vitrales
en el centro histÓRICO
POR JOSÉ MANUEL SPRINGER

El dios Apolo representado por GÉza Maroti, en el plafÓn del teatro del Palacio de Bellas Artes.
Color, vidrio y fuego son los elementos esenciales del vitral, una de las artes mejor representadas en los edificios públicos del Centro Histórico. Aquí existen ejemplos portentosos que son una muestra del desarrollo de este arte, desde el estilo narrativo al simbolista, y del realismo nacionalista a la abstracción informal.
En México el vitral contó con apasionados adeptos desde 1839, cuando se estableció en el país la Casa Pellandini, importadora de vitrales decorativos desde Europa.
A lo largo de casi 110 años, la arquitectura pública civil y religiosa ha incorporado notables ejemplares, como el plafón del Gran Hotel de la Ciudad de México (1921), uno los tres más grandes del mundo en su tipo, los vitrales del Antiguo Colegio de San Ildefonso, que son los más antiguos de la zona, o los primeros vitrales realizados por artistas y artesanos mexicanos, diseñados por Roberto Montenegro en 1921, en el antiguo Templo de San Pedro y San Pablo, hoy Museo de las Constituciones. En suma, el Centro Histórico cuenta con no menos de 175 vidrieras y plafones ubicados en una veintena de lugares.