
Con casi dos millones de volúmenes en un área de nueve km2, el Centro Histórico es también un territorio de libros. Aquí confluyen 53 bibliotecas (sin considerar las escolares), una decena de archivos históricos y la segunda hemeroteca más completa del país, la de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada.
Ésta es una más de las riquezas poco conocidas del Centro.
Por Sandra Ortega

la biblioteca de mÉxico es la que recibe a mÁs visitantes
en todo el paÍs
Con casi dos millones de volúmenes en un área de nueve km2, el Centro Histórico es también un territorio de libros. Aquí confluyen 53 bibliotecas (sin considerar las escolares), una decena de archivos históricos y la segunda hemeroteca más completa del país, la de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada. Está además la Biblioteca de México, que con más de mil 500 usuarios al día, es la más visitada en todo el territorio nacional.
Ésta es una más de las riquezas poco conocidas del Centro.
Ancianas venerables
y muchachas en flor
Asombro. Eso es lo que causan la cantidad y variedad de volúmenes, la especialización y antigüedad de los fondos y, por supuesto, la magnificencia de algunos de los edificios que las albergan. Las 53 bibliotecas y archivos que integran la Red de Bibliotecas del Centro Histórico muestran, además, grandes contrastes.
Por ejemplo, sólo tres consideran que su acervo es de consulta general, el resto son especializadas.
La biblioteca de consulta general más importante es la Biblioteca de México (con 600 mil volúmenes); la acompaña la de la Cámara de Diputados, en Tacuba 29, con casi 87 mil.

La biblioteca Rogeiro Casas-Alatriste, del Museo
Franz Mayer
Las especializadas resguardan fondos de muy diversas materias, y algunos son de alto grado de especificidad. Los hay sobre ciencia, arte, literatura, fondos conventuales, pedagogía, derecho, relaciones internacionales, exilio español, artes decorativas, arqueología, mexicas y aztecas, estudios agrarios, comunicaciones, banca, finanzas, gastronomía, historia de la medicina o de la Ciudad de México, fotografía, geografía, minería e ingeniería, entre otros.
Las bibliotecas del Centro son en su mayoría públicas —universitarias o de los gobiernos federal o local—, o bien dependientes de fundaciones o fideicomisos –como la de Gastronomía Mexicana de la Fundación Hérdez o la del Museo Franz Mayer.
En casi todas, el acceso a los materiales es gratuito, y las reglas para la consulta, similares: presentar una identificación oficial y, si se requiere acceso a libros o documentos de fondos reservados, una solicitud escrita. En algunas con escaso personal, como la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística o el archivo histórico del Colegio de Vizcaínas, es necesario hacer cita para visitarlas.
Como espacios vivos que son, las bibliotecas aumentan su acervo mediante donaciones y adquisiciones.
Además, no sólo hay bibliotecas venerables por su antigüedad, y otras como muchachas en flor; también las hay recién nacidas e incluso en gestación.
Si en 1534 Fray Juan de Zumárraga inició en la Catedral Metropolitana lo que se considera la primera biblioteca de América, apenas en 2007 el Centro Cultural del México Contemporáneo puso a disposición del público su biblioteca virtual, con un acervo de seis mil materiales –cantidad que se duplicará en 2009. Asimismo, el Centro Cultural de España abrirá el año que viene una biblioteca de siete mil volúmenes sobre gestión cultural, museografía, políticas culturales y cooperación cultural internacional.

biblioteca de el colegio nacional. intervenida por
teodoro gonzÁlez de leÓn
Territorio, obsesiones y voluntades
Para mostrar una selección representativa del territorio de las bibliotecas del Centro,
Km.cero visitó 12 de ellas, y dos archivos. Aquí, algunos hallazgos.
La Biblioteca de México, ubicada en Plaza de la Ciudadela 4, se fundó en 1946, ocupando la mitad del edificio. En 1998, la institución ocupó la totalidad del mismo.
“Tenemos un acervo global de 600 mil ejemplares, incluyendo monografías (libros), fascículos de publicaciones periódicas, discos, películas, bases de datos, mapas, fotografías, libros en sistema braile, etc. En las tres salas de consulta general la estantería es abierta y el usuario puede pedir asesoría para su búsqueda”, informó Eunice Gallegos, subdirectora de Servicios de Información de la Biblioteca.
En 1988 se creó el fondo México, “que reúne una colección sobre México en todos sus aspectos: cultura, historia, arte, literatura, etc. Está dedicado a investigadores a nivel de preparatoria y licenciatura”, continuó Gallegos.
Destaca el área de atención a personas ciegas y débiles visuales; ahí se ofrecen los servicios de lectura en voz alta o el préstamo de unos mil 500 libros escritos en braile.
“Tenemos entre mil y mil 500 usuarios diarios. En este sentido, es la biblioteca más visitada en el país”, aseguró Gallegos.
La Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada (
bmlt) se especializa en historia económica de México. “El fondo histórico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (
shcp) resguarda 10 mil publicaciones oficiales, desde la Colonia hasta hoy, con temas como hacienda, crédito, deuda e impuestos, entre otros. Es una colección completa, continua y muy importante para los que hacen historia económica”, explicó Juan Manuel Herrera, subdirector de Bibliotecas de la Secretaría.
En total, la
bmlt, que celebra su 80 aniversario este 21 de octubre, resguarda alrededor de 200 mil volúmenes distribuidos en varios fondos.
Además, esta institución viene a ser una suerte de biblioteca general de la época colonial —con seis mil volúmenes desde el siglo
xvi hasta 1821—, pues contiene libros que reflejan las prioridades intelectuales novohispanas: filosofía, religión, historia, derecho, literatura y ciencias, muchos de ellos en latín.
Algo similar ocurre con su acervo del siglo
xix, que resguarda decenas de miles de obras históricas, literarias, jurídicas, económicas, políticas y científicas a través de las cuales puede estudiarse no sólo la obra de autores individuales, sino también indagar los principales temas de debate y reconstruir el ambiente de la época.

totalmente renovada, la biblioteca lerdo de tejada
celebra sus 80 aÑos
La historia misma de esta biblioteca tiene como fondo la voluntad institucional y la pasión por los libros de algunos personajes: “En 1927, el secretario de Hacienda, Luis Montes de Oca, muy interesado en los libros, le pidió a don Jesús Silva Herzog y a Francisco Gamoneda un proyecto para reorganizar la biblioteca. Lograron diseñar una institución duradera. Silva Herzog estaba muy interesado en dotar a la Secretaría de un acervo útil a sus funciones, mientras que Gamoneda acentuó la parte histórica y literaria. En muy poco tiempo se convirtió en una biblioteca de enorme valor, y eso fue un acontecimiento cultural”.
Ubicada en el Antiguo Oratorio de San Felipe Neri (en República de El Salvador 49) la biblioteca cuenta con una espléndida fachada barroca; en las salas de lectura, los murales al fresco de Vlady Kibalchic engrandecen las ya de por sí magníficas proporciones del edificio.
La biblioteca Rogeiro Casas-Alatriste, del Museo Franz Mayer, da luz sobre los afanes de un coleccionista acucioso y la relevancia que puede tener una biblioteca personal. Ésta alcanzó los 10 mil volúmenes en vida de su dueño, y luego ha crecido en unos cuatro mil mas.
Mayer, un alemán naturalizado mexicano y amante de las orquídeas, atesoró la gran cantidad de objetos que hoy forman la colección de artes decorativas del museo.
Según Martha Escobar, directora de la biblioteca, “Mayer solía coleccionar también libros sobre las piezas que adquiría, las técnicas con las que se elaboraban, los lugares de donde provenían. Así reunió una biblioteca especializada, pero además un importante acervo antiguo: libros de coro de grandes dimensiones (debían verse a distancia), biblias, misales y documentos manuscritos excepcionales, como las ejecutorias de hidalguía (títulos de nobleza firmados por el rey), mapas y 420 documentos encuadernados en pergamino, provenientes de distintos conventos, 117 de ellos con marca de fuego, así como partituras de los siglos
xvii y
xix”.

sala de consulta en el archivo histÓrico del distrito
federal
Sobresalen también las colecciones de quijotes y de libros de viajeros.
“La de quijotes es una de las más importantes de América. Son 767 ediciones en 18 idiomas, de entre 1605 y 1905. Son de todos los colores y sabores. Está la primera edición que se hizo fuera de la Península Ibérica en 1607 y la primera edición mexicana de 1822; también, ediciones ilustradas por Doré, por Salvador Dalí, por Picasso, entre muchas otras”.
La colección de libros de viajeros —130 volúmenes—, incluye desde textos de la duquesa Calderón de la Barca, hasta el naturalista Alexander von Humboltd.
Además de ofrecer visitas guiadas a su acervo, otro atractivo de la biblioteca es el inmueble que la alberga, construido en el siglo
xviii y situado en la Plaza de la Santa Veracruz, frente a la Alameda.
El Colegio Nacional se creó en 1943, mediante un decreto expedido por el presidente Manuel Ávila Camacho. Esta institución agrupa a 40 miembros vitalicios, que “representan lo más destacado de la cultura nacional en todas las disciplinas”, señaló Fausto Vega, secretario de El Colegio. Esa riqueza intelectual se refleja en la biblioteca.
“Si alguien quiere saber qué se ha pensado en México en el siglo xx, tiene que acudir a los miembros de El Colegio. No están todos los que debieran estar, pero los que están sí son muy representativos”, señaló Vega.
El patio de naranjos de la casona, sede de El Colegio, anuncia la belleza del edifico y especialmente de la biblioteca, que gracias a la intervención del arquitecto Teodoro González de León —miembro de El Colegio—, conjuga la belleza de la arquitectura colonial con la audacia de las formas contemporáneas. Este edificio, ubicado en Luis González Obregón 23, forma parte del antiguo convento y colegio de La Enseñanza, fundado a mediados del siglo
xviii.
“La biblioteca se instaló para recoger la obra de los maestros eméritos miembros de El Colegio Nacional y las obras que hablan sobre ellos. Contiene libros fundamentales de muchas disciplinas: matemáticas, biología, literatura, historia, entre otras. El acervo llega ya a 70 mil libros, que están dispuestos en cuatro espacios en el interior del edificio”.
Los usuarios son principalmente investigadores, aun cuando está abierta al público en general; la visita anual es de más de mil personas.
“También publicamos la obra completa de los miembros, por lo que tenemos hasta ahora una producción de más de 600 volúmenes”, añadió Vega. “Hay algunos muy prolíficos, como Alfonso Reyes, como Miguel León Portilla, como Octavio Paz. Por su naturaleza, esta biblioteca está destinada a seguir creciendo”.

biblioteca del palacio de minería, 500 aÑos de libros
tÉcnicos y cientÍficos
El Ateneo Español de México, A. C. resguarda “la mayor biblioteca del exilio español que existe en el mundo, con seis mil 300 libros, una colección de mil folletos sobre el exilio, la Guerra Civil y la II República Española, y una colección de cinco mil 300 revistas sobre los mismos temas”, informó Belén Santos, bibliotecaria del Ateneo.
El Ateneo, ubicado en Isabel La Católica 97, fue fundado en 1949 por exiliados de la Guerra Civil Española en México. Desde su inicio, con la aportación de los miembros, e investigaciones y folletos editados por la asociación, se fue construyendo el acervo. El poeta León Felipe, socio fundador del Ateneo, fue su bibliotecario.
“Entre los materiales más interesantes de esta biblioteca está la sección de relatos personales, en donde se puede encontrar la Guerra Civil contada por miles de gentes diferentes, o sea, hay una historia oficial de la Guerra Civil, pero estas pequeñas biografías, que son como 700, dan detalles de las muchas guerras civiles que se vivieron”, señaló Santos. Los usuarios son sobre todo estudiosos del exilio. Vienen alrededor de 60 al año y provienen de México y del extranjero.
La biblioteca también se ha enriquecido con estudios y tesis doctorales, publicados por universidades de varios países que documentan el impacto de la inmigración española en México en los órdenes social, científico y cultural.
“Queremos que el Ateneo no sea solamente una biblioteca, sino un centro de intercambio de información y de pensamiento”, concluyó Santos, “un centro de saber y de expresiones plurales con un sentido humano”.
Biblioteca de la Gastronomía Mexicana. Cómo preparaban el pan de rosas las monjas del convento de Santa Teresa la Nueva o cómo se recolectaban y preparaban los chapulines en la época prehispánica son algunas de las cosas que se pueden averiguar en la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, de la Fundación Hérdez.
Esta biblioteca cuenta ya con un acervo de tres mil 200 títulos, un fondo de 88 libros antiguos, y la posibilidad de consultar su catálogo por Internet.
“Detrás de un recetario hay mucho más que una receta, hay una recreación de las costumbres, de la vida cotidiana”, explicó Azucena Suárez de Miguel, directora de la Fundación.
De ahí que los principales usuarios sean estudiantes de gastronomía e investigadores que realizan estudios históricos y antropológicos, aunque también acuden dueños de restaurantes, chefs, amas de casa, curiosos y algunos turistas. En total, hay de dos mil a tres mil visitas al año.
Alojada en un bello edificio de la Plaza del Seminario, en el costado oriente de la Catedral Metropolitana, “esta biblioteca pone a disposición del público títulos no sólo especializados, sino también muy difíciles de conseguir, y de muy altos costos”.

Libros de viajeros en el acervo de la biblioteca del
museo franz mayer
La institución abrió sus puertas en 1997 con poco más de dos mil títulos. Los 88 libros que integran el fondo reservado son del siglo
xix y principios del
xx, y contienen crónicas, recetarios clásicos y remedios caseros.
El Archivo Histórico del Distrito Federal, recién nombrado Carlos Sigüenza y Góngora, guarda la memoria escrita de la Ciudad de México desde 1524 hasta 1928. Son cuatro kilómetros lineales de documentos, ordenados cronológica y alfabéticamente.
Sus dos fondos principales son las actas de cabildo y los documentos del ayuntamiento de ese periodo, informó Carlos Ruiz Abreu, director del recinto.
“Cuando el archivo pasa a esta sede (Chile número 8, en lo que fue el palacio de los condes Heras-Soto) en 1981, llegan otros fondos, como el de las municipalidades (antecedente de las delegaciones), con documentos desde el siglo
xvii hasta 1928. También llega el fondo Gobierno del Distrito Federal, que es la historia del siglo
xix, de 1824 a 1928”.
Otro fondo importante es el de Cárceles, “que tiene un gran número de expedientes de los reos, entre otros documentos, y está integrado por Cárcel de Belén, Cárcel de Lecumberri y Cárcel de El Carmen”. También hay una colección de unos 80 mil planos, desde el siglo
xviii hasta 1970.
“Nuestras principales tareas son identificar, clasificar, organizar y describir los documentos y elaborar instrumentos de consulta”, dijo Ruiz Abreu e hizo notar que, proporcionalmente, la información sobre el siglo
xx es muy poca.
“Es un archivo muy abierto, las restricciones para la consulta son solamente cuando los documentos están en algún proceso técnico ya sea restauración, clasificación o digitalización. Tenemos un promedio de entre 10 y 18 usuarios diarios”.
Incluso para el ocio
La enormidad e importancia del tesoro bibliográfico resguardado en el Centro Histórico, le hace inabarcable sin un sistema especializado que las interrelacione. Por eso la creación de la Red de Bibliotecas del Centro Histórico constituye un hito.
La inquietud germinó en una conversación informal, explica Juan Manuel Herrera, promotor de la Red. “Nos pareció que era muy importante comunicar a las bibliotecas del Centro entre sí. Convocamos a una primera reunión, en junio de 2005. Ahora tenemos identificados e incluidos en el directorio 53 recintos, entre bibliotecas y archivos”.
El objetivo inicial de la Red, explica Herrera, fue compartir información para canalizar correctamente a los usuarios, buscando que los trabajadores de las bibliotecas conozcan los acervos de las demás.
“Otro de los fines es difundir la existencia de las bibliotecas, pues muchas de ellas son importantísimas y muy poco conocidas: Vizcaínas es una fortaleza, el Ateneo Español no tiene letrero. Las bibliotecas son como ostras, cuidan tanto su riqueza que a veces son de difícil acceso”.
Herrera señaló: “La riqueza de las bibliotecas del Centro Histórico revela la historia, pero también un presente sumamente vivo. En muchas de ellas la gente se asoma como a un museo, pero cuando se rompe ese prejuicio, el espacio se usa para consultar una fuente de información, para la investigación, para el disfrute o para el ocio, y todos ellos son usos legítimos de la biblioteca”.
“Es tan vasta la riqueza que para todos es desconocida en mayor o menor medida, pero a la vez es tremendamente interesante y atractiva. En este territorio de libros que es el Centro Histórico, todos somos turistas”.
| mapas, fotografÍas, planos, bitÁcoras... |
Las bibliotecas y archivos del Centro Histórico no sólo resguardan libros y documentos. Hablamos de mapas, fotografías, planos. Veamos algunos ejemplos destacados.
La biblioteca de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística fue creada a la par que la institución el 18 de abril de 1833, por el entonces presidente Valentín Gómez Farías, explicó Virgilio Arias, presidente de la Comisión de Biblioteca de la institución. Ubicada en Justo Sierra 19, tiene un acervo de 400 mil documentos, formado por mapas e investigaciones donados por sus miembros. Entre los alrededor de 8 mil mapas, sobresalen algunos del Imperio Mexica, o uno de 1794, cuando México llegaba desde Panamá hasta Canadá. También hay material estadístico de los siglos xix y xx. La biblioteca está abierta al público, sin embargo es necesario hacer cita.
El Acervo Histórico del Palacio de Minería cuenta con libros y documentos de casi 500 años de antigüedad. “Entre el archivo y la biblioteca con sus correspondientes publicaciones periódicas, fotografías, planos, y tesis que tenemos desde la fundación del Real Seminario de Minas en 1872 hasta 2002, tenemos como 300 mil elementos en total”, señaló Omar Escamilla, responsable del acervo del Palacio, ubicado en Tacuba 5. El material que allí se resguarda tiene un alto grado de especificidad y permite explorar desde la historia de la minería y la ingeniería mexicanas, hasta la del libro. No todo el acervo está disponible al público, por estar el inventario inconcluso.
La biblioteca del Centro de la Imagen, en Plaza de la Ciudadela 2, además de material bibliográfico resguarda un acervo de 3 605 piezas de fotografía, 1 365 piezas de vidrio, una colección de imágenes estereoscópicas de 1850 a 1920, y una diapoteca de 10 mil imágenes de las exposiciones del Centro en los últimos 15 años, informó el responsable, Luis Alberto González. La importante colección de fotografía latinoamericana incluye el material de los premios de fotoperiodismo, las bienales nacionales y las exposiciones de Fotoseptiembre. |
| “Por eso vengo desde Neza” |
Carlos Sánchez, 59 años (Biblioteca de México)
Vengo desde hace tres meses, unas dos veces por semana. Me animé a terminar la preparatoria y aquí encuentro los libros que necesito y puedo estudiar. Me gusta mucho su tranquilidad, su limpieza, la atención del personal. También he pasado a las exposiciones de fotografía. Se me hace una oportunidad de dejar a un lado las telenovelas y el futbol y conocer otras cosas que me permitan progresar.
Guillermo Martínez de la Luz, 20 años (Biblioteca de México)
Estudio en la Facultad de Química de la unam. Vine a consultar algunos libros de mi tema; ni siquiera en mi escuela encontré los que buscaba y aquí sí existen algunos. Sin embargo, para el sistema de búsqueda me gustaría que individualmente pudieras tener acceso a la base de datos, porque los ficheros ya están maltratados.
Ana García Hernández, 22 años (Biblioteca de México)
Estudio informática en la Universidad de Londres. Hoy vine para pasar un rato agradable en el espacio de lectura al aire libre. Sólo se me antojó entrar a leer el periódico. Vengo como una vez al mes, y hoy me interesé por el taller de ajedrez.
José Juan Vergara Gaspar, 34 años (sala para invidentes y débiles visuales, Biblioteca de México)
Vengo desde hace 12 años. Me gusta leer y antes tenía que estudiar derecho, porque fue la licenciatura que realicé en la fes Acatlán. Me gusta la historia, leyendas, incluso la parapsicología. El servicio es bastante bueno, por eso vengo desde Neza, por eso y porque aquí nos reunimos gran parte de los compañeros con los que estuve en el Instituto de Rehabilitación.
Héctor Arciga, 24 años (Archivo Histórico de la Ciudad de México)
Es muy importante poder tener acceso a estos documentos, son fuentes primarias que permiten saber exactamente qué es lo que estaba pasando. Es muy emocionante, aunque es pesado. Yo no tengo formación en paleografía (disciplina que estudia la escritura de los libros y documentos antiguos) y a veces se dificulta la lectura porque, como ahora, hay unos con mejor letra que otros.
Isabel Solano (hemeroteca de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada)
Soy investigadora del Recinto Homenaje a Don Benito Juárez. Estoy investigando sobre el teatro mexicano, antes de Maximiliano. Reviso hemerografía de 1862 y creo que es un privilegio acceder a este material. En la sala hay un ambiente agradable. Es una sensación de grandeza, pues es muy alta y espaciosa.
Elizabeth Trujillo (Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada)
Vengo aquí porque su hemeroteca es muy completa y totalmente gratuita. Estoy revisando anuncios publicitarios de fraccionamientos habitacionales de los años 50 hasta el 2000, para conocer qué inmuebles se estaban vendiendo, cómo se ofrecían, cómo era la idea de la vivienda nueva y cómo se fue transformando. Esto es para una investigación encargada por la embajada francesa.
Leopoldo Guerrero y Alberto Álvarez 13 años (Biblioteca de México)
Vamos en tercero de secundaria en la 114 y venimos a buscar información sobre la matanza de Tlatelolco. Llegamos aquí porque el maestro nos la recomendó.
|
| La digitalizaciÓn y el paraÍso |
Para todo bibliófilo, el paraíso es lo que Jorge Luis Borges imaginó: la biblioteca total. Gracias a las tecnologías de la información, el paraíso ya se ve a la vuelta de la esquina, y las bibliotecas del Centro Histórico, con mayor o menor avance, se están integrando a él.
Todas las instituciones visitadas por Km.cero están en proceso de elaboración de catálogos digitales, la apertura de la consulta en línea y la digitalización de materiales.
Y es que la digitalización “es hoy por hoy el presente y el futuro de las técnicas y prácticas archivísticas y bibliotecológicas”, dijo el doctor Alejandro González, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la unam.
Ahora, ser parte del paraíso no es sencillo, y menos cuando se trata de volúmenes o documentos antiguos.
“Estamos trabajando en la digitalización de documentos, que es selectiva y requiere mucho cuidado, pues muchas veces es necesario desencuadernar los volúmenes para poder digitalizarlos”, explicó Carlos Ruiz Abreu, director del Archivo Histórico del Distrito Federal.
“El tema de la digitalización es complejo, pues para empezar, se necesita un buen catálogo de los documentos, porque si no, estás digitalizando a ciegas. Ahora ya tenemos catalogado prácticamente 80% del material (consultable en CD) del Archivo y con características adecuadas en términos archivísticos.
“Tampoco se puede avanzar sin prever cuestiones como qué tipo de software se va a utilizar, dónde se va a almacenar la información, pues se necesitan discos duros muy grandes”.
Otro tanto pasa en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada.
Como parte de la celebración de su 80 aniversario, inició un vasto proyecto de actualización tecnológica que permitirá la consulta del catálogo en línea, la vinculación con bibliotecas importantes de otros países, y la digitalización de los fondos antiguos —se espera contar para 2012 con 6 millones de imágenes digitalizadas.
Mientras que en la biblioteca del Banco de México hay un aumento progresivo de los servicios y el acervo en línea —en cuanto a publicaciones periódicas, tiene 3 mil títulos en Internet y sólo mil en papel—; la de Gastronomía Mexicana es una de las que ya tienen todo su catálogo en línea, y está desarrollando una base de datos de recetas.
Para González, “con cada nueva tecnología que aparece se suele vaticinar el fin de los libros. Sin embargo, parafraseando al don Juan Tenorio de Zorrilla en su conversación con don Luis Mejía, ‘los muertos que vos matáis gozan de buena salud’.
“Yo veo un futuro muy estimulante. ¿Imagina usted cuando todas las bibliotecas y archivos del mundo estén interconectados y con la totalidad de sus acervos digitalizados? Podrá usted leer desde su casa o su oficina los manuscritos medievales de la Biblioteca Nacional de Francia, o los códices árabes de la de El Escorial, o los códices mexicanos antiguos desde nuestras bibliotecas”.
Bibliófilos del mundo, frótense las manos. |