
¿Qué tan contemporáneos pueden ser
los edificios que se construyen en centros históricos? Y cuando se intervienen edificios o grupos de edificios antiguos, ¿qué restricciones debe haber? ¿Qué clase
de problemas se enfrentan?
Por Jocelyne Pantoja
En la sesión de clausura del
vii Encuentro Internacional de Revitalización de Centros Históricos, el pasado 29 de octubre, cuatro expertos debatieron sobre el tema La arquitectura de hoy dentro del contexto histórico: instrumentos para México.
Km.cero estuvo allí.
PaÑo y altura
A veces hay que adaptarse a ideas arquitectónicas elaboradas hace siglos, y viceversa. Así lo mostró en su exposición el arquitecto mexicano Teodoro González de León, quien ha realizado varias intervenciones en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
González de León dijo que “es necesario, como regla elemental en los centros históricos, conservar paño y altura”, es decir, que las nuevas construcciones respeten estas características de los edificios colindantes, para “dar continuidad a la manzana y no romper con la trama urbana”.
Como ejemplo puso el edificio de Banamex de Isabel La Católica 44, donde él reconstruyó una parte del palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso (edificado en el siglo xviii por uno de los grandes exponentes del barroco, Francisco Guerrero y Torres), el cual se dañó en el sismo de 1985.

Aspectos de el colegio nacional, edificio
intervenido por
teodoro gonzÁlez de leÓn
El resultado fue un proyecto de arquitectura figurativa contemporánea, “en el que buscamos un diálogo con el edificio de Guerrero y Torres, conservando la ventana en H, que es una de las principales aportaciones formales del barroco de la Ciudad de México”. Ese diálogo se manifestó además en los materiales: “el edificio contiguo está construido en Tezontle, entonces hicimos una mezcla innovadora de grano de mármol (en lugar de grava) y tezontle, que da un color que si bien no es el mismo, los hermana de alguna manera”.
Muy diferente fue su experiencia en el edificio que hoy alberga El Colegio Nacional (una construcción colonial, parte de lo que fue el antiguo colegio y convento de La Enseñanza, fundado en el siglo
xviii), ubicado en Luis González Obregón 23. “El edificio tenía dificultades, que las dominamos. Lo que fue casi imposible fue la actitud de las autoridades del inah (Instituto Nacional de Antropología e Historia), estuve a punto de dejar la obra porque me impedían tocar casi cualquier cosa. Al fin logré lo que quería, abrir huecos para que entrara la luz, la luz que necesitamos para trabajar en el siglo
xx y
xxi; entonces pusimos pisos de vidrio, para que pasara la luz de un piso a otro”.
En un tono semejante habló el arquitecto español Guillermo Vázquez Consuegra, quien ha intervenido edificios y zonas históricas tanto en su país, como en Italia y Colombia.
Para Vázquez , el hecho de trabajar en edificios y zonas históricas supone limitaciones establecidas por las normas de cuidado del patrimonio y por tener que partir de “una forma y una volumetría dada”, pero esas limitaciones han de verse como oportunidades. “Es necesario escuchar a los edificios antiguos, buscar en ellos las claves para proponer cómo ha de ser la intervención”.
Vázquez abogó por “combatir el fetichismo, el conservacionismo a ultranza que impide transformaciones”. En esa medida, “las intervenciones a edificios históricos deben revelar su pertenencia al presente, no ocultarla; esta transición entre lo viejo y lo nuevo puede y debe evitar el choque, ser suave y procurar el diálogo entre las estructuras y sus tiempos”.
Integrar a los habitantes
En cuanto al aspecto social, la arquitecta chilena Paz Undurraga, miembro de la organización Ciudadanos por Valparaíso, cuyo objetivo es trabajar por una ciudad que “seduce para habitarla y visitarla, pero que continúa siendo una ciudad de los porteños”, advirtió sobre las consecuencias sociales de las intervenciones arquitectónicas que ignoran o no integran a los habitantes en el cambio.
Undurraga expuso el ejemplo de Valparaíso, que fue declarada recientemente Patrimonio Cultural Mundial por la unesco, lo que provocó “sobreexplotación de barrios, aumento de las inversiones, que por la forma en que se llevaron a cabo, produjeron también especulación, así como una tendencia al mejoramiento superficial de la zona histórica”.
Como respuesta a ese fenómeno, dijo, más de 10 organizaciones ciudadanas han delineado tareas que ayudarán a “hacer del patrimonio un recurso colectivo y una herramienta para mejorar la calidad de vida local”.
Un ejemplo es la campaña Que nadie nos tape la vista, con la que Ciudadanos por Valparaíso logró reducir la zona donde pueden construirse edificios de gran altura a la orilla del mar, una práctica que de manera masiva hubiese dejado a numerosos habitantes sin el disfrute de las vistas.
Para la experta, los desafíos que supone el cuidado del patrimonio serían: reconocer, validar y potenciar la identidad cultural; ponderar la presencia y la participación del habitante; estimar las dinámicas cotidianas de uso; valorar el genio propio y promover la apertura de debates multidisciplinarios.
Normas urbanas coherentes
La postura oficial sobre el tema fue fijada por Alfonso de María y Campos, director general del
inah, institución coorganizadora del Encuentro, junto con el Centro Cultural de España.
Mencionó que “la dialéctica de lo nuevo y lo existente no debe leerse como una disyuntiva, sino como una confluencia enriquecedora cuando se acota con normas urbanas coherentes y claras, fincadas en la trama y en la urdimbre de referencias y señales sedimentadas por el tiempo y grabadas en el imaginario colectivo. Estas normas deben tener como objetivo la salvaguarda de la memoria material y el mejoramiento de la calidad de vida en los antiguos asentamientos”.
“La arquitectura de hoy, añadió, necesita responder a los cambiantes requerimientos de la sociedad y debe plantearse cómo adaptar un sinnúmero de edificios en zonas de monumentos históricos que no cumplen con esa premisa”, precisó el funcionario.
Ir con la modernidad
Entre las conclusiones de la sesión, se señaló que “los centros históricos y la ciudad en su totalidad están hechos de arquitectura; constituyen una adición de ‘arquitecturas’ (….). Por ello, las intervenciones en los conjuntos históricos requieren también de la presencia de arquitectura contemporánea”.
“En este sentido sería importante subrayar que (…) las intervenciones cuyo objetivo sea el de crear un falso histórico, renuncian a la actividad creativa y se convierten en un formalismo de poco valor”.
“A nosotros nos corresponde asegurar que los centros históricos se adapten y avancen, no contra o tras la modernidad, sino con ella, contribuyendo a marcar los tiempos y formas que vaya adoptando”.
La idea es lograr que también en los centros históricos “el individuo pueda desarrollar sus actividades cotidianas con facilidad y plenitud”.