
El primer mestizo
Malitzin o Marina, luego nombrada La Malinche, llegó a los brazos de Hernán Cortés después de haber sido vendida por su padrastro como esclava y luego regalada por su amo al conquistador, quien a su vez, la dio como botín de guerra a un soldado. Al darse cuenta de que hablaba náhuatl y maya —pronto aprendió español—, Cortés la recobró para volverla su intérprete. Pero fue más que eso. Sus agudos consejos facilitaron la derrota de Tenochtitlan en 1521.
En 1523, la pareja tuvo un hijo, Martín Cortés, considerado el primer mestizo de este país. En tanto, la esposa legítima de Cortés murió misteriosamente. Una leyenda reza que Marina, despechada, la torturó y la mató; otra sostiene que fue el propio conquistador quien lo hizo.
En 1924, Cortés casó a Marina con el capitán Juan Jaramillo, y le dio varias propiedades, entre ellas una en lo que hoy es República de Cuba 95. Al mismo tiempo, Cortés se casó con una española. En 1929, mientras Cortés enfrentaba un juicio en España, Marina murió, también misteriosamente. Para algunos, Cortés habría ordenado su asesinato para impedir que ella testificara.

Conspiraciones y besos
En su juventud, Miguel Domínguez y Josefa Ortiz vivieron un romance abrasador, cuyo escenario fue la calle del Indio Triste, hoy Correo Mayor. La unión se "consumó" antes del matrimonio y tuvieron una hija un año antes del enlace oficial y secreto.
Quince años después, cuando conspiraban a favor de la causa independentista, la corregidora tuvo un affair con Ignacio Allende. Se especula incluso que el famoso aviso de doña Josefa para alertar a los insurgentes, tenía como principal objeto salvar a Allende. Más aún: al parecer, en septiembre de 1810 ella estaba embarazada. De 1814 a 1817 estuvo recluida en el convento de Santa Teresa, en la Ciudad de México. Años después, allí hubo una monja, hija de Allende, cuya ascendencia materna se desconoce.
Amor republicano
"Modelo", "ejemplar". Es como se ha calificado a la pareja que formaron Benito Juárez y Margarita Maza. Se casaron en 1843, cuando él era un abogado aguerrido de 37 años y ella una "señorita principal" veinte años menor, hija de Antonio Maza, en cuya casa Juárez había servido.
Marcados por innumerables sufrimientos, entre ellos constantes separaciones y destierros, su prueba más difícil fue el exilio de ella y los niños en Estados Unidos, mientras el Presidente combatía la invasión francesa. En esos años (1865-1867), murieron de frío dos de sus hijos, lo que los sumió en la desesperación: "…mi corazón está destrozado", escribió el Presidente a su mujer.
Al triunfo de la República, en 1867, días antes de su reencuentro, Juárez le preguntaba a Sebastián Lerdo de Tejada si no lucía avejentado; quería estar presentable para su esposa y se compró una levita negra.
Vivieron en Palacio Nacional hasta el 2 de enero de 1871, cuando Margarita murió; Juárez la había atendido en su enfermedad, y él mismo la colocó en el ataúd. Año y medio después, enfermo de angina de pecho, él murió en esas habitaciones, el 18 de julio de 1872.

"resolverÁs con una palabra"
Cuando se enamoraba, Porfirio Díaz se declaraba mediante cartas. "Estoy muy ocupado y por eso seré demasiado corto no obstante la gravedad del negocio que voy a proponerte a discusión y que tú resolverás con una palabra". Así empezó su carta del 18 de marzo de 1867 a "Fina", Delfina Ortega, una prima carnal, casi una niña. Él tenía casi 37 años. Delfina le dio el sí.
Díaz ya era poderoso y arregló que el padre de Delfina, quien nunca la había reconocido, lo hiciera, para borrar del nombre de ella el apellido Díaz. La boda fue en representación, pues Porfirio estaba peleando en Puebla. Delfina lo acompañó en las campañas siguientes, en el curso de las cuales tuvieron siete hijos, de los que sobrevivieron dos. Para ella, era un castigo divino a su pecaminosa relación.
A principios de abril de 1880, siendo Díaz Presidente, vivían en el ala norte de Palacio Nacional. Tras su octavo parto, Delfina estaba moribunda. El general quiso regalar a su esposa una muerte tranquila. Consiguió que la mitra les dispensara el lazo de consanguinidad, pero el precio para México fue alto: Díaz abjuró de la Constitución de 1857, que él mismo había defendido. Horas después, la pareja se casaba por la iglesia y al día siguiente, 8 de abril, Delfina murió.
Al año siguiente, Díaz se casó con Carmen Romero Rubio, de 17 años. Él tenía 52, y también se le declaró por escrito.

"pintaban casi igual"
De 1928 a 1932, un estudio en la calle de La Soledad alojó a los pintores María Izquierdo y Rufino Tamayo. Se conocieron en una de las pantagruélicas fiestas que ella y Lola Álvarez Bravo solían dar en su casa, en Venezuela 34. María era alumna distinguida en la Academia de San Carlos; Tamayo pintaba, cantaba, tocaba la guitarra, usaba camisas rosas.
Su colega Juan Soriano recordaría que, enamorados, en La Soledad "…pintaban casi igual, los mismos temas y colores (…) pero la gente que se quiere mucho, cuando se pelea se odia tanto, que da miedo. Se separaron y nunca volvieron a darse los buenos días".
Tamayo se volvió ícono de la plástica nacional y María, la primera mexicana en exponer individualmente en Estados Unidos. Luego, ella sufrió parálisis del lado derecho del cuerpo y murió de una embolia en 1955.
Fuentes: José Manuel Villalpando, Amores mexicanos, Planeta, 1998; Elena Poniatowska, Las siete cabritas, Era, 2000.