La arquitecta ecuatoriana Dora Arízaga recorrió el Centro Histórico durante cinco días, en enero pasado. El último de ellos, compartió con Km.cero algunas de sus impresiones.
POR SANDRA ORTEGA


    “Me parece que en el Centro Histórico de la Ciudad de México se ha iniciado un proceso. El gobierno ha asumido en serio la intervención y creo que se ha abierto el espacio para un gran acuerdo social que permita recuperar esta área tan importante de la ciudad”.
    Lo fundamental es conseguir que el esfuerzo “sea sostenible y no coyuntural”.
    Para lograrlo, ubicó seis factores principales. La construcción de acuerdos institucionales y la elaboración de un plan estratégico; la participación de todos los actores y la conservación del carácter democrático y plural del espacio; el repoblamiento y el esfuerzo para terminar con los estigmas que aún existen sobre el Centro.
    “Es necesario que las líneas que se están trabajando actualmente estén en un plan que marque las directrices y reúna los acuerdos, de manera que dejen de ser elementos sueltos. Que sea un paraguas para que todos estén
trabajando sobre lo mismo y haya un horizonte claro de a dónde se quiere llegar. Sobre todo porque es un proceso largo y complejo y se necesita una ruta de largo aliento”, señaló la especialista.
    Ese paraguas, conocido como plan de manejo, debe ser el punto de partida para tejer “micro planes temáticos” que atiendan problemas como el comercio informal o la vivienda, abundó Arízaga.

La vida atrae a la vida
La experta, quien ha dedicado años de trabajo y estudio al cuidado del patrimonio y a la gestión de centros históricos en América Latina, dijo que otro tema muy importante es cómo hacer que la gente regrese a vivir al Centro.
    “Para que eso suceda pasarán muchos años, tal vez décadas, y se necesitará mucho dinero y muchas voluntades políticas. Hay que diseñar reformas legales, políticas de financiamiento, de facilidades. Y, obviamente, para que la gente viva aquí se tienen que tener todos los servicios, y en esa medida ser competitivo con otras áreas de la ciudad. El repoblamiento es fundamental, necesariamente la vida atrae a la vida”.
    También, advirtió, hay que terminar con los estigmas de que es una zona insegura, sucia, que sólo tiene museos e iglesias. Mostrar las potencialidades del Centro y lograr que la gente regrese o venga a conocerlo, es un reto muy grande.

Evitar la gentrificación
En muchas ciudades de América Latina se han realizado procesos de recuperación de centros históricos. ¿Qué distingue al de la Ciudad de México?
    “Primero se diferencia por su gran dimensión, y por cómo está presente esta historia viva, cómo se van sobreponiendo las manifestaciones de las distintas épocas, desde las ruinas más antiguas hasta la actualidad. También esa suerte de dignidad y de resistencia de la gente frente a todo lo que pasa, están allí, a pesar de todo. Y esa cultura es una fuerza enorme y es un hilo conductor que da identidad”, aseguró la también asesora del ministerio de Patrimonio Natural y Cultural de su país.
    “Partimos de que es una ciudad heredada. Es el libro abierto de la vida de la ciudad, con el nombre y apellido de las generaciones. Es patrimonio de todos, entonces no puede pensarse en que sea un área sólo para los ambulantes, o sólo para el disfrute de los turistas, es el espacio ciudadano, es la polis”.
    La recuperación de centros históricos es “una responsabilidad social muy grande, pues el cuidado y la atención que requieren va más allá de la parte física, no son monumentos arqueológicos muertos”.
    Se han establecido ya muchos criterios para cuidar el patrimonio material pero, señaló, es necesario encontrar mecanismos para “preservar la cultura que está en la vida de los barrios. Esa diversidad, ese sitio plural y democrático, la gente lo tiene que querer, sentir que es su referente, que es la herencia de la abuela”.
    Arizaga explicó experiencias que han ido en otras direcciones, como Cartagena de Indias, en Colombia, o Guatemala la vieja, cuyos centros “quedaron preciosos, maravillosos, pero están en manos de la gente rica y esto ha causado lo que se conoce como gentrificación (del inglés gentrification: proceso por el cual un barrio, que ha estado abandonado, vive una revaloración urbana que implica la expulsión de sus habitantes tradicionales y la sustitución por otros de clase media y alta).
    “Entonces se convierten en áreas sólo para el turismo. El habitante se siente desplazado, que ya no es de ahí y entonces hay inconformidad, porque es su ciudad que ya no es su ciudad, su espacio que ya no es su espacio. Esa relación afectiva de que mis abuelos se casaron ahí, del lugar donde celebrar a la virgen tal, se pierde, pues resulta que esos espacios están ocupados por otros y por otros que vienen un momento y se van”.
    Pero ante la magnitud de los retos que presenta el Centro Histórico, una gran ventaja es la fuerza de la cultura, las tradiciones y la ritualidad, aseguró. “Es esa cultura lo que hace la diferencia frente a la globalización, frente a la homogenización. Yo creo que el Centro requiere de sensibilidades y de conocimientos múltiples y de la convergencia de todas las voces”, concluyó.