En el corazón de La Merced, entre el barullo de los comercios y el ajetreo cotidiano, se generan otros sonidos. El zapatear de un ballet folklórico, la cadencia de los pasos a ritmo de cumbia o las voces infantiles de un coro que canta blues; es el Centro Cultural Casa Talavera, donde a diario se inventan formas de acercar la cultura a la comunidad, mientras se dialoga con ésta, con sus tradiciones
y formas de vida.
Por alonso flores

Talleres, eventos culturales y un pequeÑo museo de
sitio, algunos de los atractivos de Casa Talavera
Apenas se entra al edificio ubicado en la calle de Talavera 20, esquina con República de El Salvador, la frescura se respira entre los muros de cantera de esta casona con más de 800 años de historia y que en 2002 fue asignada en resguardo por el Gobierno del Distrito Federal a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (
uacm).
En los dos niveles del edificio, en los patios y pasillos, circulan personas de todas las edades, desde preescolares hasta adultos mayores de 75 años, quienes se han apropiado de las instalaciones. “Casa Talavarea” le llaman, por costumbre. Ellos mantienen vivos el cineclub, la galería y 27 talleres gratuitos que reciben un promedio de 20 personas cada uno, de acuerdo con información proporcionada por la dirección del Centro.
El que la gente se adueñe del espacio es uno de los principales objetivos de Casa Talavera, aseguró la responsable de la institución, Emma Messeguer. Señaló también que la Casa es para el barrio “un arma poderosa para unirse, para organizar trabajos y festividades, además de un conducto para detonar nuevos mecanismos de convivencia” y, a través del arte, “sensibilizar y expandir la mente, hacernos más humanos”.
Con esa idea, la Casa está abierta a todas las personas, se reconocen las necesidades de los usuarios y se les da respuesta. “Sólo así se ha generado la confianza necesaria para que los habitantes reconozcan que es de todos”, explicó Messeguer.
A partir del trabajo en los talleres se han puesto en marcha, entre otras iniciativas, el grupo de videastas Casa Talavera, una cooperativa formada en el taller de serigrafía, y el ballet folklórico, que ya se ha presentado en algunos eventos delegacionales.
Formando redes
El proyecto Redes/Atzaloa ha sido el principal mecanismo para encauzar el trabajo con la comunidad. Como su nombre en náhuatl lo define, es un lugar de encuentro, un espacio interdisciplinario de fomento de la lectura, la identidad y la memoria. La biblioteca, un aula de medios con 10 computadoras y una ludoteca, son las piezas de un rompecabezas de actividad dinámica y cotidiana.
En la biblioteca no sólo se prestan libros, se ofrece atención personal a los usuarios, especialmente a los niños, se desarrollan encuentros de lectura en voz alta y otras actividades de fomento de la lectura. Además, la biblioteca continúa enriqueciendo su acervo a través de adquisiciones y donaciones.
En el Aula de Medios, personas de todas las edades pueden aprender sobre tecnologías de la información y la comunicación. Los talleres de Radio por Internet y de Alfabetización tecnológica permiten, a quienes nunca habían tenido contacto con la computadora, aprender desde el manejo del correo electrónico hasta la producción materiales multimedia.
Inventar, crear, construir y, por supuesto, divertirse, es lo que hacen los niños en la ludoteca. Más allá de entretenerse con un juego de mesa, pueden investigar sobre el origen y la historia de los juegos, y después construir su propia versión con cartón, madera u otro material. Lo mismo ocurre con máscaras, con historias y leyendas o con tradiciones como la ofrenda y las calaveritas de Día de Muertos.
La memoria de La Merced
Para Emma Messeguer, el proyecto cultural de Casa Talavera tiene un gran tesoro que apenas empieza a descubrirse. “La historia de La Merced es riquísima y no hemos logrado darla a conocer y aprovecharla”, dijo, al informar que a partir de 2009 las actividades del Centro enfocarán ese tema.
Los talleres de fotografía o de creación literaria, de video o serigrafía, de pintura o artes plásticas, tendrán el reto de expresar de una u otra forma un aspecto de la vida del barrio donde está enclavada la Casa. Puede ser la historia, la arquitectura, la gente o sus oficios.
Por el momento, desde el taller especial La memoria y sus lugares se han desarrollado iniciativas y materiales cuyos protagonistas y narradores son los habitantes de La Merced, sus recuerdos y su vida en el barrio.
Luisa Cortés, matemática de 31 años, decidió quedarse en La Merced en lugar de emigrar hacia la zona conurbada de la ciudad. Conoció Casa Talavera por su hijo de siete años y hoy, como voluntaria, es parte fundamental del mencionado taller y de un equipo que produce el documental comunitario La Merced a través de la mirada de sus mujeres.
“Queremos reivindicar a la mujer de La Merced, a la que se relaciona primero con la prostitución. Sin embargo, la mujer de La Merced es una mujer trabajadora, luchadora, arraigada, sobreviviente, que no se rinde, que quiere sacar adelante a sus hijos. La peculiaridad es que además de ser esposas o madres, son comerciantes en un entorno que puede ser agresivo y violento”. Cortés desea que cuando el documental esté terminado se proyecte en la plaza La Aguilita, a unos pasos de Casa Talavera.

Trabajar con la comunidad y en el entorno de La Merced son
las prioridades de este centro cultural.
Dos pÚblicos dos
El Centro Cultural depende desde 2002 de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, vía su departamento de Coordinación de Difusión Cultural y Extensión Universitaria. El lugar, mencionó Messeguer, tiene una razón de ser: “está en uno de los barrios más bravos y una de las políticas de la Universidad es la relación con la Ciudad y su entorno”.
Así, Casa Talavera destina sus actividades principalmente a dos públicos. Por un lado, los estudiantes de la uacm, que pueden participar en actividades culturales y “practicar académicamente temas de arte y cultura”. Por otro, “es fundamental la comunidad que colinda con la Casa”, continuó Messeguer.
En esta dinámica de retroalimentación, las actividades relacionadas con la investigación y la reflexión académica cuentan siempre con ingredientes que propician la integración de los habitantes del barrio, además de que algunos talleres son impartidos por estudiantes de la UACM, como es el caso del de Radio comunitaria.
El arte en las calles
Debido al trabajo que se hace en el Centro Cultural, tomar un café en La Merced puede convertirnos repentinamente en espectadores de un monólogo; buscar una banca donde platicar o comer un helado puede transportarnos a un prado verde gracias a los buenos oficios de un grupo de artista plásticos; ir a la tienda por un refresco o a la papelería por un cuaderno puede colocarnos en medio de un programa de radio. La actividad creativa de la Casa se extiende por los rincones del barrio y se hace oír, reconoce su entorno y hace que los habitantes tomen la palabra.
“Trabajamos no sólo hacia adentro, sino en gran medida hacia afuera. El barrio es lo más apropiado para restablecer los nexos de la comunicación. En ellos pueden expresarse los habitantes desde su propia individualidad, pues es donde se centra la vida colectiva”, explicó Messeguer.
En Casa Talavera se llevan a cabo, además, muestras de fotografía y pintura, conciertos, obras de teatro, performance y proyecciones de cine, entre otras actividades a las que acude un público variopinto.
Si bien los recursos económicos no son abundantes, sí lo son el ingenio y la participación, el respeto y el deseo de compartir. Entre la gente se ha convertido en un referente, en una oportunidad de ser parte de un proyecto artístico y social, y de guardar distancia, aunque sea momentáneamente, de un entorno agresivo.
Como dice la voluntaria Luisa Cortés: “en un entorno que incluso puede ser violento, es una oportunidad para que nuestros hijos se desarrollen y tengan otros conocimientos, y nosotros nos reconozcamos como habitantes de este barrio y nos integremos a él, dignificándolo”.
| PolÉmica en torno a una historia |
La Casa Talavera, considerada desde 1931 monumento histórico, está asentada en lo que se llamó barrio de Temazcaltitlán (lugar de los temascales), sobre un basamento piramidal prehispánico, que data del periodo en que llegaron los aztecas al Valle de México (1207 D. C.). A partir de excavaciones que allí se han realizado, se cree que tal vez fue un centro ceremonial dedicado a la fecundidad, a la procreación y a los niños, informó Gilda Cano, arqueóloga encargada del museo de sitio con que cuenta la Casa.
Luego de la Conquista, a principios del siglo xvii, los españoles sepultaron la edificación con una nueva construcción de fachada barroca, la Casa Talavera. El edificio, de dos niveles, tuvo una capilla, dos patios, uno principal y el de servicio, dos pozos, caballerizas y un espacio donde se guardaban canoas.
Hay un debate en cuanto a la propiedad del inmueble en la época colonial. Por un lado está la versión de Cano, y por otro, la de Gabriela Sánchez, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah), quien actualmente trabaja sobre la historia de Casa Talavera.
Cano asegura que ésta era una de las varias casas que poseía el marqués de Aguayo (dueño de vastas propiedades en el norte del país) en la Ciudad de México, y que probablemente la utilizó para alojar a familiares que llegaban de España. Para usufructuarla de mejor manera, el marqués habría construido varias accesorias en la planta baja, entre ellas la primera fábrica en México de cerámica mayólica, técnica conocida también como talavera, de ahí el nombre de la casa.
En tanto, Sánchez señala, luego de una investigación en el Archivo General de la Nación y en centros de documentación, no haber encontrado registros de que la propiedad fuera del mencionado marqués, sino que perteneció a diferentes gremios de comerciantes asociados, en especial los dedicados a la curtiduría.
De acuerdo con Cano, a finales del siglo xviii se convirtió en casa de recogimiento para señoras casadas —una especie de albergue a donde eran llevadas cuando sus maridos partían a un viaje largo—, y en el xix también fue almacén y vecindad.
Siguiendo a Cano, ya entrada la segunda década del siglo xx, la casa fue la escuela Gabino Barreda. Por su cercanía al mercado de La Merced, a partir de 1929 fue una accesoria para la venta de verduras y en la planta alta se rentaban espacios para la “convivencia social”.
Posteriormente, la casa fue abandonada y durante un breve lapso fue ocupada por indigentes, hasta que en 1980 el gobierno federal la expropió.
En 1988, mediante comodato, la planta baja fue asignada a la Asociación de Libreros Antiguos Mexicanos. El primer piso se otorgó a la Asociación Mexicana de la Danza, que impartió clases para la población local. En 1995 quedó bajo resguardo de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del gdf, que a finales de 2002 la asignó a la uacm.
En su pequeño museo de sitio, Casa Talavera da cuenta de su larga historia. Ahí se encuentran piezas prehispánicas en miniatura, adornos para mujeres y utensilios domésticos. De la etapa colonial se exhiben piezas artesanales con diferentes técnicas de trabajo cerámico e incluso algunas cartas de amor que un fraile le envió a una de las mujeres que ahí llegaron a resguardarse.
El museo abre de lunes a sábado, de 10:10 a 16 horas.
La entrada es gratuita.
|
| Talleres abiertos para todos |
• Bailes finos de salón
• Danza folklórica
• Coro
• Música y movimiento
• Taller multidisciplinario de fomento de la lectoescritura
• Pintura
• Papiroflexia
• Serigrafía
• Aerobics
• Encuadernación artística
• Nuevas tecnologías
• Alfabetización tecnológica
• Jugando con los medios
• Radio comunitaria
• Radio por Internet
• Fotografía
• Juegos tradicionales
• El cartel como cartel
• Fotografía
• Artes visuales
• Periodismo
• Reciclarte
• Promotoría cultural
• Música
• Video
• Apoyo a tareas escolares
(nivel primaria)
Inscripciones abiertas en cualquier momento del año, a reserva de cupo. El único requisito es llenar un formulario con datos personales. Talavera 20, esquina con República de El Salvador, Centro Histórico. Informes: Tel.: 5542 9963
o en la página:
www.casatalavera.uacm.edu.mx
|