
Teórico y activista en favor de políticas públicas urbanas “de resistencia” en su natal Barcelona, el autor de La ciudad conquistada (2003) habla aquí sobre espacio público y ciudadanía.Por PATRICIA RUVALCABA

Para usted la ciudad está en la calle, más que en las casas…
La ciudad es la calle y la plaza, son los lugares de ciudadanía, que crean y expresan el nivel de ciudadanía, de libertad e igualdad. La calle que nos lleva a los centros, la calle que articula la ciudad, que nos proporciona recorrido y escenario. A diferencia de una carretera, la calle es función y es paisaje.
La ciudad también es la plaza, lugar relacional por excelencia, ordenador funcional y referente icónico, que puede maximizar la intensidad de la actividad económica y de la vida social.

¿Qué tiene qué ver eso con la ciudadanía?
En la calle y la plaza es donde se expresa la ciudadanía colectivamente. Es un espacio político y cultural donde se expresan valores y formas de ser de las personas, elementos de identidad y pautas que permiten la vida en común. Y conflictos: las manifestaciones, las concentraciones, las luchas sociales.
El espacio público para mí es un espacio de ciudadanía en dos sentidos. Primero, es donde se pueden expresar los ejercicios de los derechos de los ciudadanos. Y segundo, es donde se puede expresar la lucha por conseguir estos derechos.
El espacio público también refleja qué tan democrático es un gobierno. No es únicamente el que los gobernantes sean electos, sino que promuevan políticas públicas que maximicen las libertades y las igualdades entre todos los ciudadanos.
Por eso creo que la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo no son democráticos, empezando por los europeos. El hecho de negar a la población de origen inmigrante igualdad de derechos, les descalifica como gobiernos democráticos.
Además, han impulsado políticas públicas de vivienda, de urbanización, que han favorecido la segregación social y por tanto, la desigualdad social.
En ese sentido, ¿cómo ve al Centro Histórico como espacio público?
Yo creo que el Centro Histórico en México es una expresión de un cierto proceso de democratización.
La represión de la Plaza de las Tres Culturas (1968) es un momento de involución democrática, es un acto criminal de terrorismo de Estado. A unas personas que estaban ejerciendo un derecho ciudadano reconocido, manifestándose en un espacio público, se las mata simplemente, a otras se las encarcela.
En cambio, en el terremoto de 85, (la autoridad) establece una relación de diálogo con los afectados. Aquí se inicia un proceso que culmina con la democratización política del D. F., el nuevo gobierno electo del D. F., etc., a lo largo de una década, entre mediados de los ochenta y mediados de los noventa.
Ese trance se refleja en el Zócalo, que deja de ser un espacio vedado para las movilizaciones sociales. Se conquista el Zócalo, que es muy simbólico, y se revaloriza el Centro Histórico como un espacio significante para los ciudadanos.
El Centro Histórico de Ciudad de México es un indicador de un proceso de democratización más general, con sus avances y retrocesos, con sus contradicciones, porque al mismo tiempo hay zonas de inseguridad, o hay zonas degradadas, hay conflictos con los ambulantes... Pero hay vida, hay expresión social, hay valores culturales, y éste es un centro histórico que no es únicamente para turistas, no es únicamente monumental, aunque también sea esto. Es un centro histórico en el que la Ciudad de México en su conjunto puede encontrar un elemento especialmente significativo.

Usted advirtió sobre “los procesos disolutorios de la ciudad”, en particular sobre la renta especulativa del suelo y el uso de la ciudad como negocio por parte de los actores económicos y políticos. ¿Cómo ve al Centro Histórico ante esos retos?
La inversión privada es necesaria, así que la cuestión es crear un compromiso entre este interés lucrativo de los inversores y un interés general de mantener una parte importante de residencia y de comercio popular, de mantener un espacio público que permita la fiesta, la animación, etcétera.
Por lo tanto, sí tiene que haber una autoridad muy fuerte y con las ideas muy claras que sepa a la vez atraer, pero también poner condiciones, a los actores privados que pueden ver en el Centro una oportunidad de beneficio.
| La ponencia “La ciudad es la calle. El espacio público y los centros históricos como test de la ciudad democrática”, de Jordi Borja, se pueden consultar en www.puec.unam.mx/jordi_borja_ponencia.pdf |