En la colonia Centro hay 56 plazas. Km. cero recorrió algunas que por su ubicación, secretos y particularidades, son todo un hallazgo.
Por alonso flores


plaza y templo de la santa veracruz; en esta iglesia yacen los
restos del cÉlebre arquitecto y escultor valenciano manuel tolsÁ
En lo que fue l a Ciudad de los Palacios, entre el mar de concreto, hay islas con árboles, plantas y saltos de agua, con bancas, juegos e historias. En la colonia Centro de la Ciudad de México, 56 plazas conforman un archipiélago de todos tamaños y estructuras. En total, son alrededor de 275,000 metros cuadrados de un espacio público que acoge los cariños de los enamorados, ampara a los asoleados, es comedor para los trabajadores y patio de recreo infantil, salón de lectura, paseo para las mascotas y con frecuencia, dormitorio de indigentes.
    Muestrario histórico de arquitectura pensada para convivir al aire libre —desde el barroco hasta estilos contemporáneos— algunas, además, están cargadas de simbolismo. Más allá de las grandes y conocidas, como la Alameda Central o Santo Domingo, aquí se recorren algunas que por su ubicación, secretos y particularidades, son todo un hallazgo.


en el barrio de La Merced, en una misma calle, seis plazas se suceden, como un rosario. El corredor estÁ siendo remodelado, y los trabajos terminarÁn en el curso de este aÑo.


Joyas escondidas
La Plaza de Tlaxcoaque es la puerta de entrada al Centro desde el sur la ciudad. Es pequeña, y las avenidas que la rodean (20 de Noviembre y Chimalpopoca) la hacen casi inaccesible a pie. Sin embargo, alberga una de las capillas más antiguas de la ciudad. Fue construida en el siglo xvii con piedra volcánica. La Plaza está rodeada por una frondosa vegetación que se puede disfrutar casi en soledad.
    A tres cuadras, en las calles de Bolívar y Netzahualcóyotl, está la plaza de San Salvador El Seco, la más pequeña del Centro. En un resquicio de 234 metros cuadrados, tres bancas, un arbolado tupido y unos juegos infantiles son el disfrute de los vecinos y de los visitantes del templo que le da nombre.
    El templo data del siglo xviii y también es pequeño. La portada es austera, la puerta tiene arco de medio punto, a la izquierda hay una torre con un campanario.
    “Vivo aquí desde 1986”, dice Beatriz Rodríguez, “en uno de los edificios que da a la plaza y desde ese tiempo, cuando tenía 37 años, ya me gustaba salir a tomar el fresco por la tarde”.
    Una pequeña joya, tanto por su historia, su estética y su tranquilidad, como por su entorno arquitectónico, es la Plaza de la Santa Veracruz, en Avenida Hidalgo, frente a la Alameda Central.
    Para llegar a ella, hay que bajar unos escalones. Al poniente, la mirada se encuentra con el templo de San Juan de Dios, y a su lado, el Museo Franz Mayer. Al oriente, inclinado, está el templo de la Santa Veracruz, edificado en 1586, demolido dos siglos después y construido nuevamente en 1764 con el mismo estilo barroco mexicano. En él descansan los restos del arquitecto y escultor valenciano Manuel Tolsá; a un costado, un edificio de principios del siglo xx alberga el Museo Nacional de la Estampa.
    Víctor Carrola tiene 22 años, y al tiempo que hojea un libro, mira los árboles y las tres fuentes en redondel que adornan la plaza. “Vengo seguido aquí a esperar a mi novia, que trabaja en el museo. Este lugar me gusta mucho, tiene la limpieza y la tranquilidad que no me da la Alameda, además la vista en la noche es hermosa. Tiene de todo, museos, la iglesia, y aquí trabaja mi novia”, dice entre risas.

Ombligos de barrios
En el oriente, en el barrio de La Merced, en una misma calle —Talavera, que se convierte en Alhóndiga y luego en Santísima—, como un rosario, seis plazas se suceden: Juan José Baz, mejor conocida como de la Aguilita, Alonso García Bravo, de La Merced, Alhóndiga, Plazuela de la Santísima y Santísima. El corredor está siendo remodelado, y los trabajos terminarán en el curso de este año.
    De ellas, resalta la Juan José Baz, por un mito que han forjado los pobladores del barrio: fue ahí donde los aztecas encontraron el águila posada en un nopal devorando a la serpiente. El nombre original de la plaza fue de la Aguilita; ahí estuvo una escultura que representaba el hecho, y que ahora se encuentra en el Museo Nacional de Historia. En 2007 se colocó una réplica de bronce, de un metro de alto por 1.20m de envergadura, obra del escultor Miguel Ángel Saldaña, para recordar el mito fundacional mexica.
    Patricia Rodríguez, de 40 años, es asidua de la plaza desde hace 15 años. “Me gusta mucho cómo quedó remodelada, ahora sólo es cosa que la sepamos cuidar, porque otra vez las jardineras se están llenando de basura”, dice preocupada.
    En la calle de Loreto, entre Justo Sierra y San Ildefonso, en lo que fue el barrio estudiantil, está la imponente plaza de Loreto. Su existencia está documentada —aunque sin un nombre— desde 1556. Aún no se construían ni el templo barroco de Santa Teresa la Nueva (1715), ni la iglesia neoclásica de Loreto (terminada en 1816), joyas arquitectónicas que ahora la circundan.


fuente de TolsÁ en la Plaza de loreto, y jardineras en la de san juan. son dos de las mÁs bellas plazas del
centro


    En el centro de la plaza y rodeada de árboles, refresca el ambiente desde 1925 una de las fuentes más bellas del Centro. De estilo neoclásico, fue realizada por Tolsá. En el interior del brocal de cantera hay un surtidor de agua ornamentado con sirenas, en el que se apoya un hermoso tazón de bronce.
    Entre semana se encuentra semi abandonada. A vecinos y visitantes les incomoda que sea refugio de indigentes. Alfredo Gómez, quien vive desde hace 50 años en Justo Sierra, dice: “Desde que vivo aquí no le han metido mano. Ahorita no hay indigentes, por eso salí con mi hija Ariel”.
    Sin embargo, recientemente esta plaza florece los domingos, cuando el paseo ciclista toma la ruta del oriente del Centro Histórico. En ese punto se presentan espectáculos escénicos o musicales. Decenas de ciclistas toman allí un respiro, y los niños vecinos juegan en la fuente.
    Por el rumbo de La Lagunilla, Santa Catarina, mártir de Alejandría, tuvo una ermita desde 1536. Frente a ella se formaba una plazuela donde desahogaba una pequeña laguna, correspondiente a una penetración del lago de Texcoco. Éste es el origen de una hermosa plaza algo olvidada, ornamentada con cuatro fuentes y bordeada por edificios de los últimos años de la Colonia.
    Al norte de la plaza, en 1969, se levantó un monumento a la insurgente Leona Vicario, y en el costado oriente están las únicas bases de piedra subsistentes del viejo Paseo de la Cadenas, que bordeaba la Catedral Metropolitana en el siglo xix.
    Otro antiguo barrio, el de la Concepción, o Conchita, como le dicen sus habitantes, también tiene su plaza homónima. Está muy cerca del Eje Central, entre Belisario Domínguez y Perú.
    A la entrada, resalta una fuente circular, pero su elemento más notable es la capilla de la Concepción Cuepopan. De forma octagonal y cubierta por una bóveda, en su origen se dedicó a Santa Lucía y en su fachada, en relieve, se representa a San Francisco.
    Pero ha tenido otros usos. Luego de promulgadas las Leyes de Reforma, la Ciudad la compró por 6 mil pesos a don Silvestre Olguín, para utilizarla como depósito de cadáveres, de ahí que también se le conozca como “La capilla de los muertos”. En el siglo xx fue restaurada y habilitada como biblioteca. Actualmente cerrada, es testigo del sueño de los muchos indigentes que ocupan las bancas, pero también del juego de algunos niños que patean una pelota.
    “Los señores ya no me dan miedo. Mi mamá trabaja por aquí y mientras ella come, yo juego”, dice Agustín Redondo, de 9 años, algo agitado por las correrías.


en la plaza de la solidaridad o plaza del ajedrecista

Nuevos semblantes
Un jardín con plantas de bambú y una escultura del líder socialista Ho Chi Minh sorprenden al paseante en el cruce de 20 de Noviembre y Nezahualcóyotl.
    La plaza se llama de la Libertad de los Pueblos. Fue diseñada por la embajada de Vietnam en México, en honor a quien fuera presidente de la República Democrática de Vietnam de 1954 a 1969, durante la invasión estadounidense.
    Inaugurada el 16 de enero de 2009 como parte de la recuperación de espacios públicos, tiene una forma semicircular y su vegetación da una buena sombra. Gustavo López, de 27 años, aprovecha a media tarde para comerse allí una torta, antes de reanudar su trabajo en un almacén de ropa. “Me gusta aquí, está limpio y tranquilo, un buen lugar para olvidar el ajetreo y el ruido de los carros”, dice.
    Renovada recientemente durante la conversión de la calle Regina en andador cultural, en la esquina con Bolívar se encuentra la plaza de Regina Coeli. Con sus jardineras y altos árboles, así como su fuente seca que hace brotar el agua desde el suelo, y una iluminación especial, se ha convertido en uno de los lugares favoritos de habitantes y paseantes.
    Don Delfino Morgado, de 69 años, reposa allí luego de tocar su guitarra y cantar en bares del Centro. “Yo conocí la zona hace 20 años, estaba descuidada y llena de maleantes; ahora quedó de peluches para descansar, es de las que prefiero en todo el Centro, llega la gente a echar novio y las señoras a platicar. Así como está hasta le cantaría la canción Bonita, de Luis Alcaraz”.
    La historia de esta plaza se remonta a 1533, año en que se fundó el convento que le da nombre y del que persisten el templo, de estilo barroco, y un edificio que alberga al asilo Concepción Béistegui. Se la conocía como Plaza Chiquita de Regina. Para 1868, el regidor del ramo, insistía en que “debía barrerse y regarse todos los días por los aguadores que concurren a la fuente de Regina a sacar agua”.

ALGUNAS PLAZAS EN EL CENTRO HISTÓRICO

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Las mÁs recientes
A las plazas de antaño se han sumado otras en el último cuarto de siglo. La de la Solidaridad es una de ellas. Allí, en un entorno verde, los jaque mate son cosa cotidiana, pues desde las 10 de la mañana y hasta que el sol se oculta, decenas de ajedrecistas compiten o miran competir. Ellos la llaman la Plaza del Ajedrecista.
    “Yo vengo desde hace 10 años y me gusta jugar y conocer gente, el problema es que han puesto rejas en las jardineras, lo que nos impide jugar con comodidad”, señala Luis Palmes, de 36 años, quien estudia una maestría cerca de este lugar.
    Construida en donde estuvo el Hotel Regis hasta el sismo del 19 de septiembre de 1985, en Av. Juárez, entre Dr. Mora y Balderas, se inauguró un año después, en memoria de la solidaridad que mostró la población durante la tragedia. Colinda con la Alameda y con el Museo Mural Diego Rivera, que aloja el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, rescatado del colapsado Hotel Del Prado.
    Más majestuosa, también en Av. Juárez, entre Luis Moya y Marroquí, se inauguró en 2005 la Plaza Juárez. En 27,000 metros cuadrados, alberga la nueva torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Tribunal Superior de Justicia del D. F., el Museo de la Tolerancia, el Hotel Bamer y el templo de Corpus Christi, actual Archivo General de Notarios de la Ciudad de México.
    Es un lugar de transición entre Paseo de la Reforma y los edificios coloniales del Centro. En sus espacios abiertos se encuentra la fuente-escultura País de Volcanes de Vicente Rojo, dedicada al agua —un espejo de agua con más de mil pirámides rojas y una pequeña cascada—. A su alrededor se llevan a cabo exposiciones fotográficas y de escultura, y en uno de los muros que la flanquean se puede apreciar Velocidad, escultura-mosaico mural de David Alfaro Siqueiros.
    Es poco visitada por los habituales del Centro, quienes la ocupan son en su mayoría funcionarios, trabajadores y visitantes de las oficinas aledañas.
    Benjamín Laureano Luna tiene 85 años. Estudió en el Centro hace más de 50 años, y opina que esta plaza “no tiene armonía con la Alameda, con la tradición de las calles. Por otro lado está muy bien que la ocupen para exposiciones, porque la cultura es fundamental para la Nación”.
    Detrás de la Torre Latinoamericana, en los terrenos que ocupara uno de los conventos más grandes del país en los primeros años de la Colonia, fue abierta al público en 2001 la Plaza del Atrio de San Francisco.
    Con el apoyo del museo Soumaya, ha recibido exposiciones de diversa índole, desde esculturas de Rodin y Juan Soriano, hasta intervenciones de arte contemporáneo. Especialmente en ésta, pero también en otras plazas, el disfrute del arte es uno de los usos más contemporáneos del espacio público.
    Como se ve, hay mucho por recorrer y descubrir en las plazas del Centro. Visitarlas es apropiarse de ellas para disfrutarlas y también para cuidarlas, como parte de nuestro patrimonio común.

espacios con sentido humanista
 “En el siglo xvi la ciudad, lo que ahora es el Centro Histórico, fue creada con las tendencias renacentistas de la época, con sentido humanista. Cada dos o tres calles había una plaza para que la gente pudiera descansar, reunirse”, señala el director de Desarrollo Inmobiliario del Fideicomiso del Centro Histórico (fch).
    Recobrar ese sentido humanista es uno de los propósitos de los trabajos que se llevan a cabo en el Centro.
“Primero fueron las calles, luego las fachadas de los edificios, ahora las plazas y los jardines son la tercera etapa de la recuperación del espacio público”, explica el funcionario.
    La plaza de San Juan, diseñada por el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, fue remodelada hace un año a través del Programa de Mejoramiento Barrial diseñado por la Secretaría de Desarrollo Social.
    “Aquí vengo a leer, a platicar con amigos, a jugar con mi perro, o simplemente a descansar. Hace poco más de un año que regresé a vivir al Centro y ahora sí puedo disfrutarlo, sin tanto ruido de los comerciantes, con la posibilidad de caminar por sus calles y disfrutar de esta plaza, que ya no es refugio de indigentes y maleantes”, dice Alejandro Hernández, de 36 años, maestro de secundaria y vecino de la calle Ernesto Pugibet.
    Desde su ventana, él ha visto la transformación: renovación de pisos, instalación de un área de juegos infantiles que pronto se llenó, plantas que florecen e incluso la apertura de un café con mesas al aire libre.
    El papel de los vecinos es fundamental, dice la directora territorial de la Delegación Cuauhtémoc. “Se puede remodelar físicamente una plaza, pero sin la participación de la gente para cuidarla, rápidamente se deterioraría. Porque son importantes para las familias, para los niños, son los únicos espacios que tienen aquí en el Centro para su recreación”, añade.
    Hasta ahora, el fch, con el programa de Reordenación del Espacio Público de la Secretaría de Desarrollo Social federal, ha intervenido las plazas de Regina y la Aguilita. Y están en puerta, junto con el programa Hábitat de la misma Secretaría, las plazas de la Santísima, Loreto y San Ildefonso, la calle de San Jerónimo y el corredor Mariana Rodríguez del Toro. Además de Garibaldi, que ya está en proceso. (A. F.)

Fuentes: González Obregón, Luis, Las Calles de México, Porrúa, México, 1995; Enciclopedia temática de la delegación Cuauhtémoc, ddf, México, 1994; Valle Arizpe, Artemio de, Historia, tradiciones y leyendas de calles de México, Diana, México, 1985; Historia y leyendas de las calles de México, El Libro Español, México, 1951; Dossier la “Aguilita”, en Mambo la Merced, Casa Talavera, Septiembre/Octubre 2005.  


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