Deportes MartÍnez,
contra el "PÁnico escÉNICO"

Con miles de máscaras en su haber, Víctor Martínez roza el estatuto de leyenda de la lucha libre, al igual que su padre, don Antonio. Sus peleas no han sido sobre el ring, sino en su taller de costura.

50 AÑOS DE CREAR MANIQUÍES
En Maniquíes Gamuza los cuerpos se hacen con resina pero reciben un soplo de vida gracias al oficio de los hermanos Domínguez.
AlegrÍa cocinada a fuego lento
En la calle de Santo Tomás, por La Merced, se percibe el irresistible aroma del azúcar derritiéndose y del tostado de los cacahuates. Es el negocio de la familia Villegas, donde se preparan artesanalmente alegrías y palanquetas.
para festejar el 15 de septiembre
Ya están aquí las fiestas patrias y con ellas el Centro se pinta de verde, blanco y rojo. Miles de comerciantes se esmeran en producir o traer de otros estados artículos que contribuyen a mantener vivas las tradiciones.
aprenda a bailar en el centro
Salsa, cumbia, danza afro, regional o aérea, ballet clásico y contemporáneo, breakdance y quebradita. Son algunos de los géneros de baile que se enseñan y se gozan aquí.
 
Imágenes de santos, cristos y vírgenes, así como cristos de carne y hueso —de los que sufren las 12 estaciones de La Pasión en Semana Mayor—, lucen la mayoría de las pelucas y accesorios que elabora esta casa con casi 80 años de vida.

Es una calle pequeña, pero famosa en el ámbito nacional. En el segundo tramo de Alhóndiga, tiendas y estéticas al aire libre le rinden culto a la belleza.

El aroma de las especias, la deliciosa masa azul, una paella espectacular o una humeante parrillada son algunas de las posibilidades...

En La Merced, una treintena de locales especializados en este arte milenario ofrecen desde canastas para el mandado, hasta petates y recuerdos para fiestas. Utilitaria, barata y decorativa, la cestería también es ecológica.

El aroma de las especias, la deliciosa masa azul, una paella espectacular o una humeante parrillada son algunas de las posibilidades...

Con 75 años de vida, las dos únicas rebocerías que quedan en el Centro Histórico siguen ofreciendo la que por décadas fue considerada la prenda femenina nacional.

Mazapanes, turrones, pasteles y peladillas se ofrecen como una tentación en las vitrinas de Mazapanes Toledo. Basta probar la tradicional figurilla para enamorarse del sabor de estas delicias hechas a base de almendra.

Algunos diseñadores de ropa y accesorios han encontrado en el Centro mucho más que telas, encajes y botones.

Cien por ciento reciclables, y muy baratas, las tradicionales bolsas para mandado fueron pensadas para las amas de casa. Ahora, además, son un accesorio de moda en México y en el extranjero.

No hace falta ir a Puebla. Uno de los platos más exóticos de la cocina nacional se puede disfrutar en el Centro Histórico en numerosas variantes. Arte y arquitectura hacen la guarnición.

El grupo, formado hace 15 años, encontró en la Plaza del Empedradillo el mejor de los escenarios para mostrar cómo el breakdance se aclimató en México.

Con casi mil 400 puntos de venta, el rumbo de La Lagunilla concentra la oferta más grande del mundo en ropa y accesorios para ceremonias. Aquí, donde antes prevalecían las novias, ahora es el reino de las quinceañeras.

Con 112 años de historia, la Camisería Bolívar ha vestido a políticos, actores, escritores y personalidades de la vida nacional, pero cualquiera que entre, así sea en busca de un pañuelo, recibirá una atención especial.

Si se le compara con los de ciudades como Nueva York o San Francisco, el barrio chino del Centro es pequeño. Sin embargo, los restaurantes y comercios tienen el sabor de una comunidad con fuertes raíces culturales.

El primer viernes de marzo, unas dos mil personas acuden al templo de Santo Domingo a venerar a esta imagen que cuenta con su propia leyenda.

Desde hace casi 30 años, en República de Perú 60 se fabrican y reparan muebles de latón. Es una tienda-taller donde los detalles de un oficio en plena extinción aún brillan como la mismísima luz del sol.

Entre los encantadores locales que quedaron al descubierto tras las acciones de recuperación efectuadas en el barrio de La Merced, está el Café Equis, un expendio que lleva más de ochenta años de proveer el preciado grano.

Calles estrechas, tráfico vehicular intenso y abundante comercio, así como la antigüedad de los edificios, hacen más difícil el de por sí riesgoso trabajo de los bomberos en el Centro Histórico.

Se estima que entre 1939 y 1942 llegaron a México 20 mil refugiados españoles. Algunos se establecieron en el Centro y dejaron allí una huella cultural, comercial, gastronómica y vital que permanece hasta nuestros días.

Surgieron cuando velas y cirios eran artículos de primera necesidad. Las antiguas cererías del Centro siguen fieles a las técnicas artesanales, al tiempo que adoptan los nuevos empleos de la parafina: decoración, aromatización y algo de esoterismo.

Conocido como “el mercado de hojalata”, aquí los brillos metálicos roban cámara a la paleta chillona del plástico. En sus más de 200 locales se puede hallar desde una cuchara, hasta un cazo para carnitas de metro y medio de diámetro.

Más de 150 modelos de guantes para usos tan variados como la jardinería o los vestuarios de época se ofrecen en ésta, “la única tienda
especializada en todo el país”, según su propietario, don Jaime Sacal Bazbaz.

En esta gran academia al aire libre, el danzón es el rey de los ritmos. Todos los días cientos de personas reciben lecciones que pondrán en práctica en el baile de los sábados, con orquesta, tacuche y tacón.

La Dulcería de Celaya ofrece entre 90 y 120 tipos de dulces mexicanos típicos. La variedad depende de las festividades y de los ingredientes disponibles en cada temporada.

Entre las comunidades extranjeras presentes en el Centro Histórico, la libanesa es una de las más fuertes. Sus cafés y restaurantes son su huella más visible, pero hay muchas otras.

En la calle de Santísima, al oriente del Zócalo, hay un pequeño enclave oaxaqueño. Se trata de tres negocios que llevan 60 años ofreciendo alimentos preparados e ingredientes de la exquisita gastronomía de Oaxaca.

Desde 1936, la tienda Artículos ingleses viste a quienes mantienen “el gusto por la elegancia y el uso del sombrero”.

Una intensa actividad fabril, artesanal y comercial precede al Día de la Candelaria, fecha en que los niños dios mexicanos forzosamente estrenan ajuar —ya sea un simple ropón blanco o un suntuoso traje papal.

El tiempo en que la devoción católica se imprimía en imágenes de santos y oraciones en grandes caracteres, quedó encapsulado en esta imprenta de Correo Mayor, que funciona desde finales del siglo XIX.
 
Los vestigios de lo que fuera la portentosa comida prehispánica tienen su más claro bastión en el Centro Histórico, en la persona de don Fortino Rojas.

La parafernalia celebratoria estuvo lista para adornar la fiesta del 15 de Septiembre. Nunca hay pretexto para llegar a ese día sin embriagarse de la euforia tan intensa como fugaz que vuelve, como cada año, para redibujar a tres tintas el Centro Histórico de la Ciudad de México.

La Zamorana es una de las tiendas más antiguas del Centro Histórico, cumplirá 150 años en 2011. Fue el escritor Gabriel García Márquez, cuando la visitó en 1992, quien completó el nombre al agregarle "tienda de maravillas".