

Por patricia ruvalcaba
Con cada puntada, hay un contraerse de los hombros, una mueca facial, un leve gruñido. El artesano lleva dos días dedicado a un huipil de manta cruda con adornos blancos, y cree que terminarlo le tomará todavía una semana. “Este trabajo es muy trabajoso. Es que la artisela —mezcla de algodón y rayón— es muy resbalosa”, dice, y sonríe: “cada oficio tiene sus cosas”.
A Santiago de la Cruz Velasco le enseñaron a bordar de niño, sobre todo su papá. En Jamiltepec, el pueblo de la costa chica de Oaxaca donde nació, “el hombre bordaba, hacía huipiles, rebozos, ceñidores; la mujer hacía el telar y la cerámica”.
Hace 30 años que vive del bordado, en el que plasma creencias y representaciones importantes para su grupo étnico-lingüístico, llamado aproximadamente, “sa-hashinisabí” (cabeza de lluvia).
La greca, una de las puntadas más antiguas, es la que ejecuta en el huipil blanco; con listón forma picos que luego bordea. La pata de gallo es una puntada espesa, que da a los colores la textura de un relieve.
La puntada “niño sundo-ho” rememora la leyenda de un niño, hijo de un gobernante, que fue raptado por “un águila gigante”. Los grupos de animalitos e insectos se llaman “de guasolo”, y “chata-coho” (espalda de serpiente) es una greca que serpentea. Hay más.
No tiene ninguno a la mano, pero Santiago se enorgullece de sus rebozos: “si usted los viera”. Suele invertir dos meses en decorarlos con bordados y trenzados. Él mismo tiñe la fibra de las barbas con “caracol, cochinilla o añil”, las tuerce una por una y las endereza “con un olote, para que se queden derechitas”. Pero si uno va a Jamiltepec, ya no verá bordadores. “Los que lo hacían ya se murieron, y los jóvenes ya no quieren, su mentalidad es irse a Estados Unidos”.
Debido a una enfermedad, Santiago se vino a la capital hace ocho años; a diario se le puede ver inclinado sobre su bordado, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, en Dr. Mora 5, a un costado de la Alameda Central.
“La gente ya no tiene mucho interés en la artesanía, y más ahorita…, no vendo así en cantidad, pero me ayuda esto.
“Me pongo aquí a trabajar para que la gente que pasa me vea, y ya me compran, porque ven que estoy trabajando, y les digo que no soy intermediario, vendo directo, soy artesano. Yo garantizo mi trabajo, porque sé que se van a llevar una cosa bien hecha”.