
Está vestido de negro, su cráneo está casi rapado, excepto por una cresta verde, ligera y esponjada que se mese cada tanto. Tiene un tatuaje en cada brazo —un paisaje de Saturno visto desde Titán y una estrella gótica del siglo xiv— y varias perforaciones en la cara. Damián Bassó va del lavabo al tocador, toma peine y tijeras, y empieza a darle a una cabellera una forma que desafía a la ley de la gravedad –“rapados con mechas largas, largos con picos, cortos asimétricos”. O hace un corte más convencional, como “copetes altos y chongos, casquetes y alisados lineales”.
“Mi idea es que un día llegue alguien que quiera terminar
con su pasado de contador y cambie totalmente de
estilo. De ropa, de peinado y de piel”.
damiÁn bassÓ
Estilista
Amable y divertido, Damián cuenta, mientras trabaja: “Mis clientes pueden ser de las mismas personas con las que me reúno (darks, del llamado “movimiento oscuro”) o chavas que quieren cambios, mucha gente gay, turistas nacionales y extranjeros, señoras que viven o trabajan por aquí y piden su copete o su chonguito; gente del barrio de Santo Domingo o comerciantes de Tepito, indígenas, cholos, punks, de todo”.
Es la gente que camina por el Zócalo, Monte de Piedad o la Plaza del Empedradillo, la misma que Damián ve a diario desde los balcones de su estética Vissu Total, en el tercer piso del edificio ubicado en Guatemala 2, esquina con Brasil.
Cortes de pelo con filosofía
Pero Vissu Total es además estudio de tatuajes y boutique. Un versátil Damián realiza los tatuajes, y diseña y confecciona la ropa. “Por eso se llama Vissu Total (de bissu, en el argot de la moda, cambio de aspecto), y Total porque mi idea es que un día llegue una persona que quiera terminar con su pasado de contador y cambie totalmente de estilo. De ropa, de peinado y de piel”.
El concepto busca promover el respeto a la diversidad. “Lo veo como una manera de ayudar a que la óptica de la gente cambie. A fuerza de ver muchos estilos raros a lo mejor se acostumbran y pueden cambiar su manera de pensar”.
Por algo su local ostenta la bandera del arcoíris.
Luego, con música electro pop de fondo, aclara: “a mí me han llegado a decir punk, pero ni al caso, me gustan cosas del movimiento oscuro, como la música o la forma de vestir, pero entran en conflicto con el resto de mis gustos. Por eso creo en la diversidad”.
Los pedidos son variados: “un alisado en la mañana, un corte más moderno por la tarde, una cresta después, así que tienes que usar todo lo que sabes y hasta inventar para darle gusto a todas y a todos”. En promedio hace seis cortes al día, pero los sábados pueden ser hasta 14, así como uno o dos tatuajes al día. De repente, alguien se lleva una prenda.
Damián nació en Cuernavaca, Morelos, de donde llegó a los 25 años, en 1995. En 2004, dejó su trabajo en una sex shop y montó su primera estética en Venustiano Carranza, y en 2007 se mudó a Guatemala. Su especialidad son las crestas.
“Las hago de todo tipo, me puedo tardar entre 15 y 45 minutos. Crestas a la espalda, normales, una misma partida en dos, de minas (que son puros picos), góticas con algo de copete, combinadas, las punk, muy alisadas.... Muchas también las tiño, ahorita las de temporada son las rojas y moradas..., aquí se las hacemos bien, con la técnica de mucho spray, mucho crepé. Y ni modo, que se aguanten los jalones”.
Lo feo es lo que le disgusta a cada quien
En la estética ha aprendido que “la verdad absoluta no la tiene nadie..., nada es feo, sólo está en lo que le disgusta a cada quien”.
“Por ejemplo”, cuenta, “una tarde llegaron dos monjas..., la que tenía el cabello largo se dio ‘un lujito’, se hizo un peinado de capas que estaba en una revista. Y aunque antes de salir se tuvo que ponerse su toca, finalmente cambió”.
En otra ocasión llegó una indígena con su hijo. “Me dijo: ‘no le cortes feo como a esos niños que les dejan los pelos parados, mejor así’. Era un peinado de jícara. Imagínate, otra mamá me hubiera destruido el local.
“Ésa es una de las cosas buenas que ahora pasan en el Centro, es más fácil que la gente venga, es un lugar más amigable. Además, para mí sigue siendo el centro del país, el ombligo del mundo, como decían los aztecas”.
Sin embargo, agrega, “veo una tendencia a que desaparezcan los lugares de tradición como las cantinas. No me gustaría que estos cambios lleven a construir un Centro escenográfico y pongan sólo lugares lindos. Sería muy triste, mejor me iría al centro... de Cuajimalapa”.
Vissu Total. L-V 12-10hrs.,
S 12-17hrs. Corte: $90 pesos.