
El ingreso de mujeres a disciplinas como el boxeo y la lucha, los ejercicios aeróbicos en los gimnasios,
y la aparición de “salones de nicho”,
son las novedades en la práctica
deportiva en el Centro.
Por Patricia Ruvalcaba

No es tan fácil percibirlo, pero en el Centro Histórico todos los días algunos se sumergen y bracean en una piscina, mientras que otros golpean un saco, levantan pesas o se arrojan desde un ring. Hay quienes recorren kilómetros en una caminadora, mientras un grupo ejecuta una coreografía y otro juega futbol en una cancha empastada.
A la oferta deportiva ya tradicional —y con intenso sabor popular— del Centro, como boxeo, lucha libre, físico constructivismo y natación, se vienen sumando nuevas disciplinas y espacios. Sólo en los últimos 14 meses se han abierto 5 locales —entre ellos el deportivo Nader, con capacidad para 5 mil usuarios—, la mayoría dirigidos a la clase media.
Km.cero visitó siete lugares, entre deportivos, gimnasios y salones especializados, nuevos y viejos.
De acuerdo con los gerentes entrevistados, 80% de los clientes trabajan en el Centro y su meta, en 90% de los casos, es simple: “bajar de peso”. Pero no faltan las epopeyas, y hay incluso quienes aspiran a llegar a los Juegos Olímpicos.
De refugio de “vagos” a fÁbrica de leyendas
“Aquí hay mucha camaradería, a final de cuentas se vuelve una familia”, dice un sudoroso Miguel Ángel Ramírez, de 36 años, acerca del Gym Metropolitano, en Vizcaínas Poniente 13, 1er. piso. Ramírez monitorea medios de comunicación y es cliente del lugar desde hace 10 años. Juega frontón, usa los aparatos o “jala” pesas.
El físico constructivismo y lucha libre son los fuertes del Metropolitano, fundado en 1956 y cuyo ambiente es tranquilo, masculino y donde todos se llaman por el nombre o apodo. Casi 90% de los socios son trabajadores locales, muchos de ellos comerciantes informales.
Junto al ring, en la lista de luchadores profesionales que entrenan o dan clases allí, figuran nombres como Súper Pinocho o El Mil Máscaras.
En el piso siguiente está el Sport Gym Villalobos, abierto hace casi cinco años. Allí, la lucha libre, las pesas y la bicicleta son las actividades más populares. La clientela es un poco más joven que en el piso de abajo, pero se respira una fraternidad semejante. La Bestia Magnífica y El Alimaña son dos de los luchadores profesionales de casa.
El Nuevo Jordán, una institución en materia de boxeo y lucha libre, está en la calle Buen Tono. Como parte de su picaresca, en sus orígenes (1938) fue un local de baños, Baños Jordán. “Todavía llegan viejitos con su maletita y piden un ticket”, dice Andrés Díaz, gerente Administrativo.
Poco a poco, uno de los pisos se destinó al entrenamiento de boxeadores. “95% de los campeones nacionales han pasado por aquí”, asegura Díaz. Entre ellos, Julio César Chávez o la primera mexicana campeona mundial, Laura Serrano, La poeta del ring.
En el Nuevo Jordán, 40% de los clientes son trabajadores, 20% vecinos y 40% acuden desde sitios lejanos. Esta composición se debe “al prestigio de los managers, porque si quieres ser boxeador profesional, éste es el sitio”.
Díaz ha pasado toda su vida en el medio, y así resume 15 años de cambios en la actividad deportiva del Centro: ingreso de mujeres a las disciplinas tradicionales — “ahora vienen niñas de 15 años que quieren ser boxeadoras o luchadoras” —; incorporación en los gimnasios de disciplinas aeróbicas y otras novedades, y proliferación de salones “de nicho”.
Como los demás gerentes entrevistados, Díaz ha notado un interés creciente en la población por bajar de peso y cuidar la salud. Sin embargo, de quienes se inscriben en las temporadas altas —entre febrero y abril de cada año, y al término de los Juegos Olímpicos—, sólo entre 50% y 60% suelen persistir.
Otro cambio significativo, dice divertido, es que antes sitios como el Jordán “eran como los billares, lugares de ‘vagos’. Ahora son centros sociales”.

“Quiero ir a un olÍmpico”
Miguel Ángel García está por cumplir 11 años. Lleva uno nadando y ya es el primero en su categoría en 50 metros estilo mariposa y segundo lugar en 50 crol, en el ranking de la Asociación de Natación del Distrito Federal. “Quiero ir a un olímpico cuando crezca”, dice con firmeza.
Semejantes son las aspiraciones y logros de Jazmín Berenice Mendoza, de 11 años, y Raziel Sosa Mendieta, de 10, quienes figuran también entre los primeros puestos de ese ranking. Pedro Osorio Alvarado es todo un veterano en el ámbito del deporte especial. Con síndrome de Down, lleva 18 de sus 28 años nadando y ha obtenido más de cien medallas, algunas en competencias internacionales.
Ellos entrenan en el Centro Social y Deportivo Guelatao, cuyos siete pisos se levantan en la esquina de Comonfort y Honduras, en La Lagunilla.
El área de piscinas —hay una semi olímpica, un chapoteadero y una fosa para clavados— es el alma de este deportivo fundado en 1975 y con capacidad para cinco mil usuarios. De los tres mil 500 que suele tener, 80% viene a esta sección.
“Me gusta cómo dan las clases y las albercas están muy limpias”, observa Jazmín, quien ha tenido experiencias en otro deportivo.
El Guelatao, administrado por la delegación Cuauhtémoc, ofrece además una docena de disciplinas como boxeo, gimnasia rítmica, judo o bicicleta, informa Jorge Macedo, administrador General. En las tardes se ve llegar a familias enteras y, de los espacios visitados, éste es el único con una oferta para personas mayores —gimnasias de bajo impacto, baile y yoga—, así como para personas con necesidades especiales. También es el de las cuotas más accesibles.
Pero lo más distintivo del Guelatao es el ser una escuela técnico deportiva. Quienes ingresan aquí, explica Macedo, “pasan por varias etapas hasta llegar a un nivel amateur. Cuando alguna persona muestra un nivel de alto rendimiento, requiere ir a otra instalación”.
Sofisticado, moderno y accesible
En el Centro Histórico “hay mucha gente que tiene poder adquisitivo y ganas de hacer ejercicio en un lugar seguro y profesional. No había la oferta y nosotros entramos”. Así resume Alejandro Hernández la forma en que en abril de 2008 fundó Urban Fitness, un gimnasio “de categoría cinco estrellas pero a precio de tres”, ubicado en la esquina de 5 de Mayo y Motolinía.
Hasta allí llega a pie, tres veces por semana, la curadora de arte Mónica Ashida, de 37 años. “El edificio es precioso y es casi imposible encontrar un lugar así de bonito y bien equipado a ese precio”, dice. Ella usa la caminadora, la elíptica y la escaladora, y hace “algo de pesas para fortalecer los músculos”.
Ashida es vecina del Centro, pero la mayoría de los deportistas del área, 80% en promedio, son empleados y trabajadores que se ejercitan antes de iniciar la jornada laboral, durante el descanso para la comida o a la salida. Alejandro Hernández vio en ese contingente una oportunidad de negocio y la aprovechó, junto con cuatro inversionistas más.
Según su estudio de mercado, son poco menos de 50 mil empleados, de los cuales entre 6 mil y 8 mil son jóvenes profesionistas con ingresos considerables, aunque no altos, con intereses culturales y buen gusto. A ellos, y a vecinos como Ashida, está dirigido Urban Fitness; por ahora tiene casi 500 socios.
Urban Fitness está alojado en un edificio Art Decó de 1927, de ambiente sofisticado “como los hay en París o en Nueva York, pero aquí a la salida te puedes echar un taco de suadero”.
A principios de 2009 tenía un crecimiento mensual sostenido de 10% a 15% en inscripciones y 8% en facturación. La inversión, de más de 6 millones de pesos, fue una apuesta por la regeneración de la zona, dice Hernández. “El Centro nos encanta. Lo que le hace falta es que regresen las inversiones reales, con ofertas propositivas”.
Futbol y club de primer mundo, junto al metro Pino SuÁrez
En plena zona oriente del Centro, en Las Cruces y Mesones, el club deportivo Nader reabrió sus puertas enteramente remodelado el pasado 21 de abril. Modernizar sus 15 mil metros cuadrados se llevó tres años y medio y costó 30 millones de pesos. Con un diseño minimalista y capacidad para cinco mil usuarios simultáneos, ya es sede de una liga de futbol, además de ofrecer seis canchas de squash, sección de cardio, de actividades aeróbicas, baños de vapor, área infantil y otras.
Sus cinco canchas de futbol —una 7-7, una para futbol de salón, una 5-5 y dos 3-3— son “el gancho”. Uno más, de acuerdo con Roberto Athié Lajud, gerente Administrativo, es que “por el precio de un gimnasio, ofrecemos un club de primer mundo”.
Fundado en 1963 por el empresario libanés Farid Nader, “fue en los años sesenta un ícono del Centro Histórico, no había otro”. Gracias a un convenio vigente entre 1987 y 1994, el Nader atendió a empleados del entonces Departamento del Distrito Federal (ddf); cuando expiró el convenio, el club perdió su principal fuente de ingresos y sobrevivió magramente.
En su nueva etapa, el Nader espera arrancar con el pie derecho tras haber logrado un acuerdo semejante con el gdf, por el que atenderá a “mandos medios, superiores y a empleados de confianza” que laboren o transiten por el Centro. Los dueños de negocios en el área son otros clientes potenciales.
La reapertura es un homenaje al cariño que Farid Nader, fallecido en 1989, tuvo por el Centro, dice Athié. También es un modo de promover que más gente “viva y trabaje en el Centro”.
“De nicho”
La música es intensa y contagiosa. La duela vibra por las decenas de cuerpos que a ritmo de reggae ejecutan una mezcla de baile y gimnasia frente a un espejo. Es gente joven, vigorosa, de entre 20 y 35 años, que sigue atenta las indicaciones de una curvilínea instructora.
La escena ocurre en Aeróbica, una academia que lleva cuatro meses en Pino Suárez 15, esquina con Venustiano Carranza. “Nos especializamos en capacitar instructores de aerobics, zumba, taebo, bicicleta, escaladora, todo lo que tenga que ver con ejercicio grupal”, dice el dueño, Israel Álvarez. Las mismas actividades se ofrecen al público en general.
Aeróbica es uno de los llamados salones “de nicho” que han aparecido en los últimos ocho años en el Centro. Se especializan en ciertas disciplinas y generalmente carecen de regaderas.
Álvarez eligió ubicarse en el Centro “por la facilidad que tiene el público de llegar aquí. Porque la población viene de toda el área metropolitana, incluso de provincia. Además, está hermoso el Centro”.
Otro ejemplo es la academia Renzo Gracie, que abrió hace tres meses en Vizcaínas Poniente 13, PB. Se especializa en jiu jitsu brasileño y muay thai (boxeo tailandés), y forma parte de una cadena de artes marciales con sucursales en Polanco e Interlomas.
Junto al Monumento a la Revolución, colindando con el Centro, está La Cantera, espacio enfocado a la danza y las artes escénicas. Dirigido “tanto al público general como a bailarines profesionales”, se inauguró el 13 de febrero pasado, informa Carolina Jiménez, directora Ejecutiva.
Además de las clases de Latin cardio y pilates, ofrece danza árabe, salsa, capoeira, ballet o danza contemporánea que, dice Jiménez, “se pueden considerar como una manera de entrenamiento aeróbico que (…) ejercita y embellece el cuerpo de manera armónica”.
Quizás no se nota, pero en el Centro Histórico miles de personas se ejercitan todos los días. Y cada vez son más.
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