
Nuevamente, la parafernalia celebratoria estuvo lista para adornar la fiesta del 15 de Septiembre. Nunca hay pretexto para llegar a ese día sin embriagarse de la euforia tan intensa como fugaz que vuelve, como cada año, para redibujar a tres tintas el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Por javier lara

venta de adornos de papel en la calle de jesÚs marÍa
Banderas de todos tamaños, matracas, sombreros, bigotes, cornetas, serpentinas tricolores, kits de maquillaje para lucir como charro o china poblana, rebozos, bigotes postizos, trompetas, tambores, campanas, pendones. Miles de productos de todos los precios y calidades inundaron las calles del Centro Histórico, como preludio tricolor del 15 de Septiembre, la gran fiesta del Grito de Independencia.
Mientras que los comerciantes establecidos transformaron sus aparadores para la temporada, en las orillas del perímetro A, los vendedores ambulantes cambiaron de giro durante unos días, para abastecer las necesidades patrióticas de los transeúntes.
Alfonso es un niño de 9 años. Días antes del Grito, caminaba con sus padres por el rumbo del mercado de la Lagunilla, y un puesto de banderas robó de inmediato su atención.
—¿A cómo?, preguntó el papá al muchacho del puesto.
—A 12 las de poliéster y a 15 las de satín, respondió Alberto, el vendedor.
—¿Pero son de las chinas, verdad?
—¡¿Qué pasó?! Aquí vendemos puro producto nacional.
Alberto dijo que la venta promedio en la temporada suele andar entre 10 y 12 banderas por día. Su bandera más barata estuvo a 5 pesos y la más cara —de aproximadamente 2.20m por 1.10m—, a 200 pesos. La temporada es de dos semanas y termina el 15 de septiembre en el Zócalo, día en que las autoridades les permiten entrar para vender.
A varias cuadras de allí, en la calle de Moneda, la tienda El Equipo Militar sacó a relucir sus mejores galas patrióticas. Andrea, vendedora del lugar, explicó las diferencias que hay entre los productos chinos y los nacionales: "Los chinos son más baratos, pero de menor calidad: las telas, los colores —el verde es verde limón y el rojo es anaranjado— e incluso el escudo, que muchas veces viene mal impreso. Estamos en crisis y eso hace que los clientes elijan lo más económico".
¿Y dónde están los productos chinos? Todo el mundo habla de ellos, pero nadie aceptó que los vende. Aparentemente, los productos mexicanos iban ganando la batalla, al menos en el Centro Histórico.
Mientras tanto, en cada esquina había espectaculares bigotes de a 5 pesos, trenzas de estambre y matracas de a 20, estruendosas cornetas de a 25, serpentinas de a 5, bolsas de huevos de harina de a 10... "¡llévele, llévele, que para todos hay!".
Fernando Morales, de la papelería Morama, en la calle de Mesones, aportó alternativas para competir en tiempos difíciles: "Están de moda las figuras de foamy. Charros y chinas poblanas, que hacen alusión a nuestras fiestas patrias, tienen mucha demanda. Además, el foamy es económico y artesanal, ya que es un trabajo hecho completamente a mano".
Pero no todo es banderas y adornos. Ediciones Bob es una empresa dedicada a la fabricación de monografías y biografías desde hace más de 40 años, y también tiene su repunte patrio por esas fechas. Virginia Díaz, colaboradora de la sucursal de Mesones, explicó: "En esta temporada vendemos monografías de la Independencia, los Niños Héroes, la consumación de la Independencia, los caudillos de la Independencia, los símbolos patrios, el escudo nacional y la historia de la bandera, por nombrar algunas".
Ediciones Bob se actualiza constantemente: "la monografía de la Independencia ya trae la mención al Bicentenario", informó Díaz. ¿La gente sigue comprando monografías? "Nos ha afectado considerablemente la aparición de Internet, ya que la mayoría de los niños ya no leen una monografía, ahora sólo bajan la información".
La venta de trajes típicos para niños también se intensificó. Los festivales escolares patrióticos —y la propia ceremonia del Grito— necesitan ejércitos de adelitas, norteñitos, charritos, tehuanitas, jarochitos y aztecas, así como de los héroes de la Independencia. Para ellos, en la calle de Jesús María, por ejemplo, se hallan desde los trajes hasta los accesorios, como trenzas, penachos, bigotes, sables o rifles de madrea.
Don Agustín, un señor de 78 años que lleva 35 de ellos vendiendo banderas en las calles del Centro, dijo: "Las ventas han bajado muchísimo. No hay dinero, la gente apenas tiene para comer". ¿Ni siquiera con el 15 de Septiembre en el Zócalo se recupera un poco? Su respuesta fue contundente: "No me gusta ir al Zócalo; allá sólo se va a regalar la bandera o a que te la roben. Desde los chavillos que te atracan, hasta los policías que te quitan la mercancía; además, los de las camionetas te cobran una cuota para que puedas entrar al Zócalo".
Al puesto de don Agustín llegó la familia Beltrán. Buscaba una bandera grande. ¿Por qué comprar una bandera?, se le preguntó a Pablo, el padre de familia. "Porque es la oportunidad que tenemos cada año de reafirmar nuestros valores patrióticos, de reafirmarnos como mexicanos".
Nuevamente, la parafernalia celebratoria estuvo lista para adornar la fiesta del 15 de Septiembre. Nunca hay pretexto para llegar a ese día sin embriagarse de la euforia tan intensa como fugaz que vuelve, como cada año, para redibujar a tres tintas el Centro Histórico de la Ciudad de México.