

“Cada domingo”
Hace unos 16 años, doña Esther estrenó pasión: la historia de la Ciudad de México. Empezó a leer y coleccionar libros y revistas sobre ese tópico.
“Mi primer libro fue Inquisición y crímenes, de Artemio de Valle Arizpe”. Luego, Historia, tradiciones y leyendas de las calles de México, del mismo autor. “Es mi cronista favorito”, dice con devoción.
Su vida cambió hace 10 años, cuando fue a una de las visitas guiadas que desde hace dos décadas organiza la Secretaría de Cultura del gdf y que recorren sitios de interés. “Ya de ahí, fui cada domingo”.
Durante dos años, fue una paseante más. Luego, se le ocurrió sacar fotocopias de artículos relacionados con la jornada siguiente, para regalárselas a sus compañeros, pues solían quedarse con dudas. Prendidas con una grapa, ella les llama “mis hojitas”. Al principio las obsequió, luego empezó a venderlas a peso. “Después les subí a 3, 4, y ahora las doy a 5 pesos”.
Un día alguien le encargó un libro. El fin de semana siguiente, ella lo entregó, y ganó un porcentaje. Los encargos se multiplicaron, y desde hace ocho años son el modo de vida de quien antes había sido “ama de casa nada más”.
“Me encanta cuando encuentro lo que me encargan. Es un reto”, dice. Sus afanosas búsquedas la llevan a las casas editoriales, al Arzobispado o las ferias de libros —le hacen descuentos de 20% a 30% sobre el precio de portada, ése es su margen de ganancia. En Donceles, “son re careros y sólo me hacen el 10%, pero son muy amables. Ésa es mi calle”.
“Trato de dejarles los libros al precio que es (de portada). se los doy segÚn el trabajo que me costÓ hallarlos”.
Esther salazar Buchan
librera independiente
SegÚn el trabajo que cueste
“Mis clientes me estiman bastante. Somos como una familia”, dice doña Esther. “Me pusieron La señorita Porrúa (en alusión a la casa editorial) y fíjese, a Porrúa no le compro mucho”.
Los domingos, doña Esther llega media hora antes de que empiece la visita guiada. Se suma al recorrido y a la menor oportunidad, hace su tendido de libros y revistas. Le compran las “hojitas” del día, y recibe o entrega encargos. Los grupos llegan a ser de 400 personas; de las que unas 200 son sus clientes. Aún así, “No llevo cuentas ni registro. Soy empírica”, dice entre risas.
Entre lo más vendido están La güera Rodríguez e Historia, tradiciones y leyendas… (ambas de Valle Arizpe), revistas y novelas “de mujeres clásicas, como Tina Modotti”. Los precios van de 20 a 600 pesos, según el interés del lector, y no es raro que los pagos se den en dos partes.
“Yo trato de dejárselos al precio que es (de portada). Pero como les digo, se los doy según el trabajo que me costó hallarlos”.
“Es como un vicio”
“Este trabajo no cualquiera lo puede hacer”, dice orgullosa La señorita Porrúa. “Usted puede ir a un museo, pero no siempre hay la información que se necesita. Hay que saber hallarla”.
Sin embargo, hace más de un año que se nota una baja en la lectura. “Ahora más bien quieren videos: documentales, de santos, de la vida de Lutero y así”. Y películas, “sobre todo viejitas, porque les gusta recordar”. Por ahí está creciendo su negocio.
Desde que se retiró al comercio informal del perímetro A del Centro Histórico, a doña Esther se le ha dificultado extender sus libros, así que trata de hacer sus operaciones rápidamente. “Yo acato, son estipulaciones que da el gobierno y se tienen que cumplir”.
Doña Esther sólo descansa un mes entre enero y diciembre, y sabe que el peso puede llegar a hacerle daño. “No debo cargar tanto, pero es que es como un vicio, ¡quisiera traerles todo lo que tengo!”.
Separada, abuela de dos nietos y madre de dos hijos, a éstos “les gusta lo que hago, porque les he demostrado que me sé valer por mí misma”.
Doña Esther luce contenta. Y cuando no, tiene un antídoto. “Cuando me siento depre, me vengo a Donceles a comprar mis libros, ¡y ya!”.