
A Luisa Estrada le encanta estudiar en el Centro. Es alumna de primer semestre de la maestría en Arte Urbano de la Academia de San Carlos y no le importa tener que viajar diariamente una hora y media para llegar a sus clases en el antiguo inmueble de la calle de Academia.
“Lo mejor es el edificio. Me gusta cuando es de noche y el patio está iluminado y rodeado de enormes esculturas clásicas; también asomarme por una ventana rota que hay en las escaleras, desde donde se ven los techos de los edificios”, dice, mientras trabaja en un grabado en el que estampa la figura de una singular vaca amarilla.
Ella es una de los más de 11 mil jóvenes que eligieron al Centro como campus, el lugar al que acudirán diariamente, o al menos un par de veces a la semana, mientras duren sus estudios.
Buena parte de la historia académica e intelectual de la Ciudad de México se desarrolló en el Centro Histórico, desde la fundación de la primera universidad de América, en la época colonial, hasta el bullicioso barrio universitario de la primera mitad del siglo xx. La salida de la Universidad Nacional, entre los años cincuenta y setenta, fue de hecho uno de los factores que contribuyeron a que el Centro se despoblara e iniciara un deterioro progresivo.
Pero algo de aquel bullicio estudiantil regresa progresivamente al Centro. No son niños de primaria ni adolescentes de nivel medio, sino estudiantes de nivel superior atraídos por las humanidades o las lenguas.
Del lado de las instituciones de educación superior, seis de las principales, con sede en el Centro, están en proceso de aumentar y/o mejorar su oferta educativa, estimuladas en alguna medida por las mejoras urbanas de la zona.
Razones
Entre los síntomas del interés por afianzar su presencia en el Centro, está el hecho de que tres instituciones iniciarán este año programas de expansión con nuevas licenciaturas, maestrías, diplomados y cursos de idiomas. El Instituto Ortega y Gasset abrió sus puertas apenas en enero.
Por la unam, habla su Secretario General, Sergio Alcocer: “Se están dando los pasos en cuanto a disponer de infraestructura más confiable y fortalecer la vigilancia para que los estudiantes tengan un ambiente propicio. Hay una oportunidad para reafirmar la vocación que tuvo este sitio de enseñanza, de investigación y de cultura”.
Se trata también de una pieza de la política oficial en torno al Centro. Para Inti Muñoz, director General del Fideicomiso Centro Histórico (fch), “es fundamental para la nueva etapa del Centro el que haya una vida académica intensa y cotidiana, con la presencia nutrida de estudiantes y maestros todos los días. Y ésa es una apuesta con la que estamos comprometidos”.
“Vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para impulsar que se abran nuevos espacios y para que haya mayor actividad en los que ya existen”, agrega. “A nosotros nos toca facilitar los trámites y asociarnos con las instituciones para restaurar edificios históricos, colaborar en el desarrollo de los proyectos, destinar recursos y trabajar en la construcción de ideas”.
Ahora, si bien van mejorando las condiciones para recibir a más estudiantes, las propias características de la infraestructura del Centro se prestan más para ciertas actividades. De ahí que, hasta ahora, se note un crecimiento más pronunciado de las áreas de ciencias sociales e idiomas.
Sobre ese particular, Sergio Alcocer comenta: “La unam no desea sobreexplotar los edificios históricos, porque quiere preservar el patrimonio arquitectónico y considera que los inmuebles antiguos no responden a todas las necesidades educativas actuales”.
“Debemos de proteger los edificios y utilizarlos en aquellas modalidades para las que son aptos y no forzar los inmuebles”.
Comunidad estudiantil,
igual a seguridad
La Universidad del Claustro de Sor Juana, fundada en 1979, incrementó este año, con una licenciatura y dos diplomados, la oferta educativa con la que ya atiende a 3 mil 500 estudiantes.
La licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz —que se inicia en agosto y cuyo proceso de selección sigue abierto— “es una propuesta innovadora que hacía falta en el espectro universitario”, explica Roberto Arriola Sariñana, vicerrector de Educación Continua.
También se estrenan dos diplomados: Mediación para los Derechos Humanos (17 de febrero) y Mediación para la Paz (19 de mayo). A éstos pueden ingresar estudiantes desde nivel bachillerato y las inscripciones también están abiertas.
Las autoridades del Claustro están comprometidas con la educación como una forma de mejorar el Centro, señala Arriola. “No es gratuito que el área donde se encuentra la Universidad sea una zona segura. La vida universitaria genera en el entorno cafés, puntos de reunión, librerías y estímulos de carácter cultural muy interesantes y eso hace que la gente vea al Centro como un lugar al que vale la pena venir e interactuar.
“Estar en el Centro para nosotros es un compromiso. Y respondemos volcando todo lo que la Universidad puede dar al entorno con cursos de verano y alfabetización a comunidades indígenas que viven aquí”, asegura.
Aunque, desde su punto de vista, para seguir con el proceso de recuperación hace falta que “la impronta que tenemos en lo que es el corredor San Jerónimo-Regina se vaya expandiendo a otras partes del Centro, que todavía tienen problemas de drogadicción, delincuencia y situaciones no deseables”.
De EspaÑa al Centro
El pasado 12 de enero, con 35 alumnos inscritos, abrió sus puertas el Instituto Ortega y Gasset, en República de Uruguay 70.
El prestigiado Instituto (que ofrece los mismos maestros y planes de estudio que en sus sedes de Madrid y Toledo, España), llegó al Centro como parte de su proceso de expansión internacional, en el que ya suma instalaciones en Argentina y Colombia, así como actividades en República Dominicana, Chile y Perú.
Según Antonio Meza Estrada, Presidente Ejecutivo del Instituto, la importancia de ubicarse en el Centro es estar en el núcleo político y cultural del país. “Para las prácticas de nuestros estudiantes tenemos cerca las sedes de los poderes. El gdf nos invitó a ser parte de la revitalización del Centro y creemos que esto es posible. Además, el establecernos en México nos facilita el intercambio con Estados Unidos”.
El Instituto inició sus actividades con las maestrías en Alta dirección de gobierno y políticas públicas y en Administración del patrimonio cultural. Ambas con reconocimiento de validez en el país ibérico. Las inscripciones son continuas y hasta el cierre de esta edición se habían otorgado 27 de las 50 becas (20 por ciento de la colegiatura) disponibles para los estudiantes.
“Nuestra meta es llegar en dos años a tener 300 alumnos y un doctorado”, dice Meza Estrada. A esta oferta planean añadir en abril una maestría en seguridad pública.
Al grito de ¡Goya!
La unam es la institución que cuenta con más recintos —diez— en el Centro Histórico; en algunos se desarrollan clases y tareas de investigación, otros son reconocidos museos.
La máxima casa de estudios planea fortalecer su oferta de educación continua en lo que respecta a idiomas, cursos, diplomados y capacitación en cómputo.
Por ejemplo, en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina, ubicado en Brasil 33, frente a la Plaza de Santo Domingo, coexisten la Coordinación de Educación Continua de la Facultad de Medicina y un curioso museo de esta ciencia.
Con sus batas blancas, los estudiantes de medicina se apropian del Centro. Los futuros doctores, que ahora cursan el 4º grado, toman lecciones de Historia y filosofía de la medicina en la majestuosa construcción, que esconde los secretos del Tribunal del Santo Oficio. Son alrededor de mil jóvenes, quienes asisten dos veces a la semana.
El doctor Andrés Aranda, maestro de la escuela, cuenta que el Palacio es “el único edificio en el Centro que vincula a los estudiantes de Medicina con su antigua casa, y los llevamos ahí para fortalecer su identidad, para vincularlos con el pasado de su facultad y de su país. En el Centro nació la Universidad, que generó una gran cantidad de cultura y sentó las bases para grandes avances”.
“Estar aquí es una maravilla, porque es poder ver la historia en vivo. No es solamente leerla de los libros. Puedes hablar de dónde estuvo la casa del primer protomédico, en la calle de Venezuela; o podemos ir a ver cómo era la distribución de los hospitales coloniales, como el caso del Museo Franz Mayer, que fue hospital por muchos años”.
En la calle de Academia está el refugio que la unam destina a los artistas: la Academia de San Carlos, antes llamada Real Academia de San Carlos de la Nueva España. Es un lugar mágico, que alberga la División de Estudios de Posgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas.
Olger Arias dejó todo en su natal Costa Rica para perfeccionar su técnica artística en México. Dice que lo hechizó el que Diego Rivera hubiera estado al frente de esta Academia. Lleva año y medio en el taller de grabado. “El Centro de la Ciudad me sirve como inspiración”, revela. Por eso anda con su cámara para todos lados. Siempre esperando encontrar algo entre la gente.
Por su parte, el coordinador de la escuela, Daniel Manzano, piensa que el Centro funciona como catalizador para los procesos visuales, filosóficos y de reflexión histórica de sus alumnos. Dice que el Centro es un espacio de contrastes y que los maestros lo exploran junto con los 270 alumnos matriculados.
Una pequeña fachada, en el número 92 de la calle de Cuba, albergó la Antigua Escuela de Economía. Hoy el recinto es utilizado por la Fundación unam y por el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (cele). A ella asisten cientos de jóvenes a estudiar inglés, alemán, francés y el recién abierto curso de chino.
David Santa Cruz, alumno de sexto grado de inglés, dice que le gusta estudiar en el Centro porque disfruta de la ciudad. “Los sábados, cuando salgo de clases, me doy un paseo, compro cosas, me gusta ver los edificios y todo lo que ocurre en el Zócalo. Para mí es importante regresar a la zona donde mi papá estudió, en la prepa uno, y donde mi tía estudió medicina. La enep Aragón está más cerca de mi casa, pero prefiero estudiar en el Centro, porque allá es más árido. El Centro es más bonito”.
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