En esta gran academia al aire libre, el danzón es el rey de los ritmos. Todos los días cientos de personas reciben lecciones que pondrán en práctica en el baile de los sábados, con orquesta, tacuche y tacón.
Por ALONSO FLORES
Son las tres y media de la tarde y don Luis Sánchez Mercado sale del metro Balderas. Lleva camisa blanca, pantalón negro igual que los calcetines y los zapatos de tacón cubano recién lustrados. Saluda a quienes leen el futuro en las cartas, pero él sabe el suyo, el mismo desde hace 14 años: el baile, el danzón en la plaza José María Morelos, mejor conocida como La Ciudadela, frente a la Biblioteca de México.
    Todas las tardes, de lunes a sábado, unas cien personas repartidas en grupos, de danzón la mayoría, de salsa, cumbia, merengue, son cubano y otros ritmos, los menos, se dan cita para convertir este espacio en una academia de baile al aire libre. Hay 25 grupos, aunque no todos trabajan al mismo tiempo.
    De los pequeños amplificadores y reproductores portátiles de música surgen los ritmos cadenciosos con los que se aprende y ensaya lo que se pone en práctica los sábados en grandes bailes. Morelos, desde su pedestal, parece dirigir una compleja coreografía en la que don Luis y otros maestros comparten sus conocimientos.
    Hombres y mujeres, en su mayoría arriba de los 35 años, llegan de diversas partes de la Ciudad, como San Cosme, Tlalnepantla, Polanco, Naucalpan o Pantitlán, para aprender o perfeccionar su arte.
    Los requisitos: tener buen oído, muchas ganas de bailar y cooperar para el pago de lonas, pilas y discos. La aportación varía según el grupo, pero va de los 20 a los 30 pesos por cada clase de 2 a 4 horas.

“cuando bailo, me elevo”
El maestro Luis, o El Excelso, tiene 75 años, vive en San Juanico y el baile es su forma de vida. Es pionero de la enseñanza del danzón en la plaza desde 1996. “En aquella época cobrábamos 10 pesos por tres horas”, recuerda.
    “Lento, rápido-rápido, lento, rápido-rápido, lento, rápido-rápido, lento, pausa, lento, rápido-rápido?, es la cadencia de las once pisadas en ocho tiempos de las figuras del danzón clásico”, explica mientras lleva el ritmo con su mano. “Cuando bailo no veo gente, veo colores, me elevo”.
    Mientras tanto, otro grupo, Pasión Danzonera, de Juan Antonio Camargo Reyes, ensaya las coreografías de lo que será su presentación, los primeros días de agosto, en Cancún.
    Las figuras, una a una, se engarzan con sensualidad: cuadro, columpio, cubano, cruzado, escalera, plancha, tornillo…
Una de sus integrantes, Edith Yanes, llegó hace ocho años de Bolivia a vivir a la Ciudad de México y a los pocos meses conoció la plaza y se enamoró del ritmo. “Me llamó la atención la elegancia y la precisión de las figuras”. Ahora tiene 58 años y luego de siete años de tomar clases, considera que el baile es una terapia. “Soy feliz con el danzón. Es algo con lo que siempre viviré” .

sÁbados de guayabera y tacÓn
Al llegar el sábado, las calles aledañas a la Ciudadela, como Manuel Tolsá, Enrico Martínez y Emilio Dondé, se llenan de bailarines; van vestidos de fiesta: guayabera o traje de pachuco los hombres, vestido de coctel y tacón las mujeres.
    Es mediodía y ya se escucha a la orquesta Azul y Oro, de Max Olvera, que en esta ocasión alterna con la famosa Acerina. La presentación de estas agrupaciones corre a cargo de la delegación Cuauhtémoc y se lleva a cabo desde enero de 1996.
    Si bien predomina la gente adulta y de la tercera edad, hay también jóvenes como Leonardo, que vino a celebrar su cumpleaños número 16, y Alitzel, su pareja de baile, de la misma edad. Ambos tienen cuatro años de asistir cada sábado a la plaza. A él lo acercaron sus padres; a ella, su abuela.
    Los cuerpos se mueven, resuena la trompeta. Hay pasión y alegría, cadencia y estilo. Éstos son, para el maestro Luis, “los sábados de gloria danzoneros, donde se baila rico, bien pegaditos, sabroso, cachondo. Cuando el danzón nos provoca orgasmos y nos lleva al cielo”.

de cÓmo llegÓ el danzÓn

El sabroso ritmo tiene sus raíces en las danzas y contradanzas francesas y españolas del siglo xviii, transformadas en Haití y que en Cuba adquirieron sus actuales dimensiones cuando el 1 de enero de 1879 Miguel Faílde presentó en el Liceo de Matanzas Las alturas de Simson, considerado el primer danzón. A México llegó por Yucatán y Veracruz, en los años 30 y 40 del siglo pasado, se difundió en famosos salones de la Ciudad de México, como Los Ángeles, Salón México, California y Colonia.


oficios y beneficios     inicio