

“QuerÍamos estar en el Centro. es un punto bÁsico de distribuciÓn y comercio para todo el paÍs”.
jaime sacal bazbaz
comerciante
Los primeros dÍas
En los años 60 del siglo pasado, Jaime Sacal tenía 22 años, era un joven mexicano hijo de padres originarios de Damasco. Cautivado por la elegancia en el vestir de los capitalinos, le llamaron especialmente la atención los guantes de encaje que usaban las mujeres. “Empecé a comprarlos en una fábrica que se llamaba Guantes París, y me iba a venderlos a los mercados y tiendas del Distrito Federal y de otros estados”, recuerda don Jaime.
En 1967 ya tenía una fábrica con siete máquinas; ésta creció al ritmo de nuevas líneas y modelos, como los deportivos y los invernales. Ahora su negocio, entre la fábrica, la administración y el local, da empleo a 185 personas y distribuye sus productos en toda la República.
La tienda abrió hace 28 años, a principios de los ochenta, en la calle de Mixcalco. Al poco tiempo el negocio se mudó al local que ocupa actualmente, en Soledad 3, detrás de Palacio Nacional.
“Queríamos estar en el Centro porque es un punto básico de distribución y de comercio no sólo para la Ciudad, sino para todo el país. Ahora estamos acreditados y la gente nos reconoce como la única tienda que vende guantes”.

los materiales van del encaje
a la licra y al acrilÁn, a la
piel, el algodÓn y chenille
En La Casa del Guante se pueden comprar, en invierno, unos 80 modelos diferentes; abundan los de piel, chenille o acrilán, materiales suaves y abrigadores. En un día pueden llegar hasta 100 clientes.
En primavera y verano las ventas bajan un poco, pero los modelos aumentan a 150. Es cuando predominan el encaje o la licra, solicitados sobre todo para fiestas escolares en las que las niñas se convierten en princesas.
Además, es aquí donde policías y militares, deportistas —bolichistas, cargadores de pesas, ciclistas, entre otros— adquieren sus guantes. Ya no se diga los productores de cine, teatro y televisión.
Los guantes más vendidos son los de algodón, que se utilizan para ceremonias escolares, uniformes de gala y para desfiles, y cuestan 84 pesos la docena.
Entre los más caros está el llamado de plata (licra), va hasta el codo y cuesta 80 pesos el par.
José Morales, policía segundo del Escuadrón Motorizado de Vialidades, compra aquí sus guantes desde hace siete años. “Aquí”, dice, “están reforzados con carnaza en la palma y los dedos, y cuestan 85 pesos, no como en tiendas de productos militares, donde valen hasta 250”.
Su vida
“Somos una casa especializada que produce alrededor de 30 mil pares de guantes al año. No sólo vendemos en la tienda, también al mayoreo a distintos clientes, como la Secretaría de la Defensa Nacional, la policía, y también a organizaciones, como una asociación de payasos”, explica don Jaime Sacal.
Y aunque debido a la crisis ha tenido que bajar la producción, está convencido de que “es importante mantener las fuentes de trabajo”.
Sacal, quien se hace cargo del proceso completo, desde la fabricación hasta la distribución y comercialización, concluye: “Un guante es mi vida. Es a lo que me he dedicado, a lo que le tengo mucho cariño”.
La Casa del Guante.
Soledad 3, esquina Correo Mayor.
L-S 9:30-18hrs. Tel.: 5522 5421.