Calles estrechas, tráfico vehicular intenso y abundante comercio, así como la antigüedad de los edificios, hacen más difícil el de por sí riesgoso trabajo de los bomberos en el Centro Histórico.

Por ALONSO FLORES

hÉctor moo, raymundo pÉrez y jesÚs lÚa, en la EstaciÓn Central,
en noviembre pasado

“Hace unos cinco años, en un edificio de la esquina de Victoria y López, rescatamos a un menor de tres años, atrapado entre un elevador y el piso del edificio. Inexplicable, cómo llegó ahí. El tiempo de respuesta fue entre cinco y siete minutos, por cuestiones de tráfico; el de la labor fue entre 20 y 25 minutos. Con equipo neumático abrimos espacio suficiente para sujetarlo y sacarlo de esa trampa en la que se podía asfixiar o de la que podía caer”.
    La anterior es una de las actuaciones que mejor recuerda Héctor Moo Bautista, con 20 años de servicio. “Fue una de las satisfacciones más grandes que he tenido durante mi carrera, sobre todo por tratarse de un menor”.
    El código ético y de trabajo de los bomberos consiste en salvar vidas y, en lo posible, el patrimonio personal y colectivo. En el Centro, la responsabilidad incluye el cuidado de una zona con alto valor histórico y artístico.

“Desesperante”
“En el Centro tenemos la complicación de que las calles son estrechas y están muy saturadas. El tráfico es desesperante, porque a lo lejos ves las llamas y uno está en una calle en la que no se puede mover”, explica Moo.
    “Muchas veces los riesgos de un derrumbe son mayores en un incendio por las condiciones de los edificios”, además, la “gran cantidad de vecindades implica estar atentos, ya que desde el exterior no se puede conocer la magnitud de la emergencia”.
    Debido a que abundan los comercios, en la zona predominan las fugas de gas, los encharcamientos y las volcaduras de vehículos pequeños. En los choques, la tarea es rescatar a las personas, controlar los incendios por gasolina derramada, si los hay, y retirar el aceite derramado.
    “Nosotros nos regimos por dos ideas, principalmente: salvar vidas, y luego salvaguardar los bienes de la ciudadanía”, dice Moo.

Servicios

La función de los bombero no termina con la atención de las emergencias. También realizan tareas de prevención mediante visitas guiadas en la estación, pláticas, conferencias, cursos sobre manejo de emergencias escolares y formación de brigadas.
    Además desarollan un programa de Protección a la Comunidad en el que informan sobre prevención de incendios, medidas de seguridad en el uso del Gas L. P. y primeros auxilios.
    Estos servicios son gratuitos. Sólo se necesita presentar un oficio dirigido al Director General del Heroico Cuerpo de Bomberos, en el que se especifique el servicio que se solicita.

El agua como arma
A los bomberos se les llama echa agua, apaga fuegos, vulcano o matafuegos, pero más allá de sofocar incendios, atienden fugas de gas y de sustancias peligrosas, caídas de postes y cables, e intervienen en accidentes, desastres naturales y eliminación de fauna nociva.
    Cuando en la Estación Central de Bomberos, ubicada en Fray Servando Teresa de Mier, se reporta un incendio, los operad ores hacen sonar una chicharra. Los bomberos se alistan rápidamente. Bajan desde sus dormitorios por largos tubos, suben a sus vehículos, y se enfundan en chaquetones de tela nomex delta “T”, que soportan hasta 1500 grados centígrados, pero que secos pesan 12k y medio.


en la estaciÓn central laboran 402 bomberos

    En el carro de bomberos (bomba contra incendios), van cinco o seis personas. El coordinador; el maquinista que traza la ruta y, en la emergencia, calibra el chorro de agua; el llavero, encargado de buscar los pozos disponibles en las calles y de conectar las mangueras; el pitonero y su ayudante, quienes bajan los carretes de manguera y se van al frente con ella, y en su caso, el electricista, que corta el suministro eléctrico para evitar mayores accidentes. El coordinador de la unidad es quien conduce el vehículo.
    Han pasado unos cinco minutos. Al llegar a la emergencia, el llavero conecta los pitones a las bombas, y éstas a los tanques. El maquinista alerta: “¡Ahí va el agua!”. El pitonero, que sostiene la boquilla de la manguera, y su ayudante, que la carga, dirigen el chorro; primero lo proyectan en abanico, como cortina de protección para acercarse, y luego directo, para lograr mayor alcance y sofocar el fuego.
    “El mayor peligro se siente cuando se está en un incendio de gran magnitud y por alguna razón se corta el suministro de agua”, explica Moo, cuya fortaleza física es notable. “Uno, adentro, se siente imposibilitado de hacer algo. Porque tu principal arma, tu principal elemento de ataque, no lo tienes”.


Hasta 20 pisos alcanzan las escales telescÓpicas

Hasta 20 pisos
Los llamados bomberos operativos son quienes hacen guardias y acuden a las emergencias.
Divididos en tres grupos —azul, verde y rojo— de 60 o 70 miembros cada uno, cubren turnos de 24 horas, por 48 de descanso. Entran a las siete de la mañana y salen a la misma hora del día siguiente.
    “Al ingresar, todos hacemos un curso de bombero, para por lo menos conocer cómo se carga la manguera. Un curso teórico y práctico, para técnicas de rescate. Es un mes de acudir 12 horas diariamente de lunes a sábado”, informa María Victoria Hernández, de 42 años. Con 20 años de servicio, 15 de ellos recibió las llamadas de emergencia y definió la estación y el grupo que debía atenderlas.
    “Si actúas bien y con rapidez, puedes salvar vidas, o simplemente el patrimonio de las personas, en este caso un edificio histórico. Esa parte me hace sentir bien, ayudar a la gente”, menciona.
Si el agua es la principal herramienta, en cuanto a equipo lo es la bomba contra incendio, con una cisterna de cuatro mil litros.
    Las camionetas se utilizan para atender derrames de sustancias peligrosas y cuentan con tinas, regadera portátil y un traje encapsulado con equipo de respiración autónomo, para aislarse del medio ambiente nocivo.
    Las escalas telescópicas son escaleras que se extienden en su mayoría hasta 11 pisos (de 20 y 25 metros de altura). Pero en la Estación Central hay una “que puede llegar hasta los 50 metros, unos 20 pisos”, y tiene integrado un tanque bomba; junto a otro similar que hay en Brasil, “es el vehículo más completo en Latinoamérica”, dice el bombero Hugo Vázquez.
    La estación dispone también de cinco mini cargadores para recolectar materiales de volcaduras, un taladro para excavar en caso de derrumbes, ambulancia para atender a los bomberos accidentados, dos camiones de volteo para retirar escombros, una grúa, y cuatro tanques de agua.
“Son muchos los servicios que cubrimos y pocos los recursos con que contamos. Por falta de equipo actualizado, como pistolas de largo alcance para medir la temperatura, o cámaras que permiten el análisis de una zona de siniestro, corremos riesgos innecesarios.
    “Estamos asegurados por 70 mil u 80 mil pesos, y a pesar de que arriesgo la vida, mis hijos ni siquiera podrían terminar la escuela”, señala el bombero Raymundo Pérez, .
    Aún así, añade, “Es bonito mi trabajo, me gusta y me brindo. Y en la emergencia se me olvidan esas cosas y junto con los compañeros acudimos a los rescates de todas las personas, sin distinción”.

heroico

El reloj marcaba las 2:30 de la mañana del 28 de noviembre de 1948. La ciudad dormía, pero las llamas consumían la tlapalería y ferretería La Sirena, en 16 de Septiembre y Palma. Sesenta bomberos llevaban ya media hora luchando contra el fuego, cuando se escuchó una explosión y el edificio se colapsó. Murieron 13 elementos y un civil.
    Luego de ese hecho, por decreto expedido por el presidente Miguel Alemán Valdés, el cuerpo pasó a ser “Heroico Cuerpo de Bomberos”, como se le llama hoy.
    La historia de los bomberos en el Distrito Federal ha tenido al Centro Histórico como escenario.
    Durante la Colonia, hubo un grupo comisionado para atender los incendios en la ciudad, pero fue hasta el 20 de diciembre de 1887 que se decretó oficialmente su constitución. Sus instalaciones estuvieron en la planta baja del Palacio Nacional, en el costado de Moneda.
    Debido al crecimiento de la ciudad, del número de emergencias y del propio Cuerpo, en 1891 la estación se trasladó a Regina 66. En 1924 se terminó un edificio construido para la Estación Central, en la esquina de Revillagigedo e Independencia. Este inmueble es actualmente sede del Museo de Arte Popular.
    El 14 de octubre de 1957, el presidente Adolfo Ruiz Cortines inauguró la Estación Central actual, en Fray Servando Teresa de Mier y Eje 1 Oriente. Es la mejor equipada y a veces apoya a las otras 14 estaciones de la Ciudad.


las chaquetas soportan hasta 1500 grados centÍgrados

    En la Estación Central laboran 402 bomberos, 192 son operativos —de los cuales nueve son mujeres— y el resto se desempeña en oficinas, cocina, taller mecánico, consultorio médico y una panadería que abastece a todas las estaciones.
    Otras intervenciones memorables de los bomberos en el Centro son: en 1978 incendio de la tiendas Astor y Blanco, en Venustiano Carranza, cuando el edificio Astor se colapsó y ocasionó la muerte de siete bomberos; labores de rescate después de los sismos de 1985; incendio de la tienda Viana, en el Eje Central, en 1998, e incendio en el Café de Tacuba, luego de una fuga en una pipa que le suministraba gas, en abril de 1999.

 

Estación Central de Bomberos
Fray Servando Teresa de Mier, esq. Av. Del Canal Eje 1 Oriente,
col. Merced Balbuena.

Teléfonos de emergencia:
068 y 5768 3700.

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