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| POR PATRICIA RUVALCABA | |
A veces son pensamientos. A veces, margaritas. O bien un collar de claveles rojos y blancos que recuerdan los colores patrios. No es que alguien tenga asignada esa responsabilidad, pero el busto de Cuauhtémoc en el cruce de 5 de Mayo y Monte de Piedad siempre tiene un ramo de flores frescas. Desde su pequeña isla-camellón, el último emperador azteca y abuelo eterno de la nación, mira con bravura hacia la Catedral. En sus rasgos parece haber quedado sellada la frase con que enfrentó a Hernán Cortés, una vez que México-Tenochtitlan había caído: …“Señor Malinche: ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal |
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que tienes en la cinta y mátame luego”. (Según Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España).
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