
Antanas Mockus, dos veces alcalde de Bogotá, demostró que las acciones de pedagogía y cultura ciudadana mejoran comportamientos. Hoy encabeza CorpoVisionarios por Colombia, organización no lucrativa que asesora a gobiernos, entre ellos el del Distrito Federal, en el diseño y ejecución de políticas públicas.
Por PATRICIA RUVALCABA

¿Por quÉ cree que podemos cambiar conductas y actitudes “por las buenas”?
Antiguamente se decía que cuando hay cero educación, toca educar a la gente en el temor a Dios, y que cuando hay un poco de educación, ya se puede educar en el amor a Dios. Hoy en día, no hablaríamos en términos de Dios, sino de respeto al ciudadano, al desconocido.
Con muy mala educación, las lealtades, los cuidados son sólo para seres cercanos. Típicamente, no voy a toquetear a la hermana de mi mejor amigo, pero sí a una desconocida en el transporte público. Uno se refugia en el anonimato: como nadie me conoce, puedo dejar salir el demonio que cargo a bordo.
Hay veces que la gente defiende comportamientos colectivamente adoptados, como tirar la basura al suelo o saltarse la fila en el banco, y si no hay suficiente consenso social alrededor para señalar las faltas o impedirlas, todos se unen al desorden. Además, en sociedades como la mexicana y la colombiana, la actitud de muchas personas es ‘usted no sabe con quién se mete’, es como una relación señorial, de privilegios.
Con un poco de educación, entiendo la regla de oro, quiero tratar a los demás como quisiera que me traten a mí. Ahí es donde aparece la noción de ciudadanía. Entre más democrática es una sociedad, más la gente se siente ciudadana y mejor trato le da al desconocido, le reconoce de entrada todos sus derechos. En la democracia se acaban los privilegios: todo mundo tiene que hacer fila, respetar al agente de tránsito o pagar impuestos.
“cuando se
construyen
oportunidades de colaborar, y la gente colabora y no hace trampa, hay un escubrimiento colectivo, se dicen ‘ah, no Éramos tan terribles como creíamos”.
antanas mockus presidente de
CorpoVisionarios
¿CÓmo desarrollÓ estas ideas desde la alcaldÍa de BogotÁ?
El comportamiento es pegajoso, tanto el bueno como el malo. El chiste es cómo nos apoyamos no sólo en las normas sociales contagiosas, sino en las normas morales, la conciencia.
Es una transición difícil, (pero) cuando usted construye oportunidades de colaborar, y la gente colabora y no hace trampa, hay un descubrimiento colectivo, y se dicen “ah, no éramos tan terribles como creíamos”. Creo que la experiencia de Bogotá fue ésa, dar cinco o seis oportunidades, con el pago de impuestos o el ahorro del agua, casos en los que la gente dejó asomar el lado bueno.
Para lograr sus objetivos tuvieron que ser muy creativos… (Una de sus medidas mÁs memorables fue colocar en los cruceros a mimos que desplegaban un letrero con la palabra “¡Incorrecto!” cuando los peatones o los automovilistas cometÍan una falta).
Claro, corregir amablemente los comportamientos indebidos es muy importante. Hay gente a la que el castigo le resbala, por eso hay que usar la norma social por las buenas, es decir, la buena reputación, el reconocimiento social, que son como premios que le dan a uno por ser correcto. O por las malas: rechazo social, vergüenza, mostrar que está mal lo que acabas de hacer, pero sin humillarte.
Éstos son los principios de la sanción pedagógica.
La sanción legal, la cárcel, sirve, debe haber castigos, pero el castigo también puede ser mejorado, demostrar que es justo, aplicarlo sin saña.
Su metodologÍa contempla que los gobernantes se reeduquen. ¿CuÁl es su tesis en este caso?
Normalmente, los gobiernos viven defendiéndose y exaltando su labor. Lo curioso es que a veces la autocrítica funciona. Cuando llegué a la alcaldía de Bogotá, desconocía el reglamento de justicia cívica. ¡Había sido rector de la Universidad Nacional, y no conocía la ley! Entonces, el que yo dijera “yo no conocía la ley” ayudó al ciudadano a comprender que estábamos en las mismas, aprendiendo a ser ciudadanos.
Si yo digo: “señor ciudadano, todos estamos aprendiendo”, es diferente a si digo: “señor ciudadano, tiene que aprender, que yo me las sé todas…”.
Uno no nace ciudadano, así como uno no nace hablando. Para que uno hable, a uno le tienen que hablar; para que a uno lo vuelvan ciudadano, a uno lo tienen que tratar como ciudadano.
¿Y ademÁs de ser autocrÍtico…?
El gobierno tiene que sacar el balance pedagógico de lo que hace, y debe poder reconocer a veces que cierta política no funcionó y decir: “aprendimos que…”. Entonces, una de las cosas que uno puede aprender es a medir el progreso, o si no quedar sometido a un tribunal de opiniones… si no hay indicadores, si no hay números, quedamos en una discusión insoluble.
¿CuÁl fue su experiencia en el centro histÓrico de BogotÁ, en La Candelaria?
En La Candelaria hubo varias cosas. Una fue la política de atraer residentes, algunas remodelaciones fueron subsidiadas para lograr que gente quisiera ir a vivir. Y ayudó mucho la vinculación del centro de Bogotá con las universidades.
Es deseable que el grupo de residentes sea heterogéneo, clase alta, media, sectores populares, y ése es el atractivo de La Candelaria, vivir juntos, discutir juntos. La vida democrática es más exigente y más interesante cuando se muestra gente distinta.
Y la identificación con el patrimonio sí es un factor de importancia para este tipo de espacios. Lo bonito del centro histórico es que personas muy distintas pueden mirar la misma virgen por razones completamente distintas y en esa común humanidad hay algo admirable. No es lo mismo ver esa obra de arte con sólo unos ojos, hay un acompañamiento que desde ángulos muy distintos valora algo, y eso es muy importante.
| “CUIDADOSAMENTE OPTIMISTA” |
CorpoVisionarios viene trabajando con el gdf para transformar algunos comportamientos indebidos y generalizados. Un primer diagnóstico arrojó cierta apertura de los mexicanos a corregirse, si está en juego la opinión que de ellos tengan sus familiares y seres cercanos. Para Mockus, ése es un terreno fértil para trabajar en acciones compartidas entre gobierno y ciudadanos. |