El próximo 1 de febrero la nueva Intendencia del Centro Histórico, encargada de las tareas de limpia, mantenimiento, cuidado de las áreas verdes y responsable del alumbrado público, iniciará sus labores con el propósito del "lograr que el Centro Histórico luzca cien por ciento limpio".
Por patricia ruvalcaba

El próximo 1º de febrero la nueva Intendencia del Centro Histórico, encargada de las tareas de limpia, mantenimiento, cuidado de las áreas verdes y responsable del alumbrado público, iniciará sus labores con un presupuesto de nueve millones de pesos mensuales y la firme intención de “lograr que el Centro Histórico sea un espacio amable y que luzca cien por ciento limpio”.
    Los nuevos uniformes, diseñados para facilitar el trabajo pesado, están allí, dobladitos. Las barredoras e hidro-lavadoras de última generación están listas para el primer encendido. El personal recién entrenado en técnicas de reparación y restauración de materiales espera su primera orden de trabajo. Las nuevas estrategias de acción están más que repasadas.
    Como se verá, la tarea es colosal, compleja, ruda y sofisticada a la vez. Por eso algunos procedimientos manuales seguirán siendo tan útiles como la alta tecnología; y el empeño de los trabajadores, especie de héroes anónimos, será crucial.
    Sólo falta que alguien se sume al esfuerzo: la ciudadanía.

2009, aÑo experimental
Nueva imagen, mayor eficiencia, especialización, autonomía, tecnologías amigables con el medio ambiente y ampliación de responsabilidades. Todo eso distinguirá a la flamante entidad, dijo a Km.cero el arquitecto Ricardo Jaral Fernández, coordinador Ejecutivo de la Intendencia del Centro Histórico. La ciudadanía apreciará los cambios y se espera que ponga su granito de arena.


Los desperfectos en banquetas, guarniciones y plazas han de ser reparados “sin que se note el parche”. Hay que igualar colores, texturas y otras cualidades, a veces en materiales con siglos de antigÜedad.”.


    La Intendencia se creó en mayo de 2008, con base en estudios realizados entre 2004 y 2007 sobre las características del Centro Histórico en materia de servicios urbanos. Los estudios señalaron la necesidad de un ente autónomo y especializado.
    Adscrita a la Autoridad del Centro Histórico (ach), la Intendencia heredó sus recursos humanos, materiales y financieros de la Dirección del Centro Histórico, que dependía de la Secretaría de Obras y Servicios (sos).
    Desde su creación, y hasta diciembre pasado, además de continuar la rutina de trabajo de su antecesora, la Intendencia se dedicó a probar equipos, realizar sondeos y rediseñar sus estrategias.
    A partir de febrero, de acuerdo con Jaral, se aumentará la frecuencia con que se realizan algunas tareas, pero también se añadirán nuevas funciones, como el seguimiento estadístico del mobiliario urbano. Lo mismo se hará respecto a los “individuos forestales que habitan el espacio público” para conocer su edad, evolución, plagas, tratamientos, etcétera.
    Aun cuando la mayor parte del personal lleva años en servicio, 2009 será un año un tanto “experimental” para la Intendencia, dijo Jaral. Esto se debe a la reestructuración misma y al hecho de que las responsabilidades del área crecerán conforme avance la recuperación del Centro.
    “Asumimos de manera total todo lo nuevo: alumbrado público, banquetas, vialidades, papeleras”. En ese sentido, “todavía no sabemos el tamaño del universo que tendremos que estar atendiendo para finales de 2009, iremos de la mano con los proyectos de la Secretaría de Obras y Servicios”.

Limpia, el Área ojerosa
“Los empleados de la Intendencia son héroes anónimos. Este trabajo nadie lo nota cuando está bien hecho, pero cuando no se hace o no se hace bien, es cuando te preguntas dónde están tus impuestos”, observó Jaral.
    Dividida en cuatro áreas —limpia, mantenimiento, áreas verdes y alumbrado público—, la Intendencia operará con 700 empleados.
    “La limpieza es uno de los rubros más grandes, es la que se atiende con mayor número de personal y de equipo”, explicó Marcos Jacobo Maguey, coordinador Operativo de la Intendencia del Centro Histórico.
    Es además un área que nunca duerme, pues la labor de limpia es continua durante las 24 horas en todo el Centro, mediante tres turnos; de ellos, el de 10 de la noche a 6 de la mañana llega ser muy pesado, sobre todo después de concentraciones masivas que caracterizan a la zona.
    Ambos funcionarios rememoraron una de las pruebas más pesadas a las que han sobrevivido, no sólo el personal de la ahora Intendencia, sino el gdf en conjunto. Fue entre el 14 y el 19 de septiembre de 2006.
    En cuestión de cinco días la plancha del Zócalo acogió y se vació de multitudes sucesivamente: plantón poselectoral de Andrés Manuel López Obrador, ceremonia del Grito, desfile del 16 y, ese mismo día, la primera Convención Nacional Democrática; el 17, informe del Jefe de Gobierno y, el 19, la conmemoración de los sismos de 1985, recordó Jaral. Y entre una y otra actividad, el Zócalo quedó limpísimo.
    En ocasiones como ésa, “nos vemos rebasados”, añadió Maguey; pero siempre se coordinan con la Secretaría de Obras y Servicios, y la Delegación Cuauhtémoc para enfrentar las tareas.

Poco peso, mucho volumen
Para efectos de limpieza, el Centro está dividido en cuatro sectores. De acuerdo con un diagnóstico de 2007, cada uno presenta “un patrón de comportamiento diferente”, que requiere estrategias de trabajo particulares.
    En el sector llamado “zona remodelada” —calles como Madero o 5 de Mayo—, la basura es pequeña y compacta debido al predominio del comercio minorista y las oficinas; allí el barrido manual es menos necesario que en otras partes.
    En cambio, “el comercio en la zona oriente es un poco más popular, donde muchas tiendas pequeñas llegan y se surten, entonces, la basura que se genera es de embalaje, de empaques”, señaló Maguey.
“En un día normal, recolectamos unos 700 metros cúbicos. Y lo manejo en metros cúbicos, porque el tipo de basura que recolectamos no tiene mucho peso, pero sí mucho volumen”.

hidro-lavadoras y escobas de mijo
Más allá de las estrategias por sector, una de orden general será extender este año el uso de nuevos vehículos recolectores de desechos “de carga trasera bicompartida” (con un espacio para desechos orgánicos y otro para inorgánicos). Asimismo, se verán en plazas y banquetas unas hidro-lavadoras que, por primera vez, mediante agua caliente a presión, eliminarán grasa y manchas de manera profunda.
    Diez máquinas quitachicles, con tecnología alemana-holandesa, retirarán cada una mil 500 chicles por cada jornada de ocho horas, mediante un sistema de tres pasos: tres segundos de vapor, para ablandar; dos segundos de exposición a una sustancia química, para quitar las propiedades adherentes, y succión.
    Pero hay tareas tan delicadas que no se pueden hacer sino a la antigüita.
    “El Zócalo se sigue barriendo, en sus 20 mil 800 metros cuadrados, con escoba de mijo”, explicó Jaral. “En la vialidad normal se barre con escoba de vara de perlilla, pero el Zócalo, para mantenerlo escrupulosamente limpio, se sigue barriendo con escoba de mijo, porque con esa escoba se pueden limpiar muy bien las ranuras entre las piedras del piso. Y quienes lo barren traen además un alambrito o una ramita, para meterla en la ranura y aflojar el polvo o basura que hubiera allí”.

Los Picapiedra
No menos minuciosa es la corrección de desperfectos en mobiliario, banquetas, arroyos y fachadas. De cariño, Jaral llama al área de mantenimiento “Los Picapiedra”, ya que la convivencia de materiales nuevos y antiguos en el Centro obliga al detallado casi artesanal.
Concreto hidráulico, piedra natural —mármol y cantera—, piedra artificial y metales, componen la mayoría de los materiales de la infraestructura pública del Centro. Los desperfectos causados por desgaste, vandalismo o accidentes han de ser reparados “sin que se note el parche”. Hay que igualar colores, texturas y otras cualidades, a veces en materiales con siglos de antigüedad.
    Para ello, cuatro cuadrillas de 8 a 10 miembros recibieron entrenamiento a fines del año pasado, informó Arturo Gómez, coordinador de Mantenimiento. Las especialidades: construcción, para reparar banquetas, guarniciones, arroyos vehiculares y plazas; herrería, para jardineras, postes, arriates, accesos al metro; retiro de chicles, y pintura (esta cuadrilla también removerá graffiti).
    Los graffiti a veces no pueden ser removidos por la Intendencia. En algunos casos, en edificios con fachada de mármol o cantera con valor patrimonial, “el inah no nos permite cualquier sistema de limpieza, tenemos que recurrir a la contratación de servicios especiales, con procedimientos autorizados por el inah”, informó Jaral.

“Y las que vengan”
“Nuestra tarea es mantener en óptimas condiciones la red de alumbrado público. Que en la mañana estén apagadas las 3 950 luminarias del Centro Histórico y que en la noche estén encendidas”, explicó Ricardo Rojas, responsable del área de Alumbrado Público.
“Tenemos una eficiencia de 96%, el 100% es difícil porque hay fallas, desde por lluvia, hasta un mal aislamiento”.
    El área también va asumiendo el cuidado de la iluminación “de todas las fachadas que se van arreglando, Santo Domingo, Santísima, Museo Cuevas… y las que vengan. Allí es más fácil porque tienen timer automático”.

Camisolas con pinzas
Aunque 60% de la plantilla laboral de la Intendencia es femenina, sus necesidades específicas, reconoció Jaral, habían sido ignoradas. “La doctora Alejandra Moreno Toscano (Autoridad del Centro Histórico), con el tema de la equidad, nos dio instrucciones de ordenar el diseño de uniformes especiales para las mujeres”, ya que se les daban uniformes de hombre o de tallas que no les correspondían.
    Se realizó una encuesta entre las trabajadoras y varias de ellas asesoraron a un diseñador profesional. El resultado: uniformes con resorte en la cintura para facilitar el ponérselo y quitárselo; bolsillos de parche con tapas y sello de velcro, para guardar con seguridad sus pertenencias, y camisolas con “pinzas para soportar el busto”.
    Darles ropa cómoda a las trabajadoras fue muy relevante, admitió Marcos Maguey. “La mujer hace un trabajo muy a detalle, muy fino, es muy importante para nosotros, porque son muy comprometidas con su trabajo”.

la ciudad mÁs limpia...
Lo más difícil del trabajo de la Intendencia, dijo Jaral sin pestañear, es “que la gente tome conciencia de lo que cuesta mantener el Centro limpio y con sus servicios urbanos al punto. Y no me refiero nada más al costo económico. Sino a la gran cantidad de personas que trabajan en una superficie tan pequeña”.
    Un dato ilustrativo: la tercera parte de las calles del Centro están cubiertas por chicles. Y retirar cada uno cuesta cinco veces lo que cuesta un chicle. De ahí la importancia de que los ciudadanos “asuman su responsabilidad”.
    A final de cuentas, concluyó, “la ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia”.

“a mÍ me gusta mucho barrer, porque hago algo Útil por mi paÍs”

Juan Carlos Carrillo, 28 aÑos. Limpia. 2 aÑos de servicio.
“Hoy me tocó en la plancha (Zócalo), mañana me pueden mandar a una calle o a pintar. Cada día es diferente para nosotros. Lo más pesado es pintar (remover graffiti y a veces pintar encima) porque como usamos thinner o aguarrás, salimos todos mareados. A mí me gusta mucho barrer, porque hago algo útil por mi país”.

Delia HernÁndez, 36 aÑos. Áreas verdes y limpia. 5 aÑos de servicio.
“El trabajo en el jardín nos hace que nos despejemos de nuestras preocupaciones. Y es para que se dé un gusto la gente, porque las plantas nos dan aire, respiración, y más aquí (en el Zócalo) que es puro cemento. Es algo cansado para las rodillas, porque hay que hincarse, y hay gente que nos ve hincadas y nos dicen obscenidades. Pero es el trabajo que nos da de comer y nos gusta hacerlo”.

MarÍa Eugenia MartÍnez, 49 aÑos. Áreas verdes y limpia. 3 aÑos de servicio.
“A las plantas hay que tratarlas como seres vivos, hay que hablarles, yo les platico. Se siente bien padre cuando se dan. A veces paso días después y digo ‘¡ay, mi hijito, todavía está allí’. Porque hay gente que viene aquí (a trabajar a áreas verdes) y no tienen mano. Gracias a Dios, plantas que hemos puesto, se dan”.

Raquel VÁzquez, 29 aÑos. Áreas verdes y limpia. 7 aÑos de servicio.
“Me gusta barrer y entrarle a todo, al jardín, a todo. Cuando hay eventos masivos es agradable cuando todos nos metemos a barrer (al Zócalo o la calle en cuestión), volteamos para atrás y se ve limpio. Nos sentimos orgullosos de nuestro trabajo. También es a veces frustrante, porque no dura, la gente no cuida. A veces nos dicen ‘mugrosos’. Hay gente que también nos da las gracias, pero casi no”.

RamÓn PÉrez, 58 aÑos. Cabo de cuadrilla. Alumbrado. 20 aÑos de servicio.
“Las emergencias más comunes son cuando se apagan circuitos de interconexión (entre 12 a 18 postes de alumbrado), casi siempre por cortocircuitos. Entonces hay una reacción. Nosotros, la base, estamos en Balderas y Artículo 123, llegamos en 10 o 15 minutos al lugar y, dependiendo de lo que sea, se tarda uno de una hora, hasta seis horas en arreglarlo. Lo más difícil es en tiempo de aguas. A veces se complica porque anda uno ahí abajo (en el subsuelo) arreglando el corto y cuidándose de que no lo muerdan las ratas. Ahorita el problema es más en Eje 1, en Tepito, porque se roban el cable. Lo ponemos el lunes y ya para el miércoles ya no está.”


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