
Desde abril pasado, vecinos y comerciantes del Centro Histórico
colaboran en identificar, según sus propios valores y experiencias,
el patrimonio cultural material e inmaterial de sus barrios.
Por Patricia Ruvalcaba

Los participantes identifican los valores patrimoniales
de su barrio y proponen medidas para su cuidado.
Joel Benavides lleva ocho años vendiendo libros a un costado de la Biblioteca México.
Él fue el primer sorprendido al enterarse de que su actividad es considerada parte del patrimonio cultural inmaterial del barrio de La Ciudadela. ¿Quién dictaminó eso? Los vecinos del barrio."No me lo esperaba, fue muy padre encontrarnos con que la gente nos tenía considerados", dice Joel, de 38 años y quien heredó de su madre el oficio de librero. "Es algo que la verdad nosotros no lo pensábamos", reconoce emocionado.
La declaración surge un lunes lluvioso de junio en la Biblioteca México, después de que Benavides y otras 24 personas —entre vecinos y comerciantes de la zona— participaran en un taller de tres horas. Allí decidieron cuál es el patrimonio cultural material e inmaterial que poseen, qué riesgos corre ese patrimonio, qué acciones hay que emprender para cuidarlo y quiénes deben actuar.
El ejercicio se está replicando, desde abril pasado, en los aproximadamente 30 barrios que componen los perímetros A y B del Centro Histórico; de ellos saldrá el primer inventario del patrimonio cultural realizado desde el punto de vista de la gente. Algo que no siempre coincide con el de autoridades, académicos u organismos civiles.
La voz del depositario
El desarrollo de los talleres es un esfuerzo tripartita del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México (fch), la Oficina en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la Universidad del Claustro de Sor Juana (ucsj).
Los ejercicios siguen una metodología diseñada para sitios inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. La metodología, elaborada por ese organismo internacional, ha sido probada en varias zonas de Latinoamérica, como Cartagena, en Colombia, Macchu Pichu, en Perú, o Papantla y Oaxaca, en México.
Lo que se busca es propiciar la participación ciudadana en los "procesos de valoración, rescate y conservación de espacios patrimoniales", así como provocar "sinergia entre las dependencias encargadas de la acción pública y los otros actores sociales presentes en el lugar".
Se trata de principios que "comenzaron a incorporarse al ámbito de la gestión pública" a partir de la década de los noventa, de acuerdo con un documento explicativo de la Unesco.
Actualmente, argumenta, las decisiones sobre gestión de patrimonio "no pueden reducirse a elecciones técnicas, sino que requieren elecciones de valor sobre la distribución de costos, beneficios y riesgos", de ahí la necesidad de que las comunidades participen "en la construcción de proyectos relacionados con su patrimonio"
AclimataciÓn mexicana
"Por lo regular, quien habla de los sitios patrimoniales es el servidor público, el investigador, el funcionario de organismos internacionales. Pocas veces es el vecino o el comerciante o la señora que ahí vive quien te habla del patrimonio cultural del que es depositario y custodio", dice el jefe de la unidad de Promoción del fch, al explicar qué se espera obtener del proyecto.
Para estos fines, un barrio es "el polígono o el área territorial donde los vecinos, trabajadores y paseantes de esa zona tienen elementos de identidad común".
El proceso tiene cuatro pasos. El primero, llamado prediseño de gabinete, consiste en delimitar con un mapa perimetral cada barrio y darle una denominación: La Merced, Guerrero o Mixcalco, por ejemplo.
El segundo paso, un cotejo de campo, es una aportación del fch a la metodología de la Unesco. Consiste en realizar una encuesta —a 100 personas, 50 de ellas transeúntes y 50 "usuarios regulares"— en las calles del barrio en cuestión. Esto, para saber si el nombre y los límites convencionales coinciden con la percepción de la gente.
La encuesta sirve asimismo para "corregir" los límites barriales. Con esas definiciones, el tercer paso es invitar formalmente a 50 personas residentes o con actividades fijas en el barrio, a participar en un taller sobre patrimonio.
El cuarto paso es la realización del taller. Generalmente llegan de 25 a 30 personas, y con ellas se trabaja, dividiéndolas en cuatro mesas. Los grupos suelen ser heterogéneos (edad, sexo, ocupación), lo que facilita el obtener puntos de vista diversos.
Los participantes dan primero su opinión individual, luego por mesas.
Finalmente, se efectúa una plenaria en la que se eligen los cuatro elementos —bien, actividad o sitio— patrimoniales más relevantes del barrio, es decir, los que más se repiten. Todo se registra por escrito en una matriz creada exprofeso.
Las primeras listas, que resultan cuando se pregunta a la gente qué bienes les gustaría que pudieran disfrutar en el futuro sus hijos o nietos, son reveladoras.
En el taller realizado en la Guerrero, por ejemplo, los participantes enlistaron desde las fiestas del Día de los Ángeles (2 de agosto), las convincentes historias de un vecino muy mayor, de la escuela Belisario Domínguez —"porque tiene unas pinturas de Diego Rivera"—, el Café Coatepec —"porque vienen muchos artistas y gente famosa", pasando por la casa de Antonieta Rivas Mercado, la estación del metro Guerrero y el tianguis de El Chopo.

en el taller del barrio de lecumberri, el pasado 14 de junio.
"AhÍ comÍa de niÑo"
Luego, los participantes asignan valores al bien elegido y explican "por qué los tacos de fulanito son relevantes, porque ahí comía de niño, porque ahí conocí a la novia, en fin, elementos subjetivos del ciudadano que permiten reconocer cómo se construye el valor de un bien patrimonial; no por consigna ni declaración oficial, sino por vivencia cotidiana del que ahí está", explica el funcionario.
Viene después una parte "propositiva" en la que identifican los riesgos que exponen el bien patrimonial a su deterioro o desaparición —ambulantaje, inseguridad, vandalismo, contaminación, etc.
También "cuáles debieran ser las medidas a tomar, y quién debería llevarlas a cabo, qué autoridad, qué universidad, qué iglesia".
Al final, los vecinos señalan el compromiso que están dispuestos a asumir.
Así, "no sólo reflexionamos sino que orientamos toda la reflexión hacia la generación de compromisos recíprocos", concluye el funcionario del
fch.
En La Ciudadela, los participantes se comprometieron, entre otras cosas, a no tirar basura al piso ni maltratar el mobiliario de la Plaza, solicitar a las autoridades programas de fomento a la lectura y apoyar a los locatarios del mercado para que obtengan certeza jurídica sobre sus locales.
"Demasiado cariÑo"
En el taller del 14 de junio, del barrio de La Ciudadela, se eligieron como los elementos más relevantes: la venta de libros en avenida Balderas, la Biblioteca México, el mercado de artesanías y la plaza de La Ciudadela.
Otros bienes significativos mencionados en las listas preliminares fueron los bailes de danzón que se efectúan en la Plaza, el teatro de La Ciudadela y el reloj chino de Bucareli. Para los participantes, la zona constituye todo un "corredor cultural".
El librero Joel Benavides tenía en su lista individual esos elementos, por los que dice sentir "demasiado" cariño, "pues ya tantas cosas vividas...".
Considera importante que en el proceso de recuperación del Centro, "tomen en cuenta a los que trabajamos, a los vecinos, que den su punto de vista individual y colectivo para hacer un mejoramiento de la zona" y se dice muy motivado para trabajar en eso con ellos.
Otra participante, María de Lour-des Pérez, de 47 años, labora desde hace 25 años en la escuela vocacional 5 Ciudadela.
Pérez opina que para valorar el patrimonio es necesario "saber que no es una piedra sobre otra, que no es una escultura abandonada, sino que todo tiene una historia". Así cobran otra dimensión: "es la historia misma, nuestra identidad".
Para ella, una vez que "no sólo lo ves, sino que te interesa", surgen ideas de qué hacer con ese patrimonio. "¿Por qué no tener limpio el jardín, por qué no aprovecharlo para caminar, leer o dar un tallercito?".
Se espera que el cómputo final de resultados de los talleres de planeación participativa concluya hacia septiembre próximo.
Como reza el documento de la Unesco: "Una de las piezas centrales de la metodología (…) es la construcción de un mapa de valores y atributos del sitio en el cual convergen la información de los expertos y la percepción de la comunidad".
Según el convenio que suscribieron las tres instituciones involucradas, cada una hará lo que desee con los resultados, los cuales se informarán también a los participantes de todos los barrios. En cuanto al
fch, la información que surja se verterá en el Plan de Manejo del Centro Histórico.

En los talleres participan alrededor de 30 personas, los grupos suelen ser heterogÉneos.