

El encabezado de nuestro reportaje central no es exagerado. En las 668 manzanas que comprende el Centro Histórico hay cerca de mil 800 edificios con valor patrimonial. La mayoría han sido intervenidos en algún momento —algunos están ahora mismo en obra— con diversos resultados.
Si bien esas actividades están sujetas a una regulación compleja —con componentes locales, federales e internacionales—, a juzgar por resultados como los de El Colegio Nacional o el Hotel de Cortés, la normatividad permite no sólo adecuar los edificios para usos contemporáneos, sino hacer patente que son intervenciones del siglo xx o xxi.
Las intervenciones enfrentan el reto de, por una parte, preservar los valores históricos de los inmuebles y del contexto en el que se sitúan, y por otra, la de reutilizarlos. Este complicado equilibrio es campo fértil para la discusión acalorada. Los expertos que consultamos para realizar el reportaje central de este número, concuerdan en lo esencial con estas palabras del arquitecto español Guillermo Vázquez Consuegra: “las intervenciones deben revelar su pertenencia al presente, no ocultarla; esta transición entre lo viejo y lo nuevo puede y debe evitar el choque, ser suave y procurar el diálogo entre las estructuras y sus tiempos. Es necesario escuchar a los edificios antiguos, buscar en ellos las claves para proponer cómo ha de ser la intervención”.
Al parecer no hay modelos ni recetas, cada caso requiere una evaluación cuidadosa de qué es lo que ha de preservarse y cómo han de agregarse los elementos contemporáneos. Esto supone actuaciones multidisciplinarias en las que impere el diálogo entre arquitectos, restauradores, ingenieros, arqueólogos e historiadores, y a veces tareas titánicas como la que supuso la restauración del antiguo hospital de Betlemitas, hoy sede del Museo Interactivo de Economía (Mide), que se llevó 12 años de trabajo y permitió descubrir una joya arquitectónica oculta bajo varias capas de elementos agregados.
En la búsqueda de ejemplos representativos, encontramos todo un catálogo de variantes, unas más controversiales que otras —como El Colegio Nacional—, unas con reconocimiento internacional —como el Mide o los edificios del arquitecto José Luis Benlliure en 5 de Mayo—, curiosidades —como el templo de la Enseñanza—, o casos que aún huelen a nuevo —hoteles Hampton Inn y De Cortés. No queda sino invitar a los lectores a que los conozcan y los disfruten.
También en este número ofrecemos un adelanto de lo que serán las exposiciones Entre bárbaros y Somnolencias, de los fotógrafos Víctor Mendiola y Benjamín Alcántara, respectivamente; noticias sobre la nueva sede de la Central del Pueblo, así como la historia de un legendario expendio de café con 80 años de servicio en el barrio de La Merced.