiones, él mismo registró en cintas de audio.

Alumnos de pintura modelando y grabando, (1927).
Grabado en linóleo.
Buen hÁbito
Un hábito de Díaz de León que a la postre sería valiosísimo fue el de registrar puntualmente lo que hacía o pensaba.
Vanessa Bohórquez, directora de la Colección Blaisten, explica: "En su archivo hay fotografías, nombres, fechas, registro de procesos técnicos, reflexiones, obra de sus alumnos y de sus colegas, incluso algo tan minucioso y esclarecedor hoy en día, como las listas de los materiales con que trabajaban en las Escuelas de Pintura al Aire Libre.
Toda esta documentación nos da una información sumamente valiosa sobre este periodo y nos permite tener otra visión del México de esa época".
Ese acervo consta de más de seis mil piezas, y fue donado en 2008 a la Colección Blaisten por Graziella y Susana, hijas del artista.
Renata Blaisten, curadora de la muestra, dedicó dos años a la catalogación y análisis de los materiales. Resultado de este esfuerzo son la exposición
El Marqués de las Polainas, que permanecerá hasta abril de 2010 y su catálogo, ya disponible.
La sala cuenta con un área de actividades infantiles relacionadas con la exposición.
| En su propia voz… |
La infancia
"Nunca dibujé con más alegría y veracidad como en mi niñez. (Estaría en) cuarto grado de primaria cuando despertó en mí el deseo de emborronar muros; para ello me valí de un procedimiento tan inocente como fugaz, materializando cuanto bullía en mi imaginación. Buscando aquí y allá tropecé con un pincel gordo capaz de retener el agua de mi paleta en una cantidad tal que me era fácil dibujar caballos, hombres, pájaros y flores antes de que el primer trazo hubiese desaparecido de la pared encalada que servía de escenario a mi abundante producción".
Los disfraces
"Me agradaba vestirme de fifí, con guantes, bastón, polainas y un clavel en el ojal… A veces me ponía una gran capa negra, la que me prestaba Germán Cueto, y me presentaba en las reuniones y hasta en las clases. Otras veces de calzón blanco, guaraches y paliacate al cuello… Una vez, vestido de indio, llegué a la tienda de unos amigos italianos; había mucha gente y yo, con sonora voz, comencé a hablar en italiano. La gente cuchicheaba, me veían como animal raro y yo me divertía mucho". 
Autorretrato Vestido de pintor (1924).
El grabado
"Por aquella época hice grabados en color y descubrí en el linóleo un sucedáneo de la madera. Grabé e imprimí de acuerdo con los complicados procedimientos de la estampa oriental, y la curiosidad me llevó hasta imitar las tallas del buril en el cartón llamado scratch-board, destinado a fines publicitarios. Cuando llegó el momento de ocuparme del grabado en metal resolví mis problemas con buril, aguafuerte, barniz suave y procedimientos nuevos en nuestro medio, como lo era el acuatinta en negro y en color. Divulgué cuanto había investigado y logré atraer a estas técnicas a jóvenes estudiantes, así como a grandes pintores y escritores".
Las Escuelas de Pintura al Aire Libre
"Deseo aclarar que nuestras Escuelas no son centro de experimentación infantil en donde una seráfica ingenuidad todo lo resuelve, sino que la reflexión y el estudio serio de los alumnos, adolescentes y hombres maduros, ha culminado en verdaderas obras plásticas, inspiradas fuertemente por elementos estéticos que los rodean. La mentalidad de estos artistas difiere notablemente de otras escuelas de arte en las que se fracasa en viciosas teorías; por eso su pintura es de una gran fuerza, porque ignoran la mordaza de los cánones".
La pérdida de la vista
Señor, deja mis ojos,
el órgano más digno
de apreciar su belleza.
Mata, señor, si quieres
otro sentido torpe,
ineficaz o ruin;
pero no me arrebates
la ráfaga de sol.
Fuente: Francisco Díaz de León, creador y maestro, de Víctor Manuel Ruiz Naufal, Instituto Cultural de Aguascalientes, 1998. |