Surgieron cuando velas y cirios eran artículos de primera necesidad. Las antiguas cererías del Centro siguen fieles a las técnicas artesanales, al tiempo que adoptan los nuevos empleos de la parafina: decoración, aromatización y algo de esoterismo.
Por PATRICIA RUVALCABA
En La PurÍsima. Las velas chicas se venden por kilo
y las grandes, por pieza
Ordenadas por tamaño, cientos de velas cuelgan de sus pabilos, formando cortinajes blancos y amarfilados. Los cirios, paraditos en una sección especial, con sus bandas rojas y aplicaciones doradas, parecen monaguillos. Del techo, como aves exóticas, cuelgan velas decoradas con floraciones, con ángeles dorados o follajes tan delgados que da miedo rozarlos.
Allá, toscas velas de sebo; acá, botaderos con cera en trozos; velas de una parafina casi translúcida o veladoras dispuestas en una procesión multicolor, y más allá, mazos de velas torneadas o velas con forma de estrella o corazón.
La estampa se repite con leves variantes en tres antiguas cererías del Centro, y resume más de un siglo de evolución de esta artesanía cuyos usos van de lo práctico y lo estético, a lo simbólico.
80 toneladas al mes
“Esta casa se fundó en 1890, era una tienda de abarrotes llamada La Perla de la Merced, después se llamó La destrucción de Pompeya, y otra vez La Perla de La Merced, y le agregaron una botica y cantina”. La encargada de la cerería Nuestra Señora de la Soledad, quien pidió el anonimato, lee en una libreta escolar las notas que hizo sobre la historia de este negocio familiar.
“El fundador de la tienda —que abarcaba una manzana— se llamaba Don Victoriano Aceves, era de Arandas, Jalisco. En la trastienda, se hacían las velas. Cuando él muere, las señoritas Elena y Luchita Aceves se hacen cargo. En 1920 la vuelven pura cerería”.

Taller en la CererÍa de JesÚs
Entonces, la cerería era “un negociazo”. Pero dejó de serlo. La entrevistada se lo atribuye sobre todo a la salida, en los años ochenta, del mercado de abasto, cuya sede había sido La Merced. “Antes venían de los pueblos a surtirse de flores, chile, fruta, todo lo que estaba aquí. Y sus velas. Pero quitaron la central y se nos perdió toda esa clientela”.
Además, hay un menor apego a los ritos religiosos y otros pequeños pero determinantes cambios. Por ejemplo, “En los últimos 10 años se ha posicionado la veladora. La vela hay que cuidarla porque se chorrea o se cae. En cambio la veladora la pones en un vaso y no pasa nada”.
Como resultado, “Antes (hasta la década de los setenta) se vendían 80 toneladas de vela en un mes. Ahorita vendo 8 al año”.
Si bien el cirio para ceremonias es cada vez más popular, y en los últimos 8 años hay un auge de la vela de parafina decorativa, aromática y para cultos esotéricos —como ángeles—, esto no compensa el declive. Además, la vela y la materia prima de China y Taiwán, a precios muy bajos, recrudecen el entorno.
“Negocio ya no es”, dice categórica. Ahora, con todo y la caída de ventas, hay temporadas fuertes, todas relacionadas con la ritualidad católica: la Candelaria, la Pascua, Día de Muertos, las coronas de adviento y Navidad.
Entre las curiosidades de esta cerería están las velas decoradas hacia lo alto con flores, llamadas banderillas; las “de sebo”, que aún se usan para hacer emplastos calientes para curar la tos, y sus variantes negras y rojas, para ritos mágicos.
En La Soledad no se dejan abatir, buscan salidas, crean nuevos productos, como una vela en forma de pan de muerto y otra muy hermosa con forma de cráneo, decorada con lentejuela. Sólo hay un nicho bastante exitoso al que La Soledad “no le entra”, el de la vela para el culto a la Santa Muerte. “Podríamos ganar dinero, pero no estamos de acuerdo con eso”.

Las flores, elaboradas una por una, se pegan conparafina
caliente
“no tengo ni un centavo”
A principios del siglo xx, la actual Venustiano Carranza era la calle de las cererías. En el número 118 estaba la De Jesús —ahora en el 122-C—, que había abierto sus puertas en el siglo xviii y cuyos dueños eran “dos solteros ya muy grandes”. Al morir ellos, hacia 1930, le dejaron el negocio a un empleado español, Manuel Gutiérrez, apodado
El Güerito.
Entonces “se usaba la vela nada más para difuntos, para iglesia o para cuando se iba la luz”, dice Oralia Hernández, de 87 años, quien desde los 11 años se involucró en la cerería.
Octubre era el mejor mes, cuenta. Tanto así, que los negocios vecinos, que ofertaban pantalones, “se ponían a vender vela”.
Además de cirios y velas de cera pura “certificada”, hay veladoras y ceras —de Campeche, candelilla y carnauba, estearina y parafina— cuyos usos abarcan desde tratamientos de belleza hasta grasas para calzado.
Pero en el pasado esta cerería fue célebre por haber lanzado un producto singular. En los años cincuenta, apareció allí Celestino Ramírez, un artesano de Guanajuato, que les dijo: “yo hago unas velas muy bonitas, pero no tengo ni un centavo. Se las hago gratis para que las vean”. El hombre volvió con unas velas cubiertas de flores, que revolucionarían el mercado.
| EN BREVE... |
• Hasta antes del siglo xiv, las velas se hicieron con sebo o grasa animal.
• En la Edad Media, la cera virgen de abeja eliminó el mal olor y el humo, y dio una luz más brillante.
• En el siglo xv, en París, aparecieron los primeros moldes de madera para velas.
• En el siglo xvii se introdujo la cera de esperma de ballena, más dura que la de abeja.
• En el siglo xix aparecieron la parafina, la estearina y las lámparas de queroseno.
• En 1879, con el inicio del uso del foco, bajó la producción de velas.
|
La Cerería de Jesús empezó a ofrecerlas a los restaurantes. Poco a poco alegraron bodas, xv años y demás celebraciones; más tarde llegaron a museos y casas de diseño de interiores nacionales e internacionales.
“Venían americanos, de todas partes… El día 31 de octubre, la señora Dolores Olmedo estaba aquí toda la tarde, escogiendo las velas para la ofrenda a Diego Rivera. Chuchito Reyes (Ferreira, pintor), y el arquitecto Luis Barragán se enloquecían aquí, decían ‘hágame estas velas así, y así’. Nos dieron ideas”, dice orgullosa Oralia Hernández.
Hace unos ocho años, la Cerería de Jesús se sumó, como otras, al auge de la vela aromática o para decoración, que se elabora con parafinas baratas y de manera semi industrial. No sólo las venden, sino que ofrecen materiales y orientación para hacerlas.
“Ahorita no hay evento que no lleve velas”, dice Hernández, confiada en que eso y la devoción católica mantengan a flote el negocio. Eso sí, cuando algún cliente menciona que quiere una vela sólo como adorno, se indigna: “No, no, una vela se debe encender, así sube al mil por ciento. Es lo que le da vida a la fiesta”.
“Éstas no chillan”
“Toda persona que necesite Cera Labrada y en marqueta completamente pura para venerar, ocurra a esta casa”. Así reza aún la tarjeta comercial de la cerería La Purísima, fundada en 1910 por Catarino Gómez en el mismo local donde hoy está, en Mesones 171.
“Desde que nos conquistaron los españoles, seguimos igual”, dice José Olivares, descendiente del fundador, al referirse a la técnica de “baño por baño” con que se elaboran velas y cirios. “Se cuelga el pabilo y se le van dando capas de cera”, hasta llegar el grosor deseado. “Así quedan”, dice, y muestra el asiento de una vela, donde se aprecian los anillos dejados por las capas.
En La Purísima las paredes son azul verde, y un nicho de madera con una imagen de la Purísima Concepción domina la estancia. Como en las otras cererías, aquí se habla de kilos y libras. “Deme dos kilos de las de 8 por kilo”, se escucha. Las velas se venden por kilo, por libra y las más grandes por pieza. A partir de dos libras de peso, son cirios. Los costos de los productos van de 2 pesos a 3 mil pesos, dependiendo del peso y lo recargado de la decoración.
| CERERÍAS |
Nuestra
Señora de la Soledad
Plaza García Bravo 16-B
(esquina de Venustiano
Carranza y Roldán).
Tel.: 5522 6482.
L-S 10-18hrs.
Cerería de Jesús
Venustiano Carranza 122-C, esquina Pino Suárez.
Tel.: 5542 1651.
L-S 10-17hrs.
La Purísima
Mesones 171, esq.
Las Cruces. Tel.: 5522 2624 y 5542 5492
Horario: L-S 9-19hrs. |
Un distintivo de esta cerería son las custodias, velas que llevan en la parte baja una réplica de una hostia, rodeada de flores y otros motivos, como ángeles. Pueden alcanzar un metro de altura, y se usan en procesiones y fiestas patronales, pero también para pagar mandas. Hacer una custodia mediana se lleva un par de días de trabajo.
Los clientes de La Purísima son mayordomos y sacristanes, así como “mexicanos devotos” que le encienden una vela a su santo.
Gregoria Simón, de 58 años, compra velas para su altar de difuntos; mientras se las envuelven en papel periódico, emiten un sonido cercano a las claves de madera de tonalidad grave. Cliente de La Purísima desde hace 30 años, doña Gregoria señala: “Éstas prenden muy bonito, no se rajan, no escurren ni chillan”.