En tiempos agitados puede servir recordar la violencia del pasado: recordar cómo surge, cómo gana poder y se convierte en una amenaza, y también cómo se le puede vencer. Estos objetivos, como para ayudarnos en el presente, se cumplen en la exposición Dos miradas al fascismo: Diego Rivera y Carlos Monsiváis, actualmente en exhibición en el Museo del Estanquillo.

Esa historia puede parecer remota, pero no lo es, pues el énfasis de la exposición está en México: la curaduría realizada por Rafael Barajas, El Fisgón, descansa sobre todo en obras creadas en nuestro país y nos muestra de qué modo el fascismo se difundió en México, cómo tuvo opositores y adeptos y cómo, al empezar la Segunda Guerra Mundial, el país entero terminó por involucrarse y hacer campaña en su contra.
Muchas de las obras exhibidas no fueron creadas con la intención de ser consideradas "arte", sino como ilustraciones, caricaturas políticas o material de propaganda. Sin embargo, todas son documentos históricos valiosos que muestran una enorme pericia técnica. Buena parte de ellas son de gran belleza, en ocasiones de una belleza terrible, pues muestran los horrores de la guerra y de la opresión.
El núcleo inicial de la muestra explica el origen del fascismo: la Primera Guerra Mundial y la llegada al poder de líderes totalitarios como Benito Mussolini y Adolfo Hitler, entre 1917 y 1930. Cuenta con dibujos de Paul Klee, Pablo Picasso, Oskar Kokoschka y Jean Cocteau. Un dibujo de este último, por ejemplo, comunica el terror y la desolación de la guerra a través de una escena en la que un soldado asesina a una campesina sin desmontar de su caballo.
Entre las grandes obras antifascistas, están Sueño y mentira de Franco (1937), de Pablo Picasso, o una litografía demoledora de Raúl Anguiano: En la España de Franco (1938), en la que se muestra una ciudad en ruinas y poblada de cadáveres.
También documenta la existencia de movimientos que simpatizaban con el fascismo en México, como el sinarquismo pro-católico y conservador de Salvador Abascal o el grupo de los "Camisas Doradas" y cómo se enfrentaron a ellos los artistas que integraron el Taller de Gráfica Popular o la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Destaca la obra de Leopoldo Méndez, grabador mexicano que trabajó arduamente en hacer conciencia sobre los males del fascismo.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial propició que la prensa mexicana desplegara talento, capacidad de síntesis y agudo sentido del humor para informar de los acontecimientos del momento.
En la exposición se pueden apreciar extraordinarias portadas de revistas de actualidad como Hoy, Jueves y Futuro, obra de artistas como Antonio Arias Bernal, Ernesto El Chango García Cabral, Santos Balmori y Miguel Covarrubias.
Un ejemplo impactante se muestra en una de las portadas: en 1939, poco después del estallido de la guerra y cuando Hitler acababa de firmar un pacto de no agresión con la Unión Soviética, gobernada entonces por José Stalin, los muestra a ambos jugando a las cartas en un casino y el croupier (el encargado de repartir la baraja) es una calavera: la Muerte.
carlos y diego
El título de la exposición alude a dos miradas sobre el fascismo, la de Carlos Monsiváis, a cuya colección pertenece casi el total de las obras y documentos exhibidos, y la de Diego Rivera, presente en un único pero importantísimo cuadro: El refugio de Hitler (1956), obra tardía de gran formato que representa las ruinas del búnker de Berlín donde Hitler se suicidó y el régimen nazi fue vencido en 1945.
La imagen es inusual en el trabajo de Rivera por sus colores pálidos y por su ausencia de figuras humanas, pero su composición y su iluminación (hay una presentación audiovisual que lo explica para el visitante) están concebidas y ejecutadas con maestría para enfatizar lo evidente —la ruina del fascismo—, pero también para sugerir, mediante detalles sutiles, la esperanza en un futuro mejor por medio del socialismo, muy propia de la época y del pensamiento político de Rivera.
La obra de estos artistas mexicanos deja ver un periodo fascinante de la historia del siglo xx: un momento en el que nuestro país apostaba contra la violencia y logró hacer conciencia de los peligros de un régimen totalitario.