La Zamorana es una de las tiendas más antiguas del Centro Histórico, cumplirá 150 años en 2011. Fue el escritor Gabriel García Márquez, cuando la visitó en 1992, quien completó el nombre al agregarle "tienda de maravillas".
Por Sandra ortega


la zamorana abre sus puertas de lunes a sÁbado de
11 a 20 horas
Durante más de cien años, La Zamorana fue una tlapalería y ferretería donde se vendían anilinas en cucuruchos de 20 centavos, pigmentos como el ocrillo (amarillo óxido) o la tierra casel (café) para pintar las casas a la cal, o la goma laca que usaban los carpinteros de la vieja escuela para barnizar. Actualmente, en La Zamorana se vende desde un vestido, hasta palmeras de más de un metro de altura. La única particularidad es que todo es de papel.
    La variedad de diseños, colores y combinaciones de los objetos, de por sí infinita, se multiplica según la temporada del año. En esta época, la tienda se viste de verde, blanco y rojo, por la cercanía de las fiestas patrias. En primavera es multicolor gracias a las frutas, papagayos, peces y "teresitas" (coronas de flores pequeñas de papel crepé para adornar a los niños en los festivales escolares).
    En noviembre, predominan el papel picado y las calaveras de maché para decorar los altares de Día de Muertos. En febrero, se desborda de corazones y cupidos, y en diciembre, de esferas, faroles y piñatas.

Expertos en celebrar
Alojada en una casona del siglo xviii, cuya fachada, vigas interiores y puertas son originales, La Zamorana trabaja para la celebración, para la fiesta. En Jesús María 112, esquina con Mesones, se pueden conseguir o solicitar decorados con algún nombre o leyenda para calles, salones o patios, ya sea en papel picado o papel plegado, las dos técnicas en que se especializa la casa.
    El propietario, José Herrera Padilla, explica: "Con papel picado hacemos enramadas o pasa calles, manteles redondos y rectangulares, carpetas, hasta vestidos. Lo más solicitado son los pasa calles (10 piezas de papel picado pegadas a un hilo), de varios tamaños y para muchos usos: quince años, bodas, cumpleaños. Podemos hacer la figura o el nombre que nos pidan. En estos decorados cada pieza es diferente. Por ejemplo, para boda, una pieza tiene a los novios, otra corazones, otra los anillos, las copas".
    Todo se elabora en el taller del señor José, donde trabajan cuatro personas (este número puede aumentar en temporadas altas).
    Fabricar el papel picado conlleva un minucioso procedimiento artesanal. "Tenemos unas planchas de plomo muy pesadas, del tamaño del papel que vamos a trabajar. Se colocan 100 papeles, luego un plástico y hasta arriba el dibujo. Sobre éste vamos haciendo los cortes. Con martillo se golpean herramientas como punzónes, gubias, cinceles, incluso algunas que mandamos a hacer especiales, por cierto, con un señor que acaba de morir. La herramienta debe de estar filosa porque si no, no queda bien la figura".
    Como ejemplo muestra un sol alegre, amarillo brillante, y explica que sólo este diseño requiere el uso de seis herramientas.
    El papel plegado se trabaja en unas parrillas metálicas con pegamento que sirven para adherir las hojas entre sí. "El número de hojas varía de acuerdo a qué tan abierto queremos que se vea el gajo. Trabajamos con 60 o con 120 hojas. Una vez que los papeles están pegados, usamos un suaje para cortarlo a su forma. Los papeles ya son de color, pero también se puede hacer un pintado manual que permite cambios de color o degradados".

Los secretos de un negocio próspero
La transición de la tlapalería a la decoración con papel fue gradual y culminó hace 15 años. Se dio "de acuerdo a lo que los clientes nos fueron pidiendo. Y también gracias a que descubrimos que con estas técnicas se puede hacer de todo", desde plantas y frutas hasta animales o campanas".
Otro secreto para lograr la prosperidad ha sido la adaptación.
    La Zamorana combina las técnicas de trabajo artesanal y nuevas herramientas de trabajo, como la computadora.
    También acepta peticiones especiales: "Una vez hicimos una maceta de tres metros de alto, otra vez nos pidieron unas esferas de metro y medio de diámetro para adornar un centro comercial, nos encargaron 120. Nunca las habíamos hecho y quedaron muy bonitas". Una de sus clientes, la performancera Astrid Hadad, pide objetos fuera de serie, como "rosetas muy grandes, cortinas, ideas que a ella se le ocurren".
    Esa flexibilidad técnica le permite ofrecer opciones de precios. Las enramadas grandes cuestan 8 pesos, las chiquitas 15, porque implican más trabajo; hay macetas de papel plegado desde 5 hasta 80 pesos las más grandes. Un vestido de papel picado, 100 pesos, y un mantel, 50.
    "Los clientes nos dicen 'es que allá esta más barato'. Pues sí, porque lo hacen con suaje. Entonces tenemos las dos posibilidades, hecho con suaje, más económico, o hecho artesanalmente, que para mí es más bonito. Afortunadamente muchos ven la diferencia y aprecian lo artesanal".
    "Atención y novedad", son las palabras clave, dice.

"Le dije que no"
El señor José representa la tercera generación al frente del negocio (que inició su tío abuelo, don Antonio Mares) en el que también trabajan su esposa y sus cuatro hijos. Aunque le gusta La Zamorana, extraña el olor de la pintura, las herramientas, los cajones colmados de clavos, tornillos y alcayatas; por eso rentó un local contiguo, en el que abrirá de nueva cuenta una tlapalería. Espera que sus hijos continúen en el arte del papel picado y plegado.
    Asegura que la competencia ha aumentado debido a la proliferación de productos chinos, y considera que ésta es desleal.
    "En una ocasión llegó por aquí un señor chino y como pudo se dio a entender de que podía hacerme muy barato todo lo que tengo aquí. Le dije que no. Yo no trabajo con nada de importación, porque damos trabajo y también porque esto es una tradición y no queremos que se pierda".

oficios y beneficios     inicio