

"NiÑos felices"
Nacido en 1943 en Uruguay 128, entre Correo Mayor y Paseo de Yucatán, "donde hoy está la Comercial Mexicana, que entonces eran mercerías y tiendas de ropa interior de los libaneses", don Amador ha dejado sus 65 años de vida en las calles del Centro.
"Éramos los niños más felices del mundo", dice, al remontarse a la calle de Regina, donde estudió la primaria en el desaparecido colegio Peñafiel. A los parques donde jugó trompo, balero y canicas. A los dos cines "dedicados a los niños, que pasaban puras caricaturas". Al Zócalo, "que tenía palmeras y una fuente". Allí, además de los juegos, disfrutó de los desfiles que se organizaban alrededor de la plancha cuando algún deportista "como El Ratón Macías o José Medel ganaban un campeonato".
Celebridades en BolÍvar
El toparse con famosos en las calles es una de las cosas que don Amador extraña.
"Era tan sano el Centro… en Bolívar, entre Uruguay y Venustiano Carranza, había un café que se llamaba El Tupinamba. Allí se hacía un programa de radio a control remoto y entrevistaban a los toreros, los artistas, los futbolistas. Los artistas venían a la calle de Madero a comprar sus alhajas, María Félix venía a comprar sus pieles. ¡Caminando! Bajaba del Cadillac y caminaba. Y tú ibas y los saludabas de mano. O figurones políticos como Jesús Reyes Heroles, o los magistrados, como Jorge Carpizo o artistas como Cuevas, Monsiváis, Enrique Rocha. ¡Aquí andaban!".
"Todo lo hallaba uno aquí. Había una frase: 'Si en el Centro no lo encuentra, es que todavía no se inventa'. ¡Y era cierto!".
Intenso, desbordante, el Centro proveía a residentes y visitantes de todo lo necesario, desde educación y trabajo, hasta abasto, servicios espirituales y de salud, entretenimiento y seguridad.
Presencia juvenil
Don Amador estudió en la secundaria 1, "igual que Jacobo Zabludovsky". De allí salió hablando inglés, francés y griego a fuerza de "reglazos". Gracias a que la unam tenía aquí tres planteles de preparatoria y algunos universitarios, dice, el Centro tenía una fuerte "presencia juvenil" que se divertía "sanamente" en mercados, parques, cines y teatros. "Era un México precioso, porque éramos unos muchachos inocentes, no éramos maldosos, había porristas, no porros".
Además, "teníamos vigilancia. El gendarme de la esquina sabía quién eras, dónde vivías, nos cuidaban. Ahora no conoces a nadie, no te cuida nadie".
Efectos del temblor
"Eran tres clases sociales aquí en el Centro. Los pobres, la clase media y la clase alta", y cada una encontraba una oferta comercial, de servicios y diversión adecuada a sus ingresos, recuerda el entrevistado.
Un ejemplo, los sitios nocturnos con bebida y espectáculo. "Los pobres iban a antros, que eran un chorro de centros feos, tugurios. Los de la clase media que se emborrachaban, pues iban al cabaret. Los de la clase alta, al centro nocturno".
Don Amador considera que el temblor de 1985 detonó el deterioro material y rompió el balance social del Centro Histórico.
"Los de la clase alta migraron a otras colonias, la del Valle, Narvarte, Polanco. Los libaneses se fueron de Correo Mayor. Ahora la clase social de aquí es la altibaja, o los muy ricos o los pobres, la clase media se acabó".
"¡Adiós, mija chula!", dice don Amador a una clienta. La juguería, con 30 años de vida, es una de las seis sucursales de la original, fundada en 1940 por los padres de don Amador en Pino Suárez 18. "Es la más antigua del Centro Histórico", dice. "María Cristina es el nombre de mi mamá".
Testigo de cómo ha evolucionado el ramo, dice que en el pasado la gente "nomás tomaba jugos de naranja y zanahoria y licuados con fresa o chocomil". Ahora que "se curan con jugos", él les ofrece todas las variantes posibles. Su propia buena salud se debe a que es "vicioso de los jugos". Los licuados de leche con limón, o con aguacate o nopal son algunas de sus aportaciones, aunque "no soy doctor, soy juguero", advierte. La especialidad de la casa es el jugo Centro Histórico —papaya, jugo de naranja y fresas—, creado por su madre y bautizado así en el Festival del Centro Histórico de 1992, donde lo sirvieron con tequila.
En su doble condición de residente y negociante empedernido, uno de sus deseos es que "las autoridades no usen el Centro Histórico como botín".
"Esperamos que cuando se vaya Marcelo Ebrard y pase el festejo del bicentenario la recuperación continúe y no vuelvan los ambulantes".