Desde hace casi 30 años, en República de Perú 60 se fabrican y reparan muebles
de latón. Es una tienda-taller donde los detalles de un oficio en plena extinción aún
brillan como la mismísima luz del sol.

Por Alonso Flores


“Nos han traÍdo muebles que tienen hasta 100 aÑos. ‘Era de mi
bisabuelita’, nos dicen”.
Recuerdos y brillos nuevos, herencias y diseños originales fulguran en un pequeño local ubicado en la zona norte del Centro Histórico.
    Camas, cunas, taburetes, lámparas, percheros, cortineros y espejos se apiñan en unos cuantos metros. En la parte de atrás está el taller donde don Rosendo Cruz Martínez restaura o le da forma a estos muebles, que parecen fabricados con rayos de sol.
    “Aunque puede ser rudo, trabajar el latón también requiere mucha creatividad, es un arte”, dice su hija, Mireya Cruz Espinosa, quien funge como administradora de este negocio familiar en el que trabajan cuatro personas en total.
    Orgullosa, Mireya explica que su padre también ha diseñado algunos modelos: “con su imaginación ha creado, por ejemplo, candelabros o camitas y cunitas para niños Dios”.
    Aunque el nombre de la tienda-taller no suene muy romántico, su historia sí lo es.
    Pulidores y abrasivos abrió sus puertas el 2 de mayo de 1980, y debe su nombre a la tienda en la que don Rosendo aprendió su oficio. También estaba en el Centro, en la calle de República de Brasil. Cuando cerró sus puertas, don Rosendo recibió como finiquito algunas herramientas y materiales. Con eso y su experiencia, decidió poner un negocio propio.
    “Decidí aquí en el Centro, porque encontré este buen local para trabajar. Además estamos muy cerca de La Lagunilla, un lugar de tradición en la venta de muebles”, recuerda don Rosendo, quien llegó de su natal Oaxaca en 1950, a los 19 años.


“Aquí todavía se encuentra lo que quieran de latÓn y lo que no, se lo hacemos”.
                         
                                                 Mireya Cruz


Traigan sus dibujos
De los años en que aprendió el oficio mientras barría y limpiaba, don Rosendo recuperó muchas técnicas, como la de atornillar las piezas en lugar de soldarlas, pues “le da mayor solidez a los muebles, además de que en un futuro es más fácil limpiarlas”, asegura.
    “Sigo haciendo muchas cosas a la antigua, a mano digamos. Con una dobladora pequeña le doy forma a los tubos y los más grandes los relleno de brea y los caliento para manejarlos”, explica un poco tímido. Para cortar los tubos usa una máquina llamada “de rechazado”, y con limas limpia la rebaba. Corta y perfora con seguetas, brocas y taladros.
    “Primero pulo y abrillanto, al final barnizo a fuego, caliento el tubo, lo barnizo y lo vuelvo a calentar otra vez. En los pocos lugares en los que todavía existe el trabajo en latón, ponen laca en spray, aquí el barniz lo hago yo, con alcohol industrial y goma laca, funciona muy bien y no se levanta”.
    El pulido también ha cambiado. “Se hacía a mano, ahora un motor con rueda y pasta hace que el trabajo sea más rápido”.
    Así es como al final, tubo a tubo —lisos o trenzados—, los muebles van tomando forma. Ya sea una cama matrimonial, que puede costar hasta 15 mil pesos, o las queen o king size, sobre pedido, que pueden llegan a los 25 mil pesos, o un perchero de mil 100 pesos. También, refacciones o piezas pequeñas, como una perilla de 40 pesos.
    La variedad da para todos los gustos, bolsillos y ocasiones. “Aquí todavía se encuentra lo que quieran de latón y lo que no encuentren, se lo hacemos. Los clientes pueden traer sus dibujos, incluso”, dice Mireya.
    Además, aquí se restauran y se pulen este tipo de muebles, y los materiales para esas tareas —polvo de esmeril, pastas, franelas y ruedas pulidoras— también están a la venta.
    “Nos han traído muebles que tienen hasta 100 años. ‘Era de mi bisabuelita’, nos dicen. Y sí, con el paso del tiempo se pone negro, pero se pule y queda otra vez como nuevo”, afirma Mireya.

“Todas las economÍas”
La clientela, dice don Rosendo, es variada y corresponde a “todas la economías”. Por ejemplo, “los señores que se dedican a pulir, se llevan una pasta o una rueda”.
    “Y la gente de Las Lomas o Tecamachalco viene a pedir un diseño especial”, explica el artesano.
    Otra línea del negocio es la renta de muebles. “Los últimos que vinieron fueron para la película de las bandidas con Salma Hayek; se llevaron una cama de dosel, un tocador y unas lámparas”, cuenta Mireya.
    “Ésa es otra de las cosas bonitas, que puedes tratar con cualquier tipo de gente. Y obviamente a todos se les da el trato igual, es algo que nos ha enseñado mi papá”, agrega.
    Para ellos, este oficio implica haber resistido la paulatina desaparición del aprecio general por su trabajo. “Antes había bastantes casas de muebles de este material, recuerdo varias en Belisario Domínguez, pero han desaparecido, ya no era negocio”, cuenta don Rosendo.
    Y acerca de su propio futuro, Mireya afirma: “mi papá nos dice que ya nosotras decidiremos si seguimos con el negocio. Yo sí quiero, porque creo que esto es algo que debemos de conservar”.

Pulidores y abrasivos

República de Perú 60-E.
Metros: Garibaldi, Bellas Artes, Allende y Lagunilla.
L-V 9-18:30 hrs. S 9-15hrs.
Tels.: 5526 2453 y 5772 7207.

oficios y beneficios     inicio