Del 16 al 26 de abril en el Centro Histórico, como parte del Festival Tin Tan es cooltural.

Por patricia ruvalcaba y vanessa job

De él se han dicho muchas cosas. Que “Era un gran maestro del desmadre, un Premio Nobel del relajo, de la guachapa, la alegría y el buen humor” (Héctor García, fotógrafo) “Era un fauno inteligente entregado al placer” (Leonardo García Tsao, director de la Cineteca Nacional); “Fue un destello de locura inteligente” (Diego Galán, crítico y director de cine); “Era un verdadero desorden en organización” (Paco Zavala, periodista); “Fue el primer ciudadano mexicano del siglo xxi” (Carlos Monsiváis); “Rebasaba cualquier protocolo” (Manuel Márquez, documentalista); “Era alguien dado a darse a la gente” (Rafael Aviña, crítico de cine); “Era alérgico a la tristeza” (Rosalía Valdés, biógrafa e hija de Tin Tan).
    Todos esos, y otros epítetos, calzan muy bien en la persona de Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo, mejor conocido como Tin Tan, cuyo genio y gracia serán recordados del 16 al 26 de abril en el Centro Histórico, como parte del Festival Tin Tan es cooltural.
    El programa incluye proyecciones de cine, la exposición al aire libre Aquí está tu pachucote, conformada por fotografías de gran formato, así como un concurso de diseño de playeras conmemorativas.
    Así mismo, el ballet Nuevo México, con 60 pachucos en escena, se presentará en tres tardeadas en las que además, profesores de baile enseñarán los secretos del cha-cha-chá, el swing y el mambo.
    Entre las sorpresas está la exhibición de objetos personales del cómico. “En el Museo del Estanquillo vamos a llevar los objetos personales de mi papá: su traje, su sombrero, sus cámaras, su colección de monedas. Estas cosas no se han exhibido nunca”. Estos objetos salieron de un baúl, adelantó Rosalía Valdés, hija menor del artista y principal organizadora del festival. “Mis hermanos y yo abrimos un baúl viejo de mi papá, que nos daba mucho miedo abrir por todo lo que toca mentalmente y emocionalmente”.
    Asimismo, se presentarán algunas canciones para niños escritas por Tin Tan. Además, un adelanto de un documental de Rosalía, que entre otras cosas habla sobre el tiempo en que Tin Tan volvió a la Ciudad de México y fue rechazado por algunos sectores, debido a su forma de “machucar” el español.


“Era un gran maestro
del desmadre, un Premio
Nobel del relajo, de la
guachapa , la alegrÍa y
el buen humor”..

                                        HÉCTOR GARCÍA
                                                 FOTÓGRAFO


Algo de tintanología
Tin Tan nació el 19 de septiembre de 1915 en una vecindad situada en el cruce de las avenidas Hidalgo y Paseo de la Reforma, y que ahora es el Hotel de Cortés. Allí vivió un tiempo con sus abuelos. Después residió en Ciudad Juárez, donde se embebió de la cultura fronteriza y los códigos pachucos —el spanglish, por ejemplo— que después llevaría al cine.
    Dotado de capacidades extraordinarias de mímesis e improvisación, sus imitaciones de Agustín Lara en una estación de radio fronteriza lo hicieron célebre. A principios de los años cuarenta del siglo pasado, regresó a la Ciudad de México, donde desarrolló plenamente su carrera de comediante, cantante y actor de doblaje. El Centro Histórico fue escenario de varias películas suyas, como El Revoltoso (1951) en la que Tin Tan escala el campanario de la Catedral.
    Su obra cumbre, de acuerdo con la encuesta Las 100 mejores películas del cine mexicano, son las cintas El rey del barrio (1950), con la posición 18, y Calabacitas tiernas (1949), en la posición 33. (La encuesta, efectuada entre 25 expertos, se publicó en 1994 en la revista Somos). Asimismo, los doblajes de Tin Tan para el oso Baloo de la película El libro de la selva (1967) y el gato O’Malley de Los aristogatos (1970), son considerados magistrales.
    Pero una de las contribuciones más señaladas del artista fue la de incorporar para siempre al cine mexicano el arquetipo del pachuco, con todas sus extravagancias: vestimenta, maneras y, sobre todo, habla. “Jale” (por trabajo); “cantón” (por casa); “waifo” (por esposo), son algunas de las palabras que Tin Tan introdujo en el habla popular mexicana. También frases como “No forgetées a tus relativos” (No olvides a tus parientes).
    El cronista Carlos Monsiváis describió así el fenómeno: “el dandismo desafiante del pachuco (una estética que es una ética, el estereotipo que presiente la necesidad de una contracultura, el fruto y la premonición de las primeras luchas de los mexicano-americanos), hallan en Tin Tan su versión azucarada y festiva, su adaptación y su divulgación comerciales”.
    En el ámbito de las simpatías populares, Tin Tan ocupa un lugar especial. Su cinismo, su frescura, su celebérrima impuntualidad, su natural encarnación del diablillo ingenioso que siempre cae parado y se las arregla para toquetear a las guapas y, más aún, quedarse con la más guapa, le ganaron un pedestal. Por algo este país, dividido en chivistas y americanistas en materia de futbol, muestra una división parecida en materia de cómicos de oro: tintanistas y cantinflistas.

La carne y el hueso
Cuando era pequeña, Rosalía Valdés, hija menor de Tin Tan lo llamaba “babito”. Ambos tenían una especie de rutina para cuando ella regresaba de la escuela, en la que él le pedía a ella un beso. “Yo era su muñequita, entonces le daba su beso y él se desmayaba. Le tenía que dar otro para que despertara”, cuenta Rosalía, en una entrevista. Tin Tan despertaba, pero no reconocía a nadie, y por ahí seguía el juego. Cuando él le pedía a ella sus calificaciones, “yo salía corriendo y me correteaba”.
    De Tin Tan también se ha dicho, hasta la saciedad, que era un mujeriego incurable, que siempre llegaba tarde, que despilfarraba el dinero o que se dejaba estafar. Rosalía encontraba parciales estas opiniones y en 2003 publicó La historia inédita de Tin Tan, libro en el que relata el idilio entre el cómico y su tercera esposa, Rosalía Julián. También lo muestra como un padre amoroso, juguetón y responsable.
    Para Rosalía, la muerte de Tin Tan, en 1973, a causa de un cáncer, tuvo un significado muy distinto que para el resto de México: “No necesitas que se te muera tu papá cuando eres adolescente”.
    De acuerdo con el libro, una noche Rosalía entró a la recámara de Tin Tan para cantarle, y lo encontró apretándose el estómago. “Al día siguiente llegaba yo de la escuela y vi una ambulancia estacionada frente a la casa. Sentí algo ardiente que me oprimía del cerebro a las piernas y no me dejaba respirar. Cuando mi papá vio que yo estaba allí, actuó como si nada diferente estuviera pasando. Hizo que quienes lo llevaban en la camilla se detuvieran y se incorporó para abrazarme. Me hizo señas de que le diera un beso y me acerqué con miedo a dárselo. Fingió desmayarse para que le diera un segundo beso, como era costumbre, yo se lo di, pero esta vez no volvió en sí”.

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