
Cuando se pasa por la esquina de Isabel La Católica y Uruguay, 15 rostros de cantera miran al infinito desde sus pedestales. Otros seis están desdibujados. ¿Quiénes son?, ¿por qué están allí?, se pregunta el paseante.
En el Centro Histórico, varios edificios muestran en sus fachadas rostros de personajes que jugaron algún papel en el rumbo de la historia nacional. Algunos tienen el nombre del homenajeado; la mayoría, no. Unos fueron figurones en su tiempo y no lo son más.
Km.cero revisó las fachadas de seis edificios civiles y uno religioso que tienen retratos de cantera, bronce o mosaico. Se trata de personalidades prehispánicas, de la Colonia y de la Independencia, de la historia, la ciencia y las artes.
En lo posible, se documenta su relación con el edificio donde están: son declaraciones de principios, reflejan la visión de la generación que los situó allí. Nezahualcóyotl figura en dos edificios, no hay una sola mujer ni personajes del siglo xx. Los primeros fueron colocados en 1868; el más reciente, un medallón de Mariano Matamoros, en marzo de 2011.
Las figuras religiosas colocadas en templos no se incluyeron, pues merecen una investigación aparte.

La Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos fue abierta el 4 de noviembre de 1781 en la antigua Casa de Moneda, donde hoy está el Museo Nacional de las Culturas.
Su primer director fue el español Jerónimo Antonio Gil, Tallador Mayor de la Real Casa de Moneda, a quien el Rey Carlos iii encomendó la tarea de fundar una escuela de grabado en hueco para capacitar al personal de la institución. En ese esfuerzo fundacional, Fernando José Mangino, superintendente de la Real Casa, tuvo también un papel sobresaliente.
Al cumplir 10 años, la academia se mudó al edificio que ocupa actualmente el ex Hospital del Amor de Dios, en las calles de Moneda y Academia.
También en 1791 llegó a México el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, para dirigir el departamento de escultura. Vino cargado con una colección de reproducciones en yeso de esculturas europeas famosas. Su huella, tanto en la Academia como en la ciudad es notable. Es autor de obras como el Palacio de Minería y de la escultura conocida como El Caballito.
Hacia mediados del siglo xvii el barroco fue desplazado, en la arquitectura tanto civil como eclesiástica, por el estilo neoclásico.
En 1856 Javier Cavallari, profesor de la Universidad de Palermo, llegó a la Academia para reorganizar la enseñanza de la arquitectura y la ingeniería.
Cavallari, además, reformó el edificio, dotándolo de su aspecto actual: "una construcción de estilo neoclásico con marcada influencia renacentista", de acuerdo con Eduardo Báez Macías en su libro Historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes: antigua Academia de San Carlos, 1781-1910.

La fachada, añade, "se comenzó en 1859 y se terminó en 1868", incluyendo los seis medallones que la decoran, cuatro en la parte baja y dos en el segundo cuerpo.
Los de la parte baja representarían a fundadores de la academia: Jerónimo Antonio Gil (el autor del busto fue Francisco Dumanine); Fernando José Mangino (autor no identificado); Manuel Tolsá (de Felipe Santillán) y, probablemente, Carlos iii (autor no identificado). No se sabe qué medallón corresponde cada quién.
En el segundo cuerpo están —también se desconoce el orden— Rafael Sanzio (de José Tentori) y Miguel Ángel Buonarroti (de Luis Paredes). Ambos fueron figuras cumbre del Renacimiento, corriente con la que comulgaba Cavallari.
Actualmente los dos medallones superiores están separados de la fachada, pues se encuentran en restauración. Los trabajos terminarán "aproximadamente en diciembre del 2011", informó la dirección de la Academia.
En la fachada igualmente, cerca de la esquina con Moneda, hay un nicho donde estuvo una escultura de bronce de San Jorge, de Donatello. La copia fue donada por el gobierno italiano en 1910 para conmemorar el centenario de la Independencia de México. Dañada por los vendedores ambulantes que antes estaban allí, la pieza fue sustituida en 2010 por una réplica de resina.
TLATOANIS
Tocados con tiaras imperiales, vestidos más bien a la europea y modelados con posturas teatrales, los tlatoanis Izcóatl (Serpiente de obsidiana), Nezahualcóyotl (Coyote hambriento) y Totoquihuatzín (Entrada de aves) adornan la fachada del Museo del Ejército y conforman el Jardín de la Triple Alianza, en la calle de Filomeno Mata, casi esquina con Tacuba.
Se trata de tres altorrelieves de bronce de 360cm x 225cm cada uno, realizados por el escultor Jesús F. Contreras entre 1888 y 1889.
Las piezas conmemoran la creación de una confederación militar establecida en 1427 (o 1430) por los tlatoanis de Teochtitlan, Texcoco y Tlacopan, respectivamente. El pacto, conocido como triple Alianza, permitió vencer a los tepanecas y marcó el despegue del imperio mexica.
Según la Enciclopedia temática de la delegación Cuauhtémoc, las esculturas fueron realizadas en París. "Originalmente formaron parte de la colección de doce que adornaron el Pabellón de México en la Exposición Universal de París de 1889".
Después estuvieron en varios lugares: en 1900, en el Museo de Artillería (hoy Ciudadela); a mediados de los años treinta, en un patio del mercado Abelardo L. Rodríguez; en 1940, cuatro piezas se integraron al Monumento a la Raza; en 1992 tres fueron colocadas en el jardín, mientras que en la Raza fueron sustituidas por réplicas.
El grupo escultórico es un ejemplo de la corriente neoindigenista, que en busca de un alma nacional hurgó en el pasado prehispánico como fuente de identidad.
En el jardín se halla asimismo un busto del periodista Filomeno Mata (1845-1911), encarcelado en repetidas ocasiones por el régimen de Porfirio Díaz.
EL SUEÑO DE MOCTEZUMA
"Está en relieve una gran águila que levanta cogido entre sus garras a un indio con su cenal de plumas y airosa garzota, y debajo un trofeo formado por arcos, flechas, hondas, macanas, carcaxes, mazas tamboriles, teponaxtles, flámulas (banderines) mexicanas, y otras armas de los antiguos aborígenes, y en la parte superior se ve un leño encendido".
Así describe el cronista Artemio de Valle-Arizpe un relieve labrado en el muro atrial del templo de San Hipólito, en la esquina de Hidalgo y Zarco.
La escena alude a la leyenda Del labrador, según la cual un águila bajó a las tierras de Coatepec, y sujetó con sus garras a un labrador que allí trabajaba. Lo llevó hasta una cueva donde había una imagen del emperador Moctezuma (según otra variante, era el emperador mismo). Una voz le ordenó que quemara una de las piernas del rey y le aseguró que éste, enfermo de soberbia, no lo sentiría. El labrador obedeció y el emperador de Tenochtitlan ni se inmutó.
"Anda, vuelve al lugar del que fuiste traído y dile a Moctezuma lo que has visto y lo que te mandé hacer; (…) dile que tiene enojado al Dios de lo creado y que él mismo se ha buscado el mal que sobre él ha de venir (la Conquista) y que ya se le acaba su mando y su soberbia…".
El águila regresó al labrador a sus terrenos, y éste se presentó ante el rey y le contó lo sucedido. Moctezuma se alzó la túnica y vio la quemadura, pero en lugar de atender a la advertencia, ordenó el encierro del indio. El labrador murió, y la ciudad también sucumbió.

Seis personajes, como el dramaturgo Manuel Eduardo Gorostiza, en cambio, perdieron los rasgos: la piedra está desleída y apenas queda el vacío de unas cuencas o unos párpados de cantera, o menos.
El singular conjunto escultórico parece custodiar el edificio de la ex Biblioteca Nacional de México (bnm).
Además de mostrar los alcances de la plástica nacional de fines del siglo xix, los 21 bustos de humanistas y artistas mexicanos que adornan la verja constituyen una declaración de principios. Junto con el inmueble y la biblioteca que allí funcionó por casi un siglo, fueron en su momento uno de los gestos con que el Estado mexicano selló la consolidación de la Reforma y la restauración de la República.

De acuerdo con una crónica de Manuel Payno compilada en La Biblioteca Nacional de México. Testimonios y documentos para su historia, se decidió que todos los trabajos fuesen realizados por mexicanos.
Los "jóvenes arquitectos discípulos de la Academia de San Carlos, D. Vicente Heredia y D. Eleuterio Méndez" diseñaron el proyecto. Las obras comenzaron en 1868 y no terminarían sino hasta 1884, debido a tropiezos financieros.
Para quitarle al edificio su aspecto de templo y darle una cara civil, se eliminaron las torres, las capillas se convirtieron en salas especializadas y la nave, en sala mayor de lectura. Se abrieron ventanas para iluminar el recinto y la cúpula se reemplazó por una bóveda. El atrio se convirtió en un jardín bordeado por una verja con herrería y pilastras.
El proyecto contempló la ejecución de una treintena de esculturas de humanistas universales y nacionales, para decorar el interior y el exterior de la Biblioteca. Un grupo de bustos se colocaría en el jardín.
Según una crónica de José María Vigil sobre la inauguración del recinto, la cual se efectuó el 2 de abril de 1884, se colocaron 20 bustos de "ilustres mexicanos" sobre sendas pilastras; otras tres estatuas instaladas en el jardín representaban a Minerva, a la filosofía y a la ciencia. En el interior había 16 esculturas de humanistas occidentales como Homero y Cicerón, al igual que bajorrelieves de Benito Juárez y su Ministro de Justicia, Antonio Martínez de Castro.
Entre los escultores contratados para realizar las tallas están, según la Enciclopedia temática de la delegación Cuauhtémoc, Braulio Contreras, Epitacio Calvo, Miguel Noreña, Juan Islas, Gabriel Guerra y José Bellido. Vigil menciona algunos de ellos, además de otros que nombra sólo por apellido: "Cano, los hermanos Miranda, Fernández, Schultz, Revueltas y Paredes". No se especifica qué piezas realizó cada artista.
Insurgentes no identificados
Catorce bustos, once con traje militar, dos religiosos y un civil decoran el tercer nivel de un edificio marcado con el número 39 de la calle de Palma. Considerado monumento por el decreto presidencial que declaró al Centro zona protegida (1980), el inmueble es un manchón rojo la esquina que forma con 16 de Septiembre.
Hay siete personajes en cada cara del edificio. Los militares —varios con patillas crecidas— recuerdan los retratos de Vicente Guerrero o Agustín de Iturbide. "Estoy casi seguro que son héroes de la independencia", dijo vía correo electrónico el historiador y experto en iconografía Aurelio de los Reyes, consultado por Km. cero. Para el doctor De los Reyes, puede ser que los retratos estén inspirados en las miniaturas de héroes de la Independencia del Museo Nacional de Historia.
También consultada acerca de este edificio, la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del inba contestó: "Destinado desde su origen al uso de servicios (oficinas), resuelto en cuatro niveles, de arquitectura estilo Ecléctico, se estima fue construido ca. 1900".

De acuerdo con un estudio sobre arquitectura doméstica de Vicente Martín Hernández, el Gaona forma parte del movimiento arquitectónico nacionalista, una reacción contra el afrancesamiento porfiriano. La colonia Juárez, y el Paseo de Bucareli en particular, fueron uno de los escenarios de esa confrontación en la que una de las corrientes fue la neocolonial.
El edificio Gaona es un claro ejemplo de arquitectura neocolonial. Su gran fachada de tezontle tiene una "ornamentación barroca, inspirada en la (arquitectura) mexicana del siglo xviii, que para acentuar su carácter tradicional y nacional ostenta las efigies en mosaico de Hernán Cortés y de algunos virreyes", escribe Martín.
Se trata de ocho bustos plasmados en la fachada de Bucareli. Los rostros, trazados en azul cobalto, no dejan de ser solemnes. El o los artistas intentaron diferenciarlos por los rasgos faciales —sin embargo, Antonio de Mendoza y Luis de Velasco parecen gemelos— y vestimentas.
Si se camina en dirección sur-norte —en contrasentido del flujo vehicular— se ve primero a Hernán Cortes, ataviado con armadura. Después, hay siete de los 64 virreyes de Nueva España. Los mosaicos llevan inscrito el nombre de cada uno y el año en que iniciaron su gestión.
Aparecen en orden casi cronológico: "D. Antonio de Mendoza Año 1535"; "D. Ludovicus de Velasco Año 1549"; "D. Garsia Sarmiento Año (1)642" —único retrato incompleto, le faltan cuatro teselas—; "Exmo. S. D. Bernardo de Galvez Año 1785"; "Exmo. S. D. Joseph de Yturrigaray Año 1803"; "(Antonio María de) Bucareli 1772" —quien ordenara la construcción del Paseo homónimo—, y "Exmo. Conde de Revillagigedo Año 1782" —probablemente se refiere al segundo conde de Revillagigedo, Juan Vicente de Güemes Pacheco. Pero su gestión abarcó de 1789 a 1794, lo que indica un error en el mosaico.
Km. cero no ha encontrado información acerca del porqué de esa selección, ni del taller que realizó los retratos. El edificio Gaona ostenta, también en mosaico, una veintena de escudos de armas de ciudades mexicanas, entre ellas Tlaxcala, Morelia y Guadalajara.
La crónica de José Ma. Vigil sobre la inauguración de la Biblioteca Nacional de México (bnm) consigna los nombres de 20 personajes representados por los bustos, sin explicar el porqué de la elección. Las alusiones posteriores al grupo escultórico repiten los nombres de aquella primera lista.
Pero si uno va al lugar, puede ver que hay 21 bustos, y no 20. Diez miran hacia Isabel La Católica y 11 hacia Uruguay. Se ignora si Vigil omitió un nombre —y el error se transmitió hasta nuestros días— o si el personaje 21 fue colocado después de 1884. En todo caso, como ese busto perdió tanto los rasgos faciales como el nombre, no sabemos a quién honraba.Respecto a los otros 20, se recuerda aquí la obra de cada uno. Para identificar los bustos cuyo nombre se borró, nos basamos en el orden que presenta la lista de Vigil.
Partiendo de la esquina, y yendo por República de Uruguay hacia el oriente, están:
NezahualcÓyotl (1402-1472). Es el personaje más antiguo del grupo. El soberano de Texcoco, filósofo y poeta, liberó a Tenochtitlan y a Tlatelolco de los tepanecas, y fue artífice de la Triple Alianza.
Manuel de la PeÑa y PeÑa (1789-1850). Jurisconsulto y político. Como Presidente sustituto en una de las ausencias de Santa Anna (1847-1848), negoció con Estados Unidos el tratado de Guadalupe Hidalgo, bajo el cual México cedió más de dos millones de km2 de su territorio.
Carlos de SigÜenza y GÓngora (1645-1700). Humanista, matemático y astrónomo. En 1692, durante un motín en la Ciudad de México, él y algunos amigos suyos salvaron del fuego los libros del cabildo del archivo del Palacio del Ayuntamiento.
JosÉ A. Alzate (1737-1799). Naturalista. Precursor de la divulgación científica, su revista Gazetas de Literatura registraba el movimiento científico de su tiempo.
JosÉJoaquÍn Pesado (1801-1861). El busto de este político, poeta y periodista está difuminado. Siendo Ministro de Relaciones Exteriores, encaró la primera invasión francesa y declaró la guerra a ese país. Su poesía fue el primer intento por incorporar el legado poético prehispánico a la cultura mexicana.
Leopoldo Río de la Loza (1807-1876). Este modesto botánico y químico farmacéutico ayudó a enfrentar la epidemia de cólera morbus de 1833 y a mejorar las regulaciones sanitarias. Su nombre está borrado en el busto.
Manuel Carpio (1791-1860). Médico y poeta. Tradujo al español Aforismos y pronósticos, de Hipócrates, escribió el libro de educación higiénica Medicina doméstica e integró la primera Academia de Medicina.
JosÉMaría Lafragua (1813-1875). Es triste que su rostro y nombre estén borrados. Miembro eminente del partido liberal, fue un hábil Ministro de Relaciones Exteriores en los gobiernos de Comonfort, de Juárez y de Lerdo de Tejada; dirigió la bnm.
Fray Manuel MartÍnez Navarrete (1786-1809). Lideró al grupo de poetas llamado Arcadia mexicana, que constituyó un gozne entre la poesía de fines del Virreinato y la del México recién independizado.
Mariano Veytia (1718-79). Seudónimo del historiador Mariano Fernández de Echeverría y Veytia. Escribió libros como Historia antigua de México (1836) y Baluartes de México (1820).
Francisco SÁnchez de Tagle (1782-1847). Insurgente y poeta, fue miembro de la Arcadia mexicana y de Los Guadalupes, sociedad secreta de apoyo al movimiento insurgente. Fue uno de los redactores y firmantes del acta de Independencia, en 1821.

Partiendo de la esquina, y yendo por Isabel La Católica hacia el sur, están:
JosÉ B. Couto (1803-1862). Literato, crítico de arte y jurisconsulto. En 1845 fue Ministro de Justicia. Fundador de la nueva Academia de Bellas Artes, trajo a México a Pelegrín Clavé y otros artistas que influirían en la plástica mexicana.
Fray Manuel NÁjera (1803-1853). Aclamado en su tiempo, es considerado el primer lingüista mexicano, estudioso de lenguas como el otomí y el tarasco.
Lucas AlamÁn (1792-1853). Científico, político, historiador y escritor. Férreo conservador en el terreno político, fue muy progresista en el ámbito educativo e industrial: mejoró la Academia de San Carlos, fundó el Banco del Avío y bajo su empeño y prescripciones técnicas, México adoptó el Sistema Métrico Decimal.
Fernando A. IxtlixÓchitl (alrededor de 1570-1648). Descendiente directo del señorío reinante en Texcoco a la llegada de los españoles, recibió educación indígena y occidental. Por encargo de los virreyes redactó Relación histórica de la nación tulteca; más tarde escribió Historia chichimeca.
Fernando RamÍrez (1804-1871). Educador apasionado, político, historiador y arqueólogo. Publicó estudios sobre el Calendario Azteca y sobre Motolinía. Dirigió el Museo Nacional, así como la bnm.
Fernando A. TezozÓmoc (entre 1520 y 1530-después de 1609). Sus obras más conocidas son Crónica mexicana —que va de la salida de Aztlán de los aztecas al inicio de la Conquista— y Crónica mexicáyotl, que describe las genealogías de la nobleza mexica.
Francisco Javier Clavijero (1731-1787). Historiador, educador y naturalista, se dedicó a la docencia, sobre todo con grupos indígenas. Miembro de la Compañía de Jesús, fue expulsado del país en 1768. En Italia escribió Historia antigua de Méjico, obra en 10 volúmenes que amplió la visión europea sobre la cultura mexicana.
Manuel Eduardo Gorostiza (1789-1851). Siendo niño, su familia migró a España. Cuando México se independizó, optó por la ciudadanía mexicana y empezó a servir como diplomático. En 1833 ayudó febrilmente a instaurar las reformas impulsadas por Gómez Farías. Primer director de la bnm, introdujo al país la litografía.
JoaquÍn Cardoso (1802-1878). El rostro de este jurisconsulto, político y literato está difuminado. Como director de la bnm (1860-1880), clasificó y catalogó miles de libros procedentes de antiguos conventos. Botánico apasionado, escribió La herbolaria mejicana y La flora entre los aztecas.
El enigmÁtico Este busto podría corresponder al personaje faltante en la lista de Vigil.

El rostro de Mariano Matamoros tiene las patillas largas y un gesto decidido. Un medallón con un busto en bajo relieve de quien fuera lugarteniente de Morelos, brilla en la fachada de la casa marcada con el número 148 de Venustiano Carranza, en la esquina con Las Cruces. Allí nació, en 1770, y pasó parte de su vida.
Matamoros creció y se formó en lo que ahora se denomina Centro Histórico: fue bautizado en Santa Catarina Mártir, estudió en la Real y Pontificia Universidad de México y en el Seminario Conciliar, y se ordenó como sacerdote en 1796 en la iglesia del Convento de Santa Inés.
Era cura de Jantetelco, en Jonacatepec, Morelos, cuando se inició la guerra de Independencia, con la que simpatizaba. A punto de ser aprehendido escapó y se unió a Morelos en Izúcar, en diciembre de 1811. Por su valentía, disciplina e inteligencia ascendió rápidamente hasta ser lugarteniente del general. En enero de 1814 fue derrotado por Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide, entonces realista. Aun cuando Morelos ofreció entregar a 200 realistas presos a cambio de Matamoros, éste fue fusilado el 3 de febrero. En 1823 se le declaró Benemérito de la Patria. Sus restos están en la columna de la Independencia.
El medallón de bronce que ahora lo recuerda, fue modelado por el escultor Pedro Filiberto Ramírez Ponzanelli, y colocado en marzo de este año por iniciativa de la Autoridad del Centro Histórico.
