
Cien por ciento reciclables, y muy baratas, las tradicionales bolsas para
mandado fueron pensadas para las amas de casa. Ahora, además,
son un accesorio de moda en México y en el extranjero.
Por Fabiola GarduÑo

En este taller 35 personas producen un promedio de 15 mil bolsas al mes.
"Tenemos de varios tamaños y modelos, vendemos al mayoreo y menudeo. Ya no es sólo un producto que se utiliza para ir al mercado, ahora están de moda y lo más importante de nuestro trabajo, es que plasmamos el sentimiento de México: sus colores, sus tradiciones, sus raíces", dice Raúl Fernández Chavero, propietario de Plásticos Raúl.
Y es verdad. Es fácil sentirse atraído por los colores que enmarcan su pequeño establecimiento de Roldán 65-C, en el corazón de La Merced. El rosa, amarillo, azul, verde y rojo en tonos chillantes, componen decenas de rollos de malla que se utilizan para la elaboración de las 15 mil bolsas que, en promedio, produce este taller cada mes.

hay tres tipos de tejido: pata de gallo, tafetÁn y huichol.
hasta para Artistas
Bolsa de mandado, ése era su principal uso, pero ahora las vemos no sólo en los mercados y supermercados, están por todos lados: en las escuelas, en fiestas, restaurantes; chicas, medianas y grandes, multicolores, con diseños a cuadros o a rayas. Por sus diversas formas y estampados, y su bajo costo, resultan muy atractivas.
"Las jovencitas la usan como bolsas de mano, es por eso que siempre estamos innovando e inventando nuevos modelos.
Ahora que retiraron las bolsas de polietileno en los comercios, vuelven a tomar auge, las ventas han aumentado. Están hechas con material reciclable, muy resistente, la gente las prefiere por el colorido y por lo barato, la más cara cuesta 25 pesos".
Abarrotan el local bolsas estampadas con obras de artistas como Rufino Tamayo, Diego Rivera o Frida Kahlo, las legendarias ruinas de Chichén Itzá o paisajes representativos como Xochimilco.
Otras tienen imágenes religiosas, y personajes históricos como Villa y Zapata. Las hay con asas cortas o largas para cargarlas al hombro.
La mayoría cumplen con el tradicional corte cuadrado, pero ahora la moda demanda nuevas formas: semicirculares, rectangulares, con pliegues y otras. Lo importante es que en Plásticos Raúl se esmeran por complacer las necesidades y gustos del cliente, dice don Raúl.
"Es un producto cien por ciento mexicano, nos esmeramos para que tenga la mejor calidad, y aunque los chinos han intentado competir, no se compara para nada con los que nosotros hacemos, además lo hacemos con un gran amor a nuestro trabajo, le paso las buenas vibras al que lo lleva".
Plásticos Raúl vende según los pedidos que la hagan. Sin compromisos establecidos en largo plazo, distribuye su producción en el Distrito Federal, Chiapas, Oaxaca, Puebla y Morelos, entre otros. También exporta a países como Estados Unidos, Francia, España, Holanda y Alemania.

Don RaÚl FernÁndez lleva 25 aÑos en este giro comercial.
"Soy un chilango autÉntico"
Originario del estado de Hidalgo, don Raúl llegó a la Ciudad de México hace 45 años, y lleva más de 25 años en el oficio.
"No soy defeño, a veces se expresan mal de los chilangos, pero yo soy un chilango orgulloso, que se gana la vida honestamente. Encontré este bendito lugar, que es La Merced, al que le estoy muy agradecido, porque encontré la forma de ganarme el pan para mí y para mi familia".
La calle de Roldán vio nacer y crecer a Plásticos Raúl. Con la experiencia que le brindó trabajar durante años en una fábrica, decidió independizarse. Debajo de la escalera, en la entrada del edificio marcado con el número 84, montó lo que él llama su "primer mostrador"; entonces elaboraba y vendía la malla.
Después compró su primera máquina de coser y una remachadora —las cuales aún conserva—, y comenzó a confeccionar bolsas. Actualmente da empleo a 35 personas y sólo se dedica a la hechura de bolsas.
"Para hacer una tela hay que amarrar tres mil 500 hilos, se monta en un aparato urdidor, ahí es donde sale la combinación de los colores. Después, se monta en un carrete enorme donde recibe todos los hilos, el carrete se llama 'julio'. De ahí se ata hilo por hilo en el telar, y de ahí sale ya la malla, la fabrican en Morelia, Michoacán.
Nosotros la cortamos, ponemos los estampados, la cosemos, la remachamos y empacamos", dice acerca del proceso completo.
Hay tres tipos de tejido: pata de gallo, tafetán y huichol. Una vez obtenida la tela, la combinación de colores y diseños es infinita.
"La combinación de colores va surgiendo de la imaginación de la gente que fabrica las telas, y de la demanda, ¡claro! A los europeos, por ejemplo, les gustan mucho los colores muy vivos".