
Tru-trú y zurcido invisible, ilusionismo, química, física y ensamblaje, ciencia, historia y algo de poesía. La incesante actividad de restauración, adaptación y reutilización de edificios en el
Centro Histórico es a veces tan compleja que pareciera requerir hasta de las artes circenses. Km.cero ofrece una revisión de ejemplos sobresalientes.

Terraza multiusos del hotel Hampton Inn, en 5 de Febrero. Se inaugurÓ en diciembre de 2008
Tru-trú y zurcido invisible, ilusionismo, química, física y ensamblaje, ciencia, historia y algo de poesía. La incesante actividad de restauración, adaptación y reutilización de edificios en el Centro Histórico es a veces tan compleja que pareciera requerir hasta de las artes circenses.
Intervenir un inmueble o sitio con valor patrimonial es un reto en el que convergen profesionales, científicos y artesanos, quienes interactúan en un complicado balance.
Bajo la idea general de que los inmuebles se ajusten a nuevas necesidades sin afectar la armonía del conjunto histórico, y bajo una regulación que empalma normas internacionales, nacionales y locales, de todos modos las intervenciones efectuadas en el Centro muestran una gama amplia de posturas teóricas y soluciones técnicas. Como resultado, la convivencia entre lo antiguo y lo actual va de lo discreto a lo despampanante.
Para los interesados en temas de restauración, o sólo en mirar los edificios de otra manera,
Km.cero ofrece una revisión de ejemplos sobresalientes, desde el Museo Interactivo de Economía (Mide), quizás la restauración más rigurosa del Centro, hasta el edificio Porrúa, que añadió al paisaje histórico un mirador contemporáneo, respetuoso y disfrutable.

Mosaicos repuestos y originales, en el Exconvento
Betlemitas (MIDE)

más de 20 capas de pintura cubrían el decorado conventual
de betlemitas
La lÓgica del caracol
“Es como los caracoles de mar. Cuando la concha le queda chica, el animalito se sale, busca una más grande que le quede mejor. Y llega uno pequeñito, que vuelve a utilizar la concha vacía”.
Para el director de Desarrollo Inmobiliario del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México (
fch), la reutilización de inmuebles siempre se ha dado y responde a la lógica del caracol.
Pero el que el Centro fuera catalogado como Zona de Monumentos Históricos (1980) y como Patrimonio de la Humanidad (1987), además de darle a esa actividad un sentido especial, implica la sujeción a regulaciones más estrictas a la hora de intervenir, explica el funcionario.
Sin embargo, hay libertad suficiente como para desarrollar planteamientos variados. “Básicamente hay dos visiones. La de ‘no se toque’ (lo antiguo), y la de ‘que se reponga todo nuevo’. Son los dos polos: el reconstructor y el conservador”, dice el funcionario, sobre las confrontaciones teóricas representadas en el Centro. “En medio es donde todos (los profesionales de la restauración) tratamos de navegar”.
Un edificio “con suerte”
Sólo el imponente claustro (patio principal) vale la visita a Tacuba 17, antes convento y hospital de los betlemitas, y ahora sede del Mide. Obra de Lorenzo Rodríguez —autor del Sagrario Metropolitano—, fue concluida en 1768. Su minuciosa restauración se llevó casi 12 años (1993-2005).
“Es un edificio con suerte”, dice el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos del inah.
“Ejemplos de esta tipología arquitectónica del siglo xviii —claustro con arcadas de doble altura y accesorias de taza y plato, es decir, con un local abajo y su vivienda arriba— nada más había dos en la ciudad, éste de los betlemitas y el Colegio de las Vizcaínas”, explica el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos.
Mientras Vizcaínas fue modificado según las modas arquitectónicas, Betlemitas no. En el siglo xix fue dividido, tuvo usos variados y, a principios del xx, la sección del claustro principal fue adaptada para vivienda, pero “sin maltratar la arquitectura original”.
En 1990 el Banco de México logró comprar varias de las propiedades que habían sido parte del conjunto betlemita, para emprender su restauración.

La escalera, un elemento contemporÁneo en la adaptaciÓn
del mide
Un grupo interdisciplinario que incluyó arqueólogos, arquitectos, restauradores e ingenieros, entre otros, decidió retirar los elementos agregados a lo largo del tiempo: muros, tapancos, un corredor exterior en el claustro alto y las más de 20 capas de pintura que cubrían la pintura mural conventual. Además, al rascar el piso, emergieron dos fuentes.
“Sólo desvestimos el edificio, y sale la mejor obra de servicio social (pues era un hospital) de Lorenzo Rodríguez”, afirma el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos, quien supervisó los trabajos.
Así como se reconstruye la osamenta de un dinosaurio a partir de un huesito, vestigios hallados en excavaciones y calas permitieron reconstruir el diseño original de azulejos, pintura mural o detalles labrados en piedra. Con base en ese trabajo, se repuso la decoración, marcando siempre la diferencia entre lo original y lo nuevo. Así, los azulejos nuevos tienen un color ligeramente distinto que los viejos.
La reposición del funcionamiento estructural del edificio fue un acto “de circo y tru-trú”, dice el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos. Mientras se reponía mampostería en la planta baja, se soportaban las cargas de dos pisos más. El equilibrio entre cargas y descargas era muy sensible.
En la sección sur del terreno, que alberga las salas de exhibición del Mide, se concentran las adiciones contemporáneas. Un elevador y una escalera circular casi flotan, pues sus puntos de contacto con el edificio son mínimos. Aditamentos como cédulas, consolas y pantallas, ni lo tocan.
Para el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos, el que haya habido recursos para un rescate tan oneroso fue el colmo de la buena suerte.
La transfiguración del inmueble fue tal que algunos ex habitantes no lo reconocieron: “¿Ustedes pusieron esas columnas?”. “No, estaban ocultas”, se les explicó.
Que se le vea la edad
Si en el ex hospital de los betlemitas se buscó restablecer los valores formales de una joya arquitectónica, en el edificio sede del Centro Cultural de España en México (
cce), en Guatemala 18, la intención fue “dejar ver que es un edificio antiguo”.
Por eso algunas puertas están carcomidas y algunas piezas de cantera lucen melladas, y “donde se tuvieron que reponer piedras, están en bruto”, sin labrar.
Quien habla es nuevamente el director de Desarrollo Inmobiliario del fch, por haber sido el responsable del proyecto de restauración del inmueble. Éste fue construido en un solar que Hernán Cortés entregó a su mayordomo Diego Soto. En el siglo
xviii fue reconstruido y “adquirió una de las mejores fachadas del barroco popular mexicano”, según la memoria de la restauración de 2002.

RestauraciÓn del edificio del hoy Centro Cultural
de EspaÑa, 2002
Los hundimientos del suelo característicos del Centro, la adición de un piso en el siglo
xix, el temblor de 1985 y el descuido, lo dañaron seriamente; durante los preparativos para la restauración estuvo a punto de colapsarse.
Restaurado en un esfuerzo tripartita —
gdf,
inah y Agencia Española de Cooperación Internacional y América Ibérica—, actualmente es un punto neurálgico de la vida cultural y nocturna del Centro.
Según Germán Rostan, jefe de Museografía del cce, “el éxito de este edificio” fue “la correcta aplicación del cristal y el acero” en barandales, escaleras y rampas, por ejemplo, como elementos para integrar una casona del siglo
xviii en el
xxi. Se intentó que estos “pasajes” fueran “limpios” y ganaran luz. El último piso, del
xix, de poco valor estético, fue retirado y en su lugar se instaló una terraza-foro de aspecto ligero gracias a una cubierta de cristal.

Terraza del edificio PorrÚa, una intervenciÓn respetuosa
del entorno
Poner el ejemplo
Considerado de primer orden en el siglo
xix, de estilo neoclásico pero con antecedentes constructivos a partir del siglo
xvi, el edificio marcado con el número 11 de Correo Mayor, tenía que poner el ejemplo. Es la sede de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del inah, “única dependencia federal con autoridad para opinar sobre los monumentos”, dice su titular.
Así, las decisiones se tomaron con base en un estudio cuantitativo y cualitativo de los valores del inmueble, que fue intervenido varias veces, la más reciente entre 1993 y 1997, justamente para albergar la Coordinación.
Para reintegrarle sus características arquitectónicas y proporciones decimonónicas, “se demolieron al norte y sobre las azoteas del segundo nivel las construcciones espurias agregadas en los años cincuentas”, informa un dictamen técnico del
inah. Los aditamentos modernos, como los lienzos de cristal que hacen de muros o de canceles, son desmontables.
En 2008-2009 se clausuraron las accesorias de la fachada y se le restablecieron unas ventanas pequeñas, con base en registros fotográficos de los años veinte.

En la hoy sede de El Colegio Nacional, recuperar el trayecto original a travÉs de los tres patios e inundar de luz, fueron los ejes de la intervenciÓn
Que entre la luz
Los daños al patrimonio causados por sismos han motivado grandes programas de restauración. Así fue después de los de 1973 y 1985.
Entre los proyectos derivados del segundo caso, están dos del arquitecto Teodoro González de León. Uno es la ampliación de las oficinas centrales de Banamex (1986-1988), en la esquina de Palma y Venustiano Carranza, donde el sismo formó un hueco.
Para integrar el nuevo edificio con el contiguo, en el ex palacio de los condes de San Mateo Valparaíso —de 1772, y uno de los mejores ejemplares del barroco mexicano virreinal—, la fachada se ajustó en altura y la esquina se remató “con un cuerpo alto” similar al del palacio.
El ritmo de las ventanas en forma de “H”, típicas de la época virreinal en la Ciudad, se reinterpretó también y se añadió al concreto grano de mármol y arena de tezontle rojo, para armonizar con el monumento en color y textura.
El segundo es la intervención de El Colegio Nacional (1993-1994), ubicado en Luis González Obregón 23. Concebido como un convento por Ignacio de Castera a fines del siglo
xvii, el inmueble cambió de funciones siete veces en 200 años. El Colegio Nacional se alojó en una sección en 1943 y en 1988 lo ocupó totalmente.
González de León lo encontró sombrío y “muy alterado. Más del 40% de los muros había cambiado de posición respecto del plano de 1867 —el único documento existente en el que se ve cómo era el convento”. También aquí se hizo una labor de “destape” para hallar “la esencia de la obra”, escribe González de León, en su ensayo
El edificio de El Colegio Nacional (1994).
Traer luz fue uno de los ejes de la intervención. En las secciones ubicadas en medio de los patios, se instalaron tragaluces y se abrieron huecos “para inundar de luz a la planta baja. En una de ellas se colocaron dos entrepisos de cristal que filtran la luz del tragaluz de la azotea”. Es un área deliciosa, rodeada de plantas y propicia para la lectura, el reposo o la charla.
La doble altura de lo que fuera la cocina conventual, se aprovechó para realizar una de las bibliotecas más acogedoras del Centro.
La corrección del trabajo de las estructuras, una especie de labor de ortopedista, se hizo “con formas y materiales contemporáneos, y en diálogo con las canteras y maderas originales”.
Para González de León, “Fue una tarea compleja y excitante, similar a la de un escritor que traduce un poema de otra época”.

La sede de Banamex, diÁlogo entre lo antiguo y lo
contemporÁneo
Construir sin agredir
El Centro Histórico es un destino turístico de primer orden, pero las visitas suelen ser de entrada por salida. Para retener a los paseantes y ofrecerles mejores experiencias, se están adecuando espacios.
En la esquina de Argentina y Donceles está el edificio Porrúa, sede de la noble casa editora desde 1910. Asentado sobre restos de una pirámide, sufría presiones estructurales; además de corregir ese problema, se reorganizaron los espacios con materiales actuales.
La obra finalizó en 2009 y transformó la azotea en una terraza con una hermosa vista panorámica del ombligo del Centro; allí se instaló el restaurante El Mayor. Se logró construir algo nuevo en un sitio sensible, respetando los valores arquitectónicos del entorno.
A unas cuadras de allí, en el cruce de 5 de Febrero y República de El Salvador, el hotel Hampton Inn and Suites by Hilton del Centro Histórico, ejemplifica una recuperación delicada. El edificio, construido a mediados del siglo
xix, tuvo diversos usos y quedó finalmente abandonado.
La restauración, emprendida por inversionistas locales con la cadena Hilton, se llevó tres años y terminó a fines de 2008, con la adecuación de 108 habitaciones.
“Nuestra idea era preservar la esencia histórica y arquitectónica del edificio y tener un hotel de categoría mundial con todos los servicios y tecnologías modernas”, explica Yeoshua Syrquin, director del desarrollo del proyecto.
Preservar la integridad de la fachada, ornamentada con ajaracas y cantera labrada, el atrio —que ahora ocupa la recepción—, la cancelería y la decoración con mosaicos, fueron algunas de las prioridades en términos de recuperación. Para reponer los mosaicos se elaboraron artesanalmente 12 mil piezas. Como elemento de transición entre lo viejo y lo nuevo, el vitral que domina la entrada al lobby reproduce los principales elementos de la fachada con un colorido de mediados del
xix.
Orgullo de Syrquin es el rescate de la azotea, hoy un espacio multifuncional y “una de las azoteas verdes más hermosas del Centro”.
Otra intervención reciente es la del Hotel de Cortés, situado en Paseo de la Reforma e Hidalgo. La adaptación, concluida en 2009, lo transformó en un hotel boutique que combina el barroco mexicano con un diseño minimalista para las habitaciones y otros espacios como el lounge bar de la azotea, que mira a la Alameda Central.

antes y despuÉs. El vitral dEl Hotel Hampton inn recrea
elementos de la fachada con el colorido del siglo XIX
El arte de zurcir
“La ciudad histórica es como un pedazo de tela. Si se le hace un hoyo, no le voy a poner hilo de acero porque se va a ver horrible y además va a romper lo demás de la trama. ¿Le pongo uno de oro porque me costó carísimo? No, tengo que hallar lo más resistente y lo más parecido, para que se integre al tejido”. El director de Desarrollo Inmobiliario del fch ilustra así la importancia del contexto urbano.
Un ejemplo espléndido de integración al contexto está en la avenida 5 de Mayo y fue obra del arquitecto José Luis Benlliure. Tras los sismos de 1985, se aprovechó para, entre otras cosas, ajustar a la escala del Centro algunas construcciones demasiado altas.
En la esquina con el callejón de La Condesa, Benlliure usó parte de la estructura de un edifico colapsado, y le dio una fachada acorde a la estética de la avenida. A unos metros, en un edificio cuyo terreno tiene forma de L, con una fachada a 5 de Mayo y otra a Bolívar, armonizó cada una con su calle. Como resolver un cubo de Rubick estético.
Casos fallidos son el Teatro Hidalgo y un inmueble del Sindicato de Maestros en la calle de Justo Sierra y Del Carmen. “Fueron hechos sin la sensibilidad adecuada, (…) pero sirven para que esos errores no se repitan”.
Ejemplos recientes de buena integración al Centro, explica, son la torre de la sre, en la Plaza Juárez, y el hotel Sheraton Alameda, situados en avenida Juárez. Ambos, en sus secciones que dan a la calle, se ajustaron a la altura del ex templo de Corpus Christi, la joya colonial que preside ese tramo. Las torres, respetuosamente, se erigieron varios metros adentro.
Sin estridencias
“En el templo de la Enseñanza —Donceles y Argentina—, pon un vaso de agua en la meseta del altar; el agua estará inclinada, porque puse la meseta inclinada”, dice funcionario del
inah sobre su trabajo en ese sitio (1974-1975).
Uno de los prodigios de esa restauración fue colocar algunos elementos “chuecos”, ajustándolos a las deformaciones pasadas y futuras, para que todo parezca derecho. Esta suerte de ilusionismo se ha ejecutado también en Catedral, el Mide o El Colegio Nacional.
Algunas intervenciones valiosas no son forzosamente notorias.
Otro ejemplo es la del edificio llamado De la Covadonga, en Belisario Domínguez 44, cuya fachada de tezontle parece no decir gran cosa sobre la adaptación que se hizo puertas adentro.
Lo que fuera primero un beaterio –lugar de enclaustramiento voluntario—, construido hacia fines del siglo
xvii, y luego una vecindad sobrepoblada, se adaptó en 2005 para realizar 37 viviendas y 6 locales comerciales, y al mismo tiempo recuperar la tipología original de este monumento.
Mediante concurso, la obra se adjudicó al arquitecto Alejandro Suárez Pareyón. Básicamente, se liberó al edifico de los añadidos hechos en los siglos
xvii-xix, con lo que se recuperaron la arquería del enorme patio y su fuente. Para los departamentos se ideó una disposición que le permitiera a la mayoría disfrutar de vista al patio, se construyeron escaleras, y se consolidaron la estructura y la fachada.
Y un inmueble habitacional ubicado en Gante 1, esquina con Madero, fue uno de los primeros intentos de volver sustentable un edificio antiguo. Se hicieron cambios para poder reciclar el agua y ahorrar energía eléctrica —mediante celdas solares—, por ejemplo.
“En este caso la novedad está en mejorar la operación interna del edificio”, explica el
fch. “Las intervenciones no tienen que ser estridentes”.
Bibliografía: Antiguo convento de Betlemitas, Banco de México/Chapa Ediciones, México, 2005; Centro Cultural de España. Rehabilitación de la casa de Guatemala 18, Agencia Española de Cooperación Internacional y América Ibérica, España, 2002; Edificaciones del Banco Nacional de México. Seis virreinales y una contemporánea, Banamex, México, 1988; VII Encuentro Internacional Revitalización de Centros Históricos (memoria), Centro Cultural de España en México, México, 2009; Rafael López Rangel, “José Luis Benlliure, un clásico de la arquitectura contemporánea de México”, en www.rafaellopezrangel.com, consultado el 14/01/2010; Alejandro Suárez Pareyón, Memoria descriptiva de la restauración y rehabilitación de la casa de la Covadonga, documento sin publicar; Teodoro González de León, El edificio de El Colegio Nacional (1994), en www.colegionacional.org.mx, consultado el 14/01/2010.
| ¿CuÁntos metros cuadrados de barroco? |

casa de la Covadonga
“Intervenir un edificio histórico es más difícil de lo que el público en general cree, es más creativo de lo que el gremio de arquitectos piensa y abarca un territorio mucho más amplio que el coto de caza delimitado por las controversias teórico- profesionales”, escribió en la memoria de la restauración del cce, el arquitecto Alfonso Govela, coordinador del proyecto.
De acuerdo con los entrevistados, efectivamente el terreno teórico está minado, y las discusiones sobre qué conservar y qué añadir a un edifico suelen ser difíciles.
Para el director de Desarrollo Inmobiliario del fch, si a veces vemos intervenciones impactantes, alardes que le quitan relevancia a los elementos antiguos, es porque el “ego” del arquitecto prevaleció.
En ese sentido, el dominio del oficio es el antídoto, opina el Coordinador Nacional de Monumentos Históricos. Antes de proceder, dice, el restaurador ha de preguntarse: “¿Cuáles son los verdaderos valores de este edificio? ¿Qué tenemos, qué con valor y qué sin valor? No es según el criterio de Juan o de Pérez, sino aplicando una metodología de restauración debida”.
Se trata de “ponderar en cada inmueble qué estilos contiene y qué valores tiene en función del sitio donde se encuentra”. Ahí ya hay una calificación. Luego, hacer un análisis cuantitativo para saber cuántos metros cuadrados de cada época (barroco, neoclásico, etc.) tiene el edificio; enseguida, el cualitativo: “qué valor tiene cada época para nuestros días”.
Por eso se hace necesario, también, que los equipos de trabajo sean interdisciplinarios, para escuchar diferentes puntos de vista.
Y más allá de lo técnico, está el simbolismo popular. “Todos nos sentimos un poco dueños del Centro”, dice el director de Desarrollo Inmobiliario del fch. “Es lo valioso y lo difícil del Centro. Hay que ver no sólo los intereses del propietario, sino los del que pasa por ahí y dice ‘yo aquí venía con mi abuelita cuando era niño’... Eso le inspira a la gente que tiene derecho de opinar. Y de hecho, híjoles, ¡pues cómo de que no! Todos somos un poquito dueños de estos edificios”. |
| VISÍTELOS |
Mide. Para conocer el proceso de restauración hay una maqueta, visitas guiadas y el video Voces de fuego. Tacuba 17, esq. Bolívar. Metro Allende. Ma-D 9-18hrs. Admisión general, 55 pesos; estudiantes, maestros y tercera edad, 45. Tel.: 5130 4600. Informes y reservaciones de visitas guiadas: 5130 4616. www.mide.org.mx
CCE. Guatemala 18. Metro Zócalo. Tels.: 5521 1925 al 28.
Ma-S 10-23hrs., D 10-16hrs. www.ccemx.org
Coordinación Nacional de Monumentos. Correo Mayor 11,
Metro Zócalo. Tel.: 5542 5663.
Oficinas Centrales de Banamex. Esquina de Palma y Venustiano Carranza. Metro Zócalo.
El Colegio Nacional. Luis González Obregón 23. Metro Zócalo. Tels.: 5789 4330 y 5702 1779.
Edificio Porrúa. República de Argentina 15. Metro Zócalo.
Tel.: 5704 7571. L-S 9-20hrs., D 10-17hrs.
Hotel Hampton Inn. 5 de Febrero 24. Metro Zócalo.
Tel.: 8000 5000. www.hamptonmexicocity.com.
Templo de la Enseñanza. Donceles y Argentina. Metro Zócalo. |