
A la calle Regina se le realizó una cirugía urbana a corazón abierto, que tardó poco más de un año, y aunque las obras no han sido cómodas para nadie, la vía será inaugurada muy pronto como la primera calle peatonal incluida en los planes de recuperación del Centro Histórico. El tramo comprendido va de la Av. 20 de Noviembre a Bolívar.
Cuando eso ocurra, se tratará de una segunda inauguración, pues el 19 de septiembre pasado, aún con algunas coladeras abiertas, la comunidad de artistas residentes en la calle realizó su propia inauguración civil, con la acción cultural “7:19. Epicentro de la Memoria”, conmemorando aquella mañana de 1985, cuando un terremoto despertó en más de un sentido a los capitalinos. Se llevaron a cabo lecturas, performance, ofrendas y pintura colectiva, entre otras actividades, que por momentos llegaron a atraer la atención de hasta 200 personas.
Tal vez lo más significativo de ese día fue que los vecinos –artistas o no– tuvieron la oportunidad de verse las caras y tener una probadita de lo que puede ser Regina como corredor cultural.
Una de arte y una de vaqueros
No es nuevo que los artistas busquen en el Centro Histórico un lugar de reunión, acción y residencia; sin embargo, no siempre se da su integración en la comunidad. Cuesta trabajo, tanto a los residentes que llevan allí generaciones, como a los nuevos que llegan con bríos, ajustarse a la idea del “otro”.
La nueva situación urbana de esta calle ha generado expectativas en cuanto a lo que pueda producirse en el terreno cultural y de la convivencia vecinal. Por todo esto, la calle es una especie de laboratorio social, cuyo seguimiento minucioso permitirá aprender de los éxitos y corregir los errores.
La propuesta de convertir la calle en peatonal, explicó Ricardo Bautista, director de Promoción y Difusión del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, “la hizo el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, en enero de 2007, y es parte de las iniciativas de recuperación del espacio público, de transformación de las vialidades, con el propósito de fomentar la movilidad no motorizada”.
El que se profundice su vocación cultural tiene que ver con que ahí se encuentran ya instalaciones de esta naturaleza, agregó Bautista, “Instalaciones del Instituto Nacional de Bellas Artes, la galería Clínica Regina, el Centro Cultural Casa Vecina y la Universidad del Claustro de Sor Juana (y próximamente el Museo de los desaparecidos políticos); también se han habilitado galerías personales en algunos departamentos y existen más de veinte establecimientos que suponen el encuentro y el diálogo, como fondas y restaurantes, mezcalerías y pulquerías, donde conviven vecinos, estudiantes universitarios, promotores culturales y artistas plásticos”.
Como en todo laboratorio, en Regina se mezclan ingredientes e ideas para darle forma a un experimento de convivencia ciudadana: por un lado, hay un grupo de artistas y promotores culturales –Antonio Calera-Grobet, coordinador de Casa Vecina; Israel Cortés, director de teatro; Ilana Boltvinik, artista plástica y miembro de la planta docente del Claustro de Sor Juana; Andrés Mendoza, también artista y director de la galería Clínica Regina, entre otros–, a quienes les entusiasma la cooperación en este corredor cultural y, aunque todavía cueste trabajo establecer las prioridades, tienen propuestas sobre cómo han de desarrollarse las cosas.
Por otro lado, hay vecinos como Santos Quintero —quien vive en Regina desde que allí se podía abordar uno de los últimos oxidados tranvías que circularon por el Centro—, cuya credibilidad moral parece consensuada entre los vecinos y que ejerce de sabio del pueblo.
Ellos también tienen ideas sobre el futuro de Regina: “Tenemos que hacer un esfuerzo por entendernos”, dijo Quintero. “Aquí nos interesa que cuando Casa Vecina pasa cine de arte, también pasen, por ejemplo, una de vaqueros, algo que llame la atención de la gente; o que cuando lancemos un proyecto para reciclar basura, se programe un documental sobre el reciclaje, digamos. La gente del barrio, los que viven en el número 35, o en el 27, también necesitan hacer un esfuerzo por conocer qué está pasando en su comunidad y participar”.
Mendoza, de Clínica Regina, invitó a considerar que el arte no sea el centro de todas las actividades: “Aquí hay mucha gente a la que no le interesa el arte y no tiene por qué, quizás haya que pensar en acciones como la reactivación de la cancha de futbol rápido, o la creación de una cancha de frontón para la gente que juega este deporte de forma un poco clandestina en la iglesia. Ojalá también eso forme parte de la iniciativa comunitaria”.
Estrenando espacios
Ya sin coches entre fachada y fachada, la gente en Regina se está adueñando de un espacio común y, por tanto, tendrá que tomar decisiones en común. ¿Cómo lo harán?
Por lo pronto, explicó Antonio Calera-Grobet, responsable del Centro Cultural Casa Vecina (y de la Hostería La Bota, que se encuentra a un lado), los vecinos se han venido reuniendo para “hacer contrapeso ante imposiciones de la autoridad, para todo aquello que pudiera venir de la transformación de la calle. Curiosamente, aunque se visualiza (a la calle) con una vocación cultural, las dos primeras acciones (vecinales) no estaban relacionadas con el arte contemporáneo: la primera fue pedir una explicación al gobierno para que nos dijera por qué se había tardado un año la obra, cuando se tenía proyectado en menos de la mitad del tiempo; la segunda fue denunciar el diesel que los Baños Señorial tiran al drenaje”.
“Hacer frente a un asunto de seguridad reunió intenciones”, dijo Calera. “Esta organización ha ido creciendo como estalagmita, es decir, desde abajo. Se trata de que cambie continuamente de cabezas, mayordomos o presidentes, para que no responda nunca a intereses particulares y no sea de orden cultural únicamente”.
Pudiera ser que estos esfuerzos aterricen en la integración de una asociación civil, cuya agenda, tanto civil como cultural, tiene muchos puntos, casi tantos como opiniones en torno a las prioridades.
Israel Cortés, director de teatro y vecino, comentó: “No queremos que nuevamente se vengan a imponer proyectos que no parten de la experiencia y de la necesidad de la vecindad.”
“Así fue como se creó el Comité de Hábitats Culturales, que busca ser un órgano responsable y parte del diseño cultural de la calle, pero que además busca tener representantes vecinales para cuestiones prácticas de convivencia”. Por su parte, Bautista señaló: “El gobierno será respetuoso de la organización que adopten los vecinos y nosotros, como Fideicomiso, estaremos atentos a sus propuestas”.
La difícil conversiÓn
“Dijeron que tardaría cuatro meses, ¿usted les cree?”, dijo resignado Víctor Martínez, dueño de una reparadora de máquinas de coser en Regina. Martínez no está particularmente de acuerdo con la transformación y se declaró “neutral” en cuanto al nombre y la vocación que se quiere asignar a Regina (Corredor Cultural). “A nosotros nos bajó bastante la clientela cuando cerraron la calle”, dijo este vecino.
Los problemas estructurales en Regina no son novedad. Por ejemplo, siempre ha tenido una ligera depresión por el centro, lo que desde hace décadas provoca encharcamientos durante la época de lluvias, explicó el propio Martínez.
Igual que ocurre con la mayoría de calles en el Centro Histórico, su antigüedad ha obligado a una construcción estratificada, obra sobre obra, plano sobre plano, por lo que ahora resulta difícil arreglar todo de un jalón. “La conversión a peatonal de una calle implica retos urbanísticos y administrativos. Los problemas que se han presentado los están atendiendo las instancias correspondientes”, señaló Bautista.
“A pesar de todas las inclemencias de la obra, los beneficios ya son palpables en términos de calidad de vida y de potencialidades tanto económicas como de convivencia comunitaria”, agregó.
Este primer corredor servirá para dimensionar la futura conversión peatonal de otras calles. El gobierno capitalino contempla otros dos proyectos en el norte y oriente del Centro Histórico, (respectivamente) los corredores San Ildefonso y Alhóndiga (Topacio, Alhóndiga, Talavera y Santísima).
Nuevos caminantes
Algunos sueltan sus mejores sonrisas, otros prefieren esconderse tras las rejas de sus vecindades. Pero, convertida Regina en andador peatonal, la interacción será ineludible, el sentido de comunidad será más evidente y cualquier decisión afectará a todos. Algunos efectos de las transformaciones urbanas ya empiezan a sentirse. Doña Silvia González, dueña de Abarrotes Tere, en Regina 39, espera que el corredor atraiga más clientes. “La calle de noche, con este tipo de acciones culturales, se vuelve más segura”, dice.
A la conclusión de las obras de drenaje y agua potable se sumará la iluminación artística de 10 edificios y la colocación del mobiliario urbano: bancas, macetones, terrazas, bici estacionamientos, botes de basura, postes de luz más durables e iluminación de menor gasto energético. Según Bautista, la totalidad de las obras podría concluirse este año. Ahora que los autos ya no circulan por Regina, la condición de caminante, que no de peatón —en función de esquivar automóviles—, parece despertar poco a poco en los vecinos.
Los niños son los primeros caminantes, y ya aprovechan su recién encontrado reino sobre la calle. Ahí va la tribu completa, retozando hasta la noche bajo los nuevos faroles, jugando a ponerle otros nombres a la perra Cebollita o buscando entre el escombro un objeto perdido, una piedra que pueda disparar la imaginación hacia otro lado, aunque a ellos no parece importarles.