Por patricia ruvalcaba



corazÓn de fuego y sus hijas darketela (al frente) y
corazÓn de fuego jr.
La vocación de súper heroína de Esperanza Valdez Velasco, mejor conocida como Corazón de Fuego, germinó cuando tenía unos cinco años, ante las películas de luchadores y las funciones de lucha libre a que la llevaba su mamá.
    “Ver al bien y al mal enfrentándose, ver a esos súper héroes no en un cómic, como un Supermán, o sea inexistentes, sino verlos de carne y hueso, me fascinaba”, dice, con ese brillo en la mirada que sólo dan los recuerdos queridos.
    Valdez, quien ostenta desde 2005 el campeonato intercontinental por la Confederación Internacional de Lucha, cuenta cómo en tiempos en que no era “bien visto” que una mujer subiera al ring, ella decidió hacerlo, costara lo que costara.

“¿con quiÉn te pongo?”
Tepiteña de pura cepa, pues nació y ha vivido sus 35 años en el “barrio bravo”, Corazón de Fuego es bajita, fuerte y maternal. No vacila al hablar: ha reflexionado y parece que en su vida todo tiene un porqué.
    Si muy tiernita sintió el deseo de ser luchadora, también entendió que no era su momento: “había el mito de que las mujeres no eran bien vistas, podían lastimarse, no tener bebés”, recuerda. Hija menor de una familia humilde, en la adolescencia dejó la escuela para trabajar, luego se casó y tuvo cuatro hijos.

corazÓn de fuego, porque soy muy romÁntica, me
gustan los versos y los boleros, y de fuego, porque en el ring uno se prende”.
                          
                         
corazÓn de fuego                                               luchadora


    En 1993, al separarse de su esposo, supo que ya era hora y se presentó en el gimnasio Ham Lee, en San Simón. “Aquí no vale tu condición de mujer”, fue lo primero que le advirtió el entrenador. Era la única mujer en un grupo de 25 aspirantes a luchadores.
¿Cómo una madre soltera con cuatro niños decide empezar una carrera dominada por varones?, se le pregunta. “Tanta era mi hambre de hacerlo”, dice.
    Su vida estaba dividida entre su trabajo como comerciante, sus hijos y un entrenamiento de tres horas diarias, que realizaba por las noches. Y si bien “hay compañeritos que dicen que la mujer que no es para esto”, hay otros que apoyan.
    Año y medio después, el 16 de septiembre de 1995, debutó profesionalmente. Aún no había suficientes luchadoras y el empresario le decía “¿qué hago, contra quién te pongo?”. “Pónme con quien sea”, respondió ella.
    “Me tocó trabajar contra hombres. No me fue muy bien, pero me di el gusto”.
    En sus inicios, más o menos diez por ciento de los luchadores eran mujeres; ahora, son como 35 por ciento, así que hoy Corazón de Fuego lucha con y contra hombres y mujeres, incluso en relevos mixtos.

“romÁntica y recia”
El luchar con y contra varones la hizo “recia”. Empezó su carrera en el bando rudo, y así ganó en 2000 el campeonato de Ecatepec.
    Pero hace ocho años, Corazón de Fuego –“corazón, porque soy muy romántica, me gustan los corazones, los boleros, los versos; y fuego, porque allí arriba (en el ring) uno se prende”–, se volvió técnica a petición del público. “Me decían que me querían de niña buena”, dice.
    No descarta la inventiva en el ring, pero se inclina por lo clásico, “el llaveo y el contrallaveo”, aplicar “llaves bonitas como la tapatía, la gory especial, la urracarrana”.
    La lucha libre, asegura, es una ocupación “sacrificada, pero hermosa”, caracterizada por el compañerismo. “Somos como una familia y, por más pique que tengas, no vas a dejar de tenderle la mano a un contrincante que se ve mal o está lesionado”.

familia de luchadores
“Para bien o para mal, la familia está dividida entre rudos y técnicos”, dice Corazón de Fuego. Y es que todos sus hijos siguieron sus pasos. Son Darketela—ante quien ya defendió su cetro una vez—, Batman del Futuro, Chamaco de Fuego, su hijo adoptivo El Acertijo y Corazón de Fuego Jr., la menor.
    “Las luchas más bonitas son cuando comparto el ring con alguno de mis hijos. Me siento muy orgullosa porque veo que he hecho un buen trabajo profesional: saben defenderse y dar un buen trabajo, para que la gente se los reconozca”.
    ¿Cómo tepiteña, se siente del Centro? “Sí, Tepito es parte del Centro, ¡estamos en los mapas! Y compartimos las mismas raíces, la misma tradición.
    “Lo que pasa es que aunque Tepito esté lleno de gente trabajadora, sólo se habla de lo malo. Entonces, por sobrevivencia, como que nos aislamos más. Yo me siento del Centro. Allí tengo amistades, voy de compras y a las exposiciones”.
    “Me gusta invitar a la gente a Tepito, para que conozca lo bueno. Hay gente mala, no lo voy a ocultar, pero también hay gente neta que, cuando brindamos nuestra amistad, lo hacemos sin límites. Yo soy de Tepito y orgullosamente puedo decir que mi único vicio es la lucha libre”.
    Con una carrera hecha, Corazón de Fuego dedica ahora parte de su tiempo a formar a niños y jóvenes en el deportivo Morelos, en Tepito. A ellos les recita su credo: “un sueño que tengan, no lo dejen a medias, realícenlo. Porque es la vida de uno”.

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