

Por patricia ruvalcaba
Cuando se acerca Semana Santa, en las ciudades, en los pueblos, en ranchos pequeños, miles de hombres preparan su cuerpo y su mente para representar con dignidad el calvario bíblico. Son los cristos, los elegidos de cada comunidad, entre cuyas tareas está el acicalarse. Entonces, en un rincón de la calle República de Cuba, en el Centro Histórico, los empleados de la casa de pelucas Amelia tienen que trabajar horas extra. La venta de “pelucas para Jesucristo” —o al menos la de barbas y bigotes— aumenta cuando los elegidos para representar la Pasión son “nuevos” y van a estrenar. A veces compran “el juego o equipo completo”, es decir, peluca, barba y bigote; a veces sólo éstos últimos, pues si en materia de cabelleras tiene bastante competencia, la Casa Amelia, con 77 años de vida, sigue siendo líder en el ramo de los pequeños accesorios peludos. También sucede —de hecho es lo más común— que los elegidos sean parientes de cristos precedentes, entonces reciben el equipo en préstamo.
Como sea, una vez usado, el equipo requiere mantenimiento. He aquí otra vertiente de trabajo. En vísperas de Semana Mayor, los empleados de Casa Amelia se afanan también en lavar, peinar y sacar brillo a cientos de pelucas, barbas y bigotes. “Le peinamos las pelucas a casi toda la República”, dice un orgulloso Damián Martínez, quien lleva 25 años en la tienda. “Nos las traen llenas de polvo, sudor (aquí baja la voz), vienen todas enredadas de aquí (se toca la nuca), ¡ah!, y están llenas de sangre (aquí abre mucho los ojos). ¡Huy, el agua (del lavado) sale roja roja!”.
La preparación no termina allí. La decisión sobre si el pelo va en caireles o “normal” depende de la edad y residencia del actor. Los caireles son los preferidos de la gente mayor y de pueblo. “Pero todo se moderniza”, acepta don Damián. Los “cristos” de ciudad gustan de lucir “más naturales”. Luego está el tema de la visibilidad y la seguridad. “Si les dejáramos el pelo suelto, al agacharse, como van cargando la cruz, el pelo les taparía la cara; y no, la gente quiere verlos, tomarles fotos, entonces les ponemos pasadores aquí (señala sus sienes), para que se les detenga. Y por dentro, les ponemos cuatro broches para que la peluca no se les caiga a la hora de la cachetada, como ha llegado a pasar (aquí habla de bulto y da un manotazo al aire)”.
án recomienda a los elegidos que inviertan en un equipo de pelo natural. “Con su mantenimiento, ¡dura hasta 15 años!”. El sintético en cambio, “en dos o tres puestas se hace pastoso”. Considérese que cada año, el elegido usará su equipo el Domingo de Ramos, el Jueves Santo (aprehensión de Jesús), y el Viernes Santo (calvario). También sugiere que el pelo vaya “corto”. “El señor de Chalma lo trae hasta acá (señala su pantorrilla), pero un cristo no, ¡imagínese!, con la cruz y eso. Para un cristo, tiene que ser cortito, una cosa bonita” (aquí, con una sonrisa de oreja a oreja y las palmas abiertas, apunta a su aparador).