Desde septiembre pasado el arquitecto Felipe Leal es el titular de la Autoridad del Espacio Público (AEP). Qué implica esta responsabilidad y qué acciones inmediatas se tomarán en el Centro Histórico, son los temas de esta entrevista
Por Sandra Ortega

“A la Autoridad del Espacio Público le corresponde establecer una política frente al espacio público”, define, por principio, quien fuera director de la facultad de Arquitectura de la unam de 1997 a 2004.
    “Desde hace 30 o 40 años, que la ciudad empezó a desorganizarse, no se han tomado medidas para regular y coordinar las acciones que se realizan en materia de infraestructura urbana. Esto explica, en parte, por qué en nuestra ciudad hay puentes de todos los colores o por qué hay espacios públicos emblemáticos en el abandono. Es un trabajo inmenso, porque la Ciudad tiene un amplio deterioro en este campo”.
    Son dos las principales líneas de trabajo de la aep. Por una parte, está la elaboración de la normatividad que señalará, por ejemplo, cómo deben ser los cruceros, la anchura de las banquetas o los colores de las rejas; también establecerá una política de siembra de árboles que considere criterios estéticos y de sustentabilidad.
    Para elaborar esas nuevas reglas (con mecanismos de vigilancia y supervisión) hay criterios generales sobre lo que debe ser la ciudad.
    “Se trata de lograr que la ciudad tenga paulatinamente una identidad visual continua; de favorecer al peatón, de buscar otras formas de movilidad que ayuden a mejorar el espacio público, como son el uso de la bicicleta y el transporte público; de incorporar muchos elementos vegetales y mejorar la iluminación y el mobiliario urbano”.
    La otra parte sustantiva del trabajo de la aep es generar proyectos para intervenciones específicas en espacios públicos deteriorados o subutilizados. Dos de ellos, ya en marcha, buscan atender lo que Leal ha identificado como “las tres grandes caries del Centro Histórico”.

El Centro y sus dolores de muelas
“A partir de la segunda mitad del siglo xx, el Centro empieza a despoblarse y al mismo tiempo se llevan a cabo grandes obras viales que modifican el trazo de la Ciudad”, explica Leal. “Ésos y otros factores contribuyeron a generar los dolores de muelas del Centro”, señaló el autor del exitoso reordenamiento vial de Ciudad Universitaria en 2007.
    “Son tres oquedades, tres vacíos urbanos que hay que atender. En primer lugar está la plaza Tlaxcoaque, en la parte sur del Centro Histórico. Es como un triángulo de las Bermudas, que no es de nadie ni de nada. El gobierno de la ciudad organizó un concurso y se va a hacer un parque, un área verde, en esta zona de mucha dureza pétrea. Tendrá una vocación recreativa y cultural, y absorberá algunas de las actividades que se realizan en el Zócalo”.
    “Otro punto es Garibaldi, la emblemática plaza de los mariachis y el tequila, símbolos de identidad nacional, donde el ochenta por ciento de los predios están abandonados; sólo veinte por ciento ofrece servicios nocturnos y son sólo bares. Tiene un mercado popular, el de San Camilito, utilizado únicamente al treinta por ciento de su capacidad. Hay abandono, deterioro social y físico”.
    “Queremos rescatar integralmente esa plaza, con la renovación de los servicios que se ofrecen ahí, incorporando un museo del tequila y del mezcal, una escuela de mariachi y un rincón de la gastronomía mexicana; una plaza a la que podamos acudir de día o de noche y que esté más vinculada con La Lagunilla, para que este mercado de viejo también se revitalice”.
    La tercera pieza careada es la Plaza de la República, donde está el Monumento a la Revolución. “Todo el perímetro y los edificios circundantes eran como el templo, la plaza del viejo régimen, del aparato corporativista mexicano; pero eso se desmoronó y quedaron muchos edificios abandonados, algunos deteriorados, y una plaza dos mil metros cuadrados más grande que el Zócalo”.
    “Hay que recuperar el monumento y el bellísimo mirador que tiene; mejorar el Museo de la Revolución y tal vez hacer una mediateca para atender a los jóvenes, hay que hacer un magneto, porque no hay nada, no hay a qué ir”.
    En Garibaldi y en la Plaza de la República, la aep está ya en la fase de gestión de proyectos y se han iniciado obras parciales.


“El espacio pÚblico es el seno de la polis. Es donde nos encontramos, nos comunicamos, convivimos, dialogamos, hacemos actos rituales, protestamos (…). Una ciudad sin espacio pÚblico es inimaginable”.


Sin gente, no tendrÍa sentido
El sentido fundamental del trabajo de la aep, resume Leal, es que el espacio público se use y se disfrute. “Los fines de semana se pasea en los centros comerciales en lugar de en las plazas. Los espacios públicos tienen que recuperar esa vocación, pero tienes que generar atractivos culturales, sociales, de recreación, para que la gente vuelva a la calle”.
    Pero, advierte, los cambios son graduales. Un ejemplo es la recién recuperada calle de Regina. “No es sólo arreglar la calle, luego hay que hacer una promoción de usos, para que pueda tener una vocación distinta. Puede ser bellísima, pero si la gente no sale, si de los frentes de esos edificios no se vuelca actividad hacia la calle, no tiene sentido”.
    “También hay que entender que es un proceso lento, pero hay una gran infraestructura cultural y comercial, hay una política, hay acciones diarias, es un cambio paulatino, como el que muchas ciudades han experimentado en sus centros históricos”.

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