Este año se consolidan dos propuestas para impulsar el arte
cinematográfico en todas sus formas. Talleres, proyecciones
y cineclubes enriquecerán la vida cultural del Centro.

Por Regina Zamorano


La casa del Cine, en Uruguay 52, serÁ un punto de encuentro
para cinÉfilos empedernidos.
Poca gente sabe que en los años treinta del siglo pasado una parte de la industria cinematográfica, especialmente los distribuidores de la Ciudad de México, despachaban en la calle de Uruguay. A partir de este mes, es posible revivir esa efervescencia creativa en el segundo piso del número 52. Allí está La Casa del Cine, un espacio nuevecito para crear, producir y, por supuesto, ver cine.
    La otra iniciativa es la creación de una red de cineclubes comunitarios que se iniciará con 10 miembros.

Cualquiera puede hacer cine
En agosto de 2010, tras el éxito de un ciclo de 72 proyecciones al aire libre, en siete delegaciones del D.F., un grupo de profesionales se unió para brindarle un nuevo hogar a la producción cinematográfica mexicana.
    Así, La Casa del Cine se echó a andar con el apoyo de la Autoridad del Centro Histórico, el Fideicomiso Centro Histórico (fch) y la Universidad Autónoma Metropolitana, con la participación de Lolalab, una empresa de diseño y Scientika, una asociación civil.
    Según Jorge Sánchez Sosa, director de La Casa, se eligió el Centro Histórico para instalarla porque "es el termómetro de la nación, refleja lo que está pasando en todo el país".
    Productor de cine y director del Festival de Cine de Guadalajara por cinco años, Sánchez dijo que La Casa será un punto de encuentro para los adictos a la imagen en movimiento. Pero el objetivo principal es contribuir a democratizar la producción de documentos audiovisuales por medio del cine digital.
    Queremos que se acerque "el ciudadano de a pie, que tiene una cámara digital o un celular que graba video, y siente curiosidad por narrar historias con estos instrumentos. La idea es trabajar con ellos para que la factura y la narrativa de sus historias sean eficientes".
    Con ese fin, a partir de este mes se impartirán talleres y cursos que exploran el lenguaje audiovisual del siglo xxi, como las etapas de elaboración de un guión, la fotografía, la actuación para cine y los procesos de postproducción digital. La cuota de inscripción será simbólica.
    Profesionales de cine, activos en la industria, impartirán las clases. Entre ellos se encuentra María Novaro —Las buenas hierbas, 2010—, reconocida cineasta que está encargada del área de Formación de La Casa.


en el ciclo zinema zombie (munal).
otras realidades
La Casa también busca perfilarse como un centro de recreación para vecinos y visitantes del Centro. Cuenta con una sala de proyección digital con 43 butacas. Allí se programarán a partir del 14 de enero cuatro funciones diarias —13, 15, 17 y 19 horas— de martes a domingo, a un precio accesible.
    Se privilegiarán las cintas mexicanas del acervo de La Casa, cuya videoteca, abierta al público, alberga 200 títulos de todo el mundo.
    La sala estará disponible los lunes para cualquier persona que quiera proyectar sus propios trabajos y ponerlos a consideración de amigos, invitados, focus groups o profesores. El servicio es gratuito.
    La Casa organizará además festivales y muestras.
    Otra faceta importante serán los encuentros con profesionales de la industria, quienes visitarán el espacio. Como el productor y documentalista británico Julien Temple (Oil City Confidential, 2009), en febrero; y la aclamada cineasta alemana Doris Dörrie (Las flores del cerezo 2008), en noviembre.
    Además, en 2011 se lanzarán seis convocatorias a concursos, cuyos protagonistas serán el Centro y sus habitantes. Las bases del primero, Personajes insólitos del Centro Histórico de la Ciudad de México, ya están en www.lacasadelcine.mx, donde también puede consultarse la programación de los talleres, cursos, conferencias y proyecciones.
    "Yo espero que esta casa nos permita asomarnos a otras realidades, pero que sus ventanas y sus espejos también nos permitan mirarnos a nosotros mismos, y así contribuir a una sociedad más democrática", concluyó Sánchez.


anuncio de los aÑos treinta.
experiencia esencial
Apoyado por el fch, Gabriel Rodríguez Álvarez, investigador y director de la Conferencia Mundial de Cineclubes, desarrolló una propuesta para crear una red de cineclubes comunitarios en el Centro.
    La idea es que a partir de febrero comience a "sustentarse un circuito, se garantice una oferta cultural de calidad, así como un intercambio entre las instituciones implicadas".
    Vecinos y visitantes del Centro, —zona donde los grandes cines se extinguieron—, hallarán en la red de cineclubes una oferta mejor organizada de entretenimiento y reflexión.
    Y es que en los cineclubes el cine es un instrumento educativo, "son una escuela de ciudadanía, porque la gente aprende a hablar, a escribir, a escuchar otras opiniones, a publicitar, incluso a hacer audiovisuales. Además, se fortalecen los lazos comunitarios. El cine no sólo es entretenimiento, es una experiencia humana esencial".
    Desde su aparición en Francia, en los años veinte del siglo pasado, los cineclubes han acelerado cambios estéticos y sociales. "Los años sesenta no se entienden sin ellos. Ahí, a través del cine, se reivindicaron muchas causas", recordó el experto.

Escuela de cineclubes
Como primer paso para formar la red, en octubre y noviembre pasados se realizó la Intervención de Cineclubes del Centro Histórico, un taller formativo en el que participaron 10 centros culturales que tienen, o planean abrir, un cineclub en sus instalaciones.
    Durante dos meses, Gabriel Rodríguez y Carolina Elías le proporcionaron a novatos y veteranos —el cineclub del Templo Mayor tiene ya 20 años funcionando— conocimientos teóricos y prácticos para fundar un cineclub, un proyecto cultural que va mucho más allá de programar ciclos sin ton ni son.
    Participaron el Munal, el Templo Mayor, la Central del Pueblo, "El Sub" Galería de Arte Joven, la Casa Leona Vicario, la Galería José María Velasco, el Centro Cultural Casa Talavera, el Centro de Educación Continua del ipn, la Casa de los Oficios Vizcaínas y el Museo del Estanquillo.
    "Es muy bueno sumar 'horas butaca', pero el tema es qué hacemos para hablar de las imágenes, para profundizar en ellas", explicó Rodríguez. "No se trata de que el público vea algo y se vaya, hay que establecer un diálogo".
    La característica primordial de los cineclubes es que reúnen a espectadores activos, dispuestos a compartir sus puntos de vista y sugerencias, lo cual los convierte en miembros de una pequeña comunidad.
    El modelo de cineclub con el que se trabajó consiste en proyecciones con una introducción a la película y una discusión al final, algunas veces con la presencia de un invitado (actor, director, productor).
    Los cineclubistas del Centro realizaron prácticas de programación, de presentación de las cintas y de desarrollo de debates.
    De ese modo ellos podrán, a su vez, impulsar a los asistentes a participar de manera dinámica en las funciones.
    Aunado a los ciclos de cine, el quehacer editorial —virtual o impreso— es imprescindible, concluyó Rodríguez. La programación "tiene que explicarse.


no se trata de que el pÚblico vea algo y se vaya, sino de que haya dÁlogo.

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