POR PATRICIA RUVALCABA 
A veces son pensamientos. A veces, margaritas. O bien un collar de claveles rojos y blancos que recuerdan los colores patrios. No es que alguien tenga asignada esa responsabilidad, pero el busto de Cuauhtémoc en el cruce de 5 de Mayo y Monte de Piedad siempre tiene un ramo de flores frescas. Desde su pequeña isla-camellón, el último emperador azteca y abuelo eterno de la nación, mira con bravura hacia la Catedral. En sus rasgos parece haber quedado sellada la frase con que enfrentó a Hernán Cortés, una vez que México-Tenochtitlan había caído:
…“Señor Malinche: ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal

que tienes en la cinta y mátame luego”. (Según Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España).
    “Se coopera entre todos para ponerle flores a nuestro abuelo, no nomás aquí, también en Reforma (e Insurgentes, donde está el monumento a Cuauhtémoc)”, dice Jacobo Estrada, de 51 años y jefe de Tradición y de Mexicanidad de la asociación Grupos de Danza Azteca, cuyos miembros están apostados en esa esquina, en la acera de Catedral. “No somos los únicos, también gente de Querétaro, Puebla o el Estado de México, pero nosotros sí estamos aquí pendientes de que no le falten flores a nuestro abuelo. Él nos dejó valores que deberíamos seguir, de respaldar a nuestro país en cualquier momento. Nosotros no olvidamos esa herencia, no nomás somos mexicanos el 15 de septiembre, somos mexicanos de tiempo completo”.