
“Como el marido cornudo…”
Habitante del Centro desde niño, a los 17 años ya había escrito su primera novela, Basural de pasiones, al tiempo que se ganaba la vida escribiendo oficios y cartas de amor en los portales de Santo Domingo, a unos pasos de un cuarto amueblado que alquilaba en la calle Leandro Valle.
“Tenía 38 años, mis hijos ya estaban grandes y ya no apremiaba tanto la necesidad en casa, más que la de escribir, y entonces volví a la literatura”, relata sereno.
Armó “un librito de cinco cuentos llamado Cuentos de Sexo”, que regalaba a los amigos y que envió a un grupo de periodistas. “Fue cuando recibí la respuesta que vendría a marcarme para siempre. La de Jacobo Zabludovsky. Cuando fui a verlo me dijo que mis cuentos lo habían sorprendido, emocionado y conmovido, que eran de gran calidad y que quería apadrinarme”.
Con la recomendación del periodista, Flores fue a ver al presidente de la editorial Diana, José Muñoz Cota, que ya le tenía preparado un contrato. El escritor cedería sus derechos de autor por cinco años y la editorial publicaría al menos 12 mil ejemplares de un libro de cuentos. Su pago sería un porcentaje de las ventas del libro.
"En cinco aÑos he vendido mÁs de 15 mil ejemplares y parece que ahora sÍ me
estoy volviendo
famoso".
Carlos FLORES
ESCRITOR
“Terminó el plazo del contrato. Diana no había hecho ni un libro? me pedían que los esperara cinco años más? Esa respuesta fue traumática, por no decir que hice un berrinche entripado? y yo, inflamado del ego luego de recibir el premio Max Aub, por La pulga en la oreja, decidí ponerme en huelga de hambre durante la Feria Metropolitana del Libro que se realizó en 1988 en el pasaje Zócalo-Pino Suárez”.
La respuesta no llegaba. Entonces anunció que se amputaría el dedo meñique de la mano izquierda, y se lo comería guisado a la mexicana, dice un poco en broma. Con esa amenaza, y luego de seis días de huelga, Diana decidió negociar.
Lo indemnizaron con 60 millones de pesos de aquellos tiempos, pero en realidad había perdido. “Pasé 10 años tocando puertas de otras editoriales y bajo muchos pretextos siempre rechazaron mis cuentos. Estaba haciendo el ridículo, porque me pasó lo que al marido cornudo, fui el último en enterarme de que estaba vetado”, explica con ese sabor amargo que deja un mal recuerdo.
El sello Patito Feo
Fueron 10 años sin escribir. “Volví a los portales de Santo Domingo, siempre ha sido para mí el refugio cuando las cosas se ponen difíciles”. En una imprenta que había montado hacia los 30 años, realizaba trabajos de mecanografía e impresión.
En 2002, tras leer a un crítico literario que escribió sobre él en el periódico Unomásuno, decidió publicar en su imprenta su primer libro, Estela y la sangre, bajo el sello Patito Feo.
Flores ha publicado tres libros de cuentos –Estela y la sangre, Cuentos de sexo y Estos cuentos baratos–, y una obra de teatro, Los cerdos no sudan. “En cinco años he vendido más de 15 mil ejemplares y parece que ahora sí me estoy volviendo famoso”, dice divertido, recuperado ya de “la depresión literaria”.
En algunos relatos recrea la vida del Centro, como en La piel de Cursio Malaparte, en el que un alcohólico vende a su hijo para conseguir alcohol y drogas. Basado en “un teporochito al que sus amigos le ponían alcohol en el ombligo, y que me contó su historia”, se publicó junto con obras de Óscar de la Borbolla y José Agustín, en la antología De surcos como trazos, como letras (Conaculta, 1992).
Para Flores, el Centro, además de ser un “coto de caza, es donde me gano el pan todos los días. Me alimenta física y culturalmente. Para mí siempre será el corazón de la Ciudad y del país, el lugar más hermoso y vital de la Ciudad”. De hecho, tiene casi lista una novela titulada De pelos, que evoca la cotidianidad y a personajes de la zona.
“Mi trabajo literario me da la oportunidad de vivir, de ganar notoriedad e incluso cierto respeto entre críticos.
“Eso me hace pensar que no es tan malo como lo he visto en muchas ocasiones, y a lo mejor vale la pena seguir haciendo esto por el resto de mi vida”.