Desde hace casi 30 años, en República de Perú 60 se fabrican y reparan muebles de latón. Es una tienda-taller donde los detalles de un oficio en plena extinción aún brillan como la mismísima luz del sol.


Entre los encantadores locales que quedaron al descubierto tras las acciones de recuperación efectuadas en el barrio de La Merced, está el Café Equis, un expendio que lleva más de ochenta años de proveer el preciado grano.


Calles estrechas, tráfico vehicular intenso y abundante comercio, así como la antigüedad de los edificios, hacen más difícil el de por sí riesgoso trabajo de los bomberos en el Centro Histórico.


Se estima que entre 1939 y 1942 llegaron a México 20 mil refugiados españoles. Algunos se establecieron en el Centro y dejaron allí una huella cultural, comercial, gastronómica y vital que permanece hasta nuestros días.


Surgieron cuando velas y cirios eran artículos de primera necesidad. Las antiguas cererías del Centro siguen fieles a las técnicas artesanales, al tiempo que adoptan los nuevos empleos de la parafina: decoración, aromatización y algo de esoterismo.


Conocido como “el mercado de hojalata”, aquí los brillos metálicos roban cámara a la paleta chillona del plástico. En sus más de 200 locales se puede hallar desde una cuchara, hasta un cazo para carnitas de metro y medio de diámetro.


Más de 150 modelos de guantes para usos tan variados como la jardinería o los vestuarios de época se ofrecen en ésta, “la única tienda
especializada en todo el país”, según su propietario, don Jaime Sacal Bazbaz.


En esta gran academia al aire libre, el danzón es el rey de los ritmos. Todos los días cientos de personas reciben lecciones que pondrán en práctica en el baile de los sábados, con orquesta, tacuche y tacón.

La Dulcería de Celaya ofrece entre 90 y 120 tipos de dulces mexicanos típicos. La variedad depende de las festividades y de los ingredientes disponibles en cada temporada.

Entre las comunidades extranjeras presentes en el Centro Histórico, la libanesa es una de las más fuertes. Sus cafés y restaurantes son su huella más visible, pero hay muchas otras.

En la calle de Santísima, al oriente del Zócalo, hay un pequeño enclave oaxaqueño. Se trata de tres negocios que llevan 60 años ofreciendo alimentos preparados e ingredientes de la exquisita gastronomía de Oaxaca.

Desde 1936, la tienda Artículos ingleses viste a quienes mantienen “el gusto por la elegancia y el uso del sombrero”.

Una intensa actividad fabril, artesanal y comercial precede al Día de la Candelaria, fecha en que los niños dios mexicanos forzosamente estrenan ajuar —ya sea un simple ropón blanco o un suntuoso traje papal.

El tiempo en que la devoción católica se imprimía en imágenes de santos y oraciones en grandes caracteres, quedó encapsulado en esta imprenta de Correo Mayor, que funciona desde finales del siglo XIX.

Los vestigios de lo que fuera la portentosa comida prehispánica tienen su más claro bastión en el Centro Histórico, en la persona de don Fortino Rojas.